Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Tantas cosas que…

PAULINO. Esto… Este sitio. Un teatro vacío… La de cosas que…

CARMELA. (Mira el escenario y la sala.) Sí, la de cosas…

En la ciudad de X vivía una hermosa y vieja actriz que escribía artículos de divulgación teatral para una publicación feminista.

Releía el texto, estudiaba la obra, ensoñaba varias noches con la protagonista elegida, rebuscaba en la red y ofrecía los enlaces sembrando el azar de que alguien, alguna vez, encontrara placer y tal vez consuelo viendo un cachito de interpretación de tal o cual gran actriz, o leyendo un gran texto.

teatreras-48No sabía de nadie que leyera sus artículos, que no servían para nada, pero le daba igual y se afanaba en reflejar en el escrito un eco de la fascinación que ella sentía por aquellas Nora, Ofelia, Anne, Bernarda, Hedda, Clara, Medea… ¡Oh, Ellas! Sabía sin rencor que lo suyo era más cosa de empeño que de aciertos, y divertía la vida en empeños inútiles, pues ¿de qué sirve vivir si no se aprende que es más placentero ir que llegar?

En los días del suceso que voy a contar, los esfuerzos de la vieja dama daban en hueso. Se desgreñaba borrando una y otra vez los párrafos escritos. Tenía claro lo que quería contar, pero al escribirlo le parecía vano. Extraño, pues es una obra que conoce casi de memoria y ama a sus protagonistas, una mujer y un hombre. A ella más, sí. Cuando quiere honrar la grandeza de su fracaso dice de sí misma que es una actriz que nunca fue Carmela.

Bullían mezcladas sus propias preguntas y las frases de la obra. ¿Qué es mejor, vivir a toda costa y en voz baja o tomar las armas contra la Bestia y, oponiéndose a ella, encontrar el fin? ¿Ser o no ser? ¿Es leal con el arte dar al público siempre lo que pide? ¿Es leal con nuestra identidad de artistas? (Toma pompa, circunstancia y boato). Pues ¿dónde y de quién aprende sus gustos el público? ¿Qué bestia omnipotente embute los engaños de moda en sus bocas para que todas a una pidan ¡pedos! ¡Pedos!? Al servicio de qué está el Teatro (a la mierda el Teatro), nosotras, las personas que lo hacemos, cuando obedecemos las ordenanzas? Y que no me digan que el Teatro no incide en la Historia. Si la poderosa Bestia que pretende dibujar una humanidad a su conveniencia cuenta con nuestra obediencia para regar el sembrado de sus publicidades, ¿no quiere decir eso que el Teatro tiene también el poder de hacer lo contrario? Paulino se rompe por dentro cuando obedece al público que reclama su concierto de pedos. La gente aplaude y ríe feliz, y él se rompe por dentro. “Yo soy un cantante. Sin suerte, es verdad, pero un cantante. Y los pedos son lo contrario del canto, ¿comprendes? Los pedos son el canto al revés, el arte por los suelos, la vergüenza del artista… Y si uno lo olvida, o no lo quiere ver, o lo sabe y le da igual, y se dice: «A la gente le gusta, mira cómo se ríen, a vivir de los pedos… o de lo que sea», entonces, entonces, Carmela, es… es… pues, eso: la ignominia…” Sí, mas cuando la realidad embiste, él se rinde en una zarabanda de pedos para salvar el pellejo, “Somos artistas, ¿no? Pues la política nos da igual. Hacemos lo que nos piden, y santas pascuas”. (Eso dicen algunos que yo sé…) Carmela no es experta en dignidades, se le pone la carne de gallina cantando Suspiros de España y ama a su Paulino sin engañarse: “Eres un cagao, Paulino, un cagao. En el escenario un ángel, en la cama un demonio, pero en en todo lo demás un cagao”. Carmela se niega a hacer en el escenario lo que ofende su sentido del arte y sus entrañas. (¿Haría lo mismo si no estuviera en escena?) Ella se rebela e impide que unos condenados que no conoce de nada se lleven a la muerte una mala impresión, resumen y sello de sus vidas vencidas. El arte, su arte, ella misma, que es todo el arte que posee, no se vende para sobrevivir.

Tomarse el escenario tan en serio ¿es bello o es estúpido?

¿Y cómo responderé yo, se preguntaba la actriz, si la existencia de súbito me interroga a vida o muerte?

Cuando llegó el momento de entregar el artículo, la hermosa y vieja actriz no había conseguido desenredarse de inquietudes ni de frases encopetadas.

