Revista con la A

25 de noviembre de 2022
Número coordinado por:
Laura Alonso
84

Mujeres por la paz en tiempos de guerras

Masculinidad y violencia

Antonio Cíntora

Antonio Cíntora

Antonio Cíntora es coordinador del Laboratorio de las Masculinidades de la Universidad Autónoma Metropolitana- Iztapalapa en la Ciudad de México, instancia que trabaja con hombres que quieren modificar sus violencias machistas. Con la A conversó con él para este número.

Con la A:  Tienes una larga experiencia dando talleres sobre masculinidad. ¿Qué aspectos del tema son los más importantes para ti? ¿Qué es hablar de masculinidades?

AC: Desde que empecé a trabajar con grupos temas sobre sensibilización a la violencia de género, me di cuenta que siempre aparecían hombres con un grado importante de molestia o resentimiento hacia las mujeres y sobre diversos temas y, sobre todo, cuando explicábamos la violencia de género. Por ello, me di a la tarea de privilegiar espacios para hombres que fomentaran el entendimiento del problema y tratar, en la medida de lo posible, que asumieran por lo menos un compromiso a favor de la igualdad sustantiva, y justo ese tema, el que se comprometan con la igualdad, considero que ha sido uno de los más importantes de tratar.

Por un lado, trabajamos desde encuadres de cultura de paz y buen trato, y cuando los hombres tienen más claro sus relaciones con el maltrato y los ejercicios de violencia que han llevado a cabo suelen sorprenderse y tratar de justificarse diciendo que la violencia es parte de las relaciones sociales a través de la historia, o que nunca se va a poder transformar y que la igualdad no es posible en las relaciones, entre otras. En este sentido, podríamos decir que hablar de masculinidades, en este contexto, es analizar cómo han reaccionado a los mandatos de género para los hombres en su infancia, adolescencia y adultez, y al mismo tiempo reflexionar sobre sus capacidades, tanto emocionales como afectivas, para trascender esos mandatos y modificar patrones de comportamiento socialmente aprendidos que normalizan el uso de la violencia hacia ellos mismos y hacia sus relaciones humanas afectivas.

Con la A: En México y en otros países se habla de una masculinidad hegemónica ligada a la afirmación de la violencia, la fuerza y el riesgo como parte de la identidad de género, ¿Cómo ves y analizas tú esta conexión?

AC: Es un tema muy importante, pues si bien el concepto acuñado por Rawyn Connell presenta problemas serios en los análisis y limitaciones importantes, ya que, como la propia autora ha mencionado, ningún hombre concreto podría alcanzar ese proyecto hegemónico, el concepto ayuda a ubicar prácticas humanas relacionales donde las jerarquías, ya sean de tipo social, económico, racial, etario, entre otras, y las necesidades de dominio y control funcionan como mecanismos sociales que oprimen diversas existencias no hegemónicas y provocan comportamientos abusivos. En ese sentido, considero que el concepto ayuda en el análisis situado de prácticas de hombres concretos que mantienen prácticas de abuso, control y dominio con sus esposas, hijas o compañeras de trabajo, y no han valorado la dimensión cultural hegemónica. El reto para ellos es analizar justamente si esas prácticas se encuentran cerca de sus procesos de autoafirmación identitaria, si ocupan su fuerza o destrezas como mecanismos de control, o si exhiben un riesgo socialmente para mantener un estatus masculino en sus comunidades. Lo que hemos visto es que una cantidad mayoritaria de hombres que asisten a estos grupos son capaces de identificar por lo menos dos prácticas cotidianas que responden al carácter hegemónico de su cultura masculina, y que les han causado malestares emocionales, o les están causando actualmente problemas con sus parejas, hijas o colegas de trabajo.

Con la A: ¿Cuáles han sido o son las mayores dificultades con que te has encontrado en tus talleres al hablar de masculinidad y violencia?

Diversas investigaciones han puesto en evidencia el papel del ejercicio de diversas violencias machistas durante la infancia y la manera en que hemos aprendido a ejercer violencia recibiéndola de otro varón

AC: Yo mencionaría, en primer lugar, las distintas resistencias de los hombres a reconocer prácticas violentas en los procesos sociales y familiares que conforman su propia subjetividad masculina. Diversas investigaciones, sobre todo desde la psicología social y el psicoanálisis, han puesto en evidencia el papel del ejercicio de diversas violencias machistas durante la infancia y la manera en que hemos aprendido a ejercer violencia, primero, recibiéndola de otro varón, ya sea un par o una figura de autoridad, principalmente hombres cercanos en nuestra familia u hombres del barrio y nuestra comunidad. Los hombres solemos minimizar el hecho de haber sido violentados en casa, en la escuela y en nuestra comunidad como una especie de “capacitación social” donde aprendemos a identificar las distintas jerarquías masculinas y donde adquirimos un “estatus masculino”, como lo entiende Rita Laura Segato, y donde aprendemos a ejercer la violencia como una opción relacional validada socialmente y recibimos privilegios sociales que muchas veces no reconocemos. Considero que reconocer el ejercicio de violencia y los privilegios que tenemos han sido las mayores dificultades en el trabajo con grupos de hombres.