Frustrada, encendió un cigarrillo y reflexionó así:

“No puedo ni quiero escribir de Carmela con distancia. Esa mujer de carne, hambre, zapatos gastados, objetos perdidos, sangre en el coño, no tengo la desvergüenza de describirla simulando no sé qué objetividad.

A la mierda el artículo, se dijo. Seleccionar todo-eliminar. Este mes no hay artículo, total da igual, y para lo que voy a cobrar… A la mierda el ordenador”.

Le dolía la espalda, estaba entumecida y le costó levantarse.

Pero en un teatro ocurren tantas cosas… todas las cosas posibles e imposibles de la vida de los vivos y de la vida de los muertos. Cosas de fiebre, semen, leche, sangre, humo, luz, obscuridad, gloria, hambre y quimera que los seres humanos podemos y no podemos imaginar.

Y he aquí que la hermosa y vieja actriz, aún renqueante, inspira con lentitud, se yergue y con vigor de dama joven corretea al cuarto de baño y se pinta los labios del rojo más rojo. Con pasos alados va a la cocina y se sirve una copa de vino. Caminando retadora vuelve a la biblioteca, enciende la lámpara de pie, deposita la copa sobre un velador, toma unos folios, su querida estilográfica, se acomoda en el sillón, bebe un trago profundo y escribe:

Querida Carmela.

¿Cómo estás? Tú no me conoces, pero somos colegas, yo también soy artista, sí, sin suerte como dice tu Paulino, pero artista. Por eso me tomo la confianza de escribirte esta carta. Es para contarte que, aunque hace tiempo ya que no tengo la regla, en casa siempre hay compresas y tampones, que es el apaño que tenemos ahora las mujeres, mucho más práctico que los paños porque no hay que lavarlos cada vez. Por si me visita alguna de nuestras hermanas más jóvenes y le baja el cuerpo,

Pero quiero que sepas que sobre todo los tengo por si vienes tú, Carmela. Para que no te veas como aquel día, con la regla, sin poder contener la sangre pegajosa entre los muslos y manchando el vestuario, que es una mala faena. Porque como todavía no te has borrado, a lo mejor aún puedes venir de aquel secano a este, a lo mejor a lo mejor un día se te ocurre visitarme.

Lo que quiero decirte, Carmela, es que hagas lo posible por venir. Que te echo mucho de menos. ¡Ven, Carmela! ¡Como sea, pero ven! ¡De truco, o de mentira, o de teatro…! ¡Me da igual!

¡Ven, Carmela!…

¡Ay, Carmela!, de José Sanchis Sinisterra, es una de las obras más representadas del teatro contemporáneo español. Ha sido traducida a muchos idiomas, e interpretada por grandísimas actrices y actores. Es muy conocida la versión cinematográfica, estupenda pero poco fiel al texto original, del cual toma sólo parte del argumento. En este enlace podéis encontrar el texto gratis:

http://assets.espapdf.com/b/Jose%20Sanchis%20Sinisterra/!Ay,%20Carmela!%20(3630)/!Ay,%20Carmela!%20-%20Jose%20Sanchis%20Sinisterra.pdf

Os auguro una lectura inolvidable.

En la imagen, Pilar Almería, que junto a José Manuel Casany construyeron unos emocionantes Carmela y Paulino en el montaje dirigido por Joan Peris en 1997. Además de ser una magnífica puesta en escena, fue la primera vez que se representaba el texto completo.

 

REFERENCIA CURRICULAR

isarequenaIsabel Requena es actriz. Estudió Arte Dramático en el Conservatorio de Valencia y en la Universidad Internacional de Teatro, en Lugano, Suiza; en Le Circ Divers, en Lieja, Bélgica y durante su larga vida profesional se ha ido formando en Técnicas de Voz, Expresión Corporal, Interpretación, Técnica de Clown, Técnica Alexandre, etc. con las y los mejores profesionales: Rafa García, Maria José Peris, TEC de Cali, Colombia, Cristina Castrillo, Libre Teatro Libre (Argentina), J.P. Michel, Rafa Calatayud, J. Mac Callion, Michel López, Konrad Sziedrich, José Luis Cuerda,… En el ámbito de las Artes Escénicas ha “tocado” todos los palillos: ha hecho cine, televisión, ha sido actriz de doblaje, realizado cortometrajes, dirigido distintas obras y es autora de las obras “La última cena”, “Letra gorda”, “Llamar” y “Un sopar de compromía” (estas dos últimas como coautora). Isabel es, en definitiva, una mujer de teatro comprometida con la Cultura en general y con las Artes Escénicas en particular.

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