Con la A: ¿Has percibido cambios en las distintas generaciones a las que has impartido talleres?

Uno de los problemas centrales para mantener cambios significativos a favor de la igualdad es la que tiene que ver con el contexto social donde los hombres viven

AC: En los espacios de trabajo generamos matrices de análisis que tienen como objetivo desarrollar acciones concretas y situadas para “prototipar” cambios sociales, esto es, que los hombres puedan experimentar en “carne viva” los efectos de mantener cambios significativos en sus relaciones mediante la modificación de algunos comportamientos. En el espacio [del grupo] ellos deciden qué problema quieren trabajar, qué relación van a intervenir y qué acción concreta van a realizar; de esta manera, ellos pueden experimentar el cambio en sus relaciones y están en condiciones de mantener esos cambios por más tiempo. Entre los hombres más jóvenes puedo identificar que han leído y estudiado más sobre masculinidades, género y feminismo, se encuentran con más herramientas teóricas, sin embargo eso no significa que potencialmente puedan generar más cambios o que mantengan mejores relaciones, de hecho, la metodología del laboratorio plantea acciones de seguimiento en sus tareas y lo que observo es que los más jóvenes teorizan mucho y aplican muy poco sus recursos en situaciones concretas, o trabajan sobre problemas que al paso del tiempo puedo advertir que no son trascendentales para ellos. En el caso de los hombres adultos, que llegan al espacio porque tienen un proceso jurídico o porque sus parejas o hijas les han condicionado, tengo la impresión de que comparten lo que el grupo quiere escuchar y que están más pendientes de “parecer” otros hombres que de gestar un cambio profundo en sus ideas, prácticas de abuso de poder o violencias.

Uno de los problemas centrales para mantener cambios significativos a favor de la igualdad es la que tiene que ver con el contexto social donde los hombres viven, en él, la mayoría de ellos no pueden realizar cambios significativos sin recibir sanciones sociales por parte de sus familiares y amigos y eso les sigue pesando mucho, por ello, muchos hombres después del tercer mes de trabajo, tienen recaídas o de plano algunos abandonan el espacio porque ya no les es significativo el trabajo personal.

Con la A: ¿Cuáles serían las claves para prevenir la violencia en los hombres? ¿En qué medida es un problema socio-económico, personal-psicológico? Es decir, ¿cómo ves la conexión entre lo social y lo personal?

AC: En el Laboratorio nos hemos preocupado mucho por que cada hombre que asiste realice un plan de acción a 91 días mínimo, y que se comprometa a realizar todos esos días una acción para el cambio. En este sentido, podríamos mencionar 5 claves desarrolladas para fomentar un cambio: 1- Autocrítica: en la medida en que su trabajo se refiere a sus ejercicios de violencia cotidianos que afectan a las mujeres de su entorno; 2- Motivación: es imprescindible el convencimiento sobre la injusticia y daño que producen sus comportamientos de violencia machista, 3- Voluntad de cambio: si es real su interés en poner en juego un esfuerzo para el cambio, lo será pese a las dificultades y renuncias a privilegios pertinentes, ya que la sola intención no basta, 4- Desplazamiento: en la medida en que hay un cambio de deseos predominantes que desplacen al deseo de dominio y control tan arraigado en la mente masculina, y 5- Entrenamiento: se refiere a mantener un ejercicio constante de relaciones notablemente distintas a las anteriores, en el cambio de actitudes hacia la igualdad y el respeto, no por beneficio propio sino para detener sus ejercicios de violencia, hacerse responsables de ellos y no aprovecharse de las mujeres  -encarnar un sentido ético y de justicia.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Antonio Cíntora es historiador, especialista en género, masculinidades, cultura de paz y derechos humanos. Forma parte del Laboratorio de las Masculinidades de la UAM-Iztapalapa en la Ciudad de México, instancia que trabaja con hombres que quieren modificar sus prácticas de violencia de género

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