Revista con la A

25 de enero de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
49

¿Qué presente y futuro para las niñas?

Soledad Arnau Ripollés o cómo se derriban las paredes de cristal

Soledad Arnau

Soledad Arnau

Soledad es una mujer poderosa y empoderada, fuerte, íntegra, inteligente y con una voluntad de acero, así lo desvela su físico rotundo, su mirada atenta y su coraje para romper barreras, todas las barreras que se le pongan por medio, amparada por una amplia sonrisa con la que afronta cualquier situación, adversa o favorable. Es cariñosa, tenaz y leal, pero sobre todo es un espíritu libre, una aventurera de la vida obstinada por apurarla hasta sus últimas consecuencias, lo que no impide -por el contrario, complementa- su rigor, su disciplina y su compromiso público. Gracias a sus cualidades y al apoyo de su familia, Soledad inició sus estudios superiores en el Colegio Universitario de Castellón (dependiente de la Universitat de Valencia) cuando todavía no tenía rango de Universidad.

Libre y autónoma, además de comprometida feminista, luchadora por la Paz y defensora de los Derechos Humanos, tras licenciarse en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED-España) en la que, posteriormente, realizó el Máster Universitario Europeo en Discapacidades, apostó por la vida independiente mientras realizaba un nuevo Máster (online) Universitario Oficial Europeo en Bioética, en la Universitat Ramon Llull (URL) de Barcelona, y otro más, Interuniversitario Oficial en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos en la Universidad de Málaga (UMA) y otro, Máster (online) Universitario en Sexología y Género en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid, obteniendo el Título de Especialista en “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos” de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) y el Título de Experto Universitario en “Sexualidad humana y Educación sexual”, por la UNED. Y entre curso y curso, título y título, decidió independizarse de su familia e irse a vivir a Madrid, sola, libre, tomándose el pulso de su libertad, su valentía, su determinación, su coherencia…

Y allí sigue, con el apoyo de su familia en la distancia, construyendo su autonomía y su independencia día a día, como todas las personas pero Soledad con el plus añadido de tener que manejarse con una artrogriposis múltiple congénita.

Y mientras va desgranando la vida sujeta a una silla de ruedas, Soledad se convirtió en Directora de la Universidad Abierta Iberoamericana Manuel Lobato (UAIML-IPADEVI), compaginando el cargo con el de Becaria-Investigadora del Departamento de Filosofía y Filosofía Moral y Política (UNED), con la Coordinación del «Grupo sobre “Bioética desde la diversidad funcional”» (FVID) y de la Oficina de Vida Independiente (OVI) de la Comunidad de Madrid, durante sus primeros casi seis años.

Además, es miembra del Foro de Vida Independiente y Divertad (FVID) y de «DIVERSEX…! Sexualidad en la diversidad y diversidad en la sexualidad» y en la actualidad dirige y presenta el Programa de radio sobre sexo y sexualidad: «¡Acuéstate Conmigo!» que se emite en Radio YALOVERAS…

Para que nuestras lectoras y lectores se hagan idea de los obstáculos que tienes que vencer día a día ¿podrías explicarnos desde cuándo vives sujeta a una silla de ruedas, a causa de qué y cuáles son tus condiciones de dependencia?

Os comento que tengo una diversidad funcional física de nacimiento, una artrogriposis múltiple congénita, en mis cuatro extremidades, motivo por el que tengo necesidad de apoyos generalizados de manera permanente.

El paradigma médico-rehabilitador, por aquel entonces, no proporcionaba sillas de ruedas electrónicas con facilidad, ni para menores, con lo cual he vivido sujeta a distintas irracionalidades del modelo biomédico hegemónico. Fue a partir de mis 19 años cuando por primera vez me sentí libre, disponiendo de una silla de ruedas electrónica.

Este paradigma biomédico-clínico, entiendo que ha pervertido mi existencia humana encasillándome como un ser humano: enfermo, defectuoso y, dependiente. Interpreto por tanto la dependencia como un fenómeno sociopolítico construido.

¿Qué obstáculos, de los muchos que has tenido y tienes que superar día a día, te han resultado más duros?

Fruto de esta visión, capacitista y minusvalidista, no he podido disfrutar de una auténtica educación inclusiva. Momentos duros… ha habido unos cuantos, puesto que la discriminación sistemática contra nuestra manera de ser y de estar en este mundo es algo que se vive cotidianamente… Desde carecer de centros educativos ordinarios capaces de acoger las distintas realidades humanas en términos de igualdad; fomentar la segregación a través de un asociacionismo patologizado; imposibilitar una ciudadanía de primera, creando niveles de dependencia; o… vulnerando nuestro derecho a ser y existir desde nuestras idiosincrasias, anulando, por ejemplo, nuestra condición sexual.

¿Por qué consideras que has sido tratada de manera desigual: por ser mujer, por tener una diversidad funcional o por ambas cosas?

Ambos factores han sido determinantes a la hora de recibir un trato desigual, sociopolítica, educativa, cultural y económicamente. La condición de diversidad funcional es la que más peso negativo tiene.

Es mejor hablar de una “Teoría de Discriminación Múltiple”, en la medida en que no se es mujer, ni persona con diversidad funcional, de manera abstracta. La desigualdad estructural entre sexos, en términos generales, también se aplica en la población con diversidad funcional.

No sólo hay que luchar para romper ese “techo de cristal” que nos separa a ambos sexos (claro está, si queremos ceñirnos exclusivamente al sistema binarista sexo/género), sino que también es imprescindible, tal y como he expuesto hace años, derribar lo que denomino como “paredes de cristal”.

Me explico. Mi lucha por la igualdad no sólo se centra en erradicar la desigualdad estructural entre ambos sexos o, entre personas con o sin diversidad funcional, sino que también me ha interesado acabar con las lógicas dominantes e irracionales que persisten en separar a personas con mucha necesidad de apoyos generalizados de quienes no los precisan, y de aquellos feminismos, dominantes y excluyentes, que dejan a muchas mujeres en los márgenes.

¿El día a día de las mujeres con diversidad funcional es diferente a la de los hombres en la misma situación? ¿Por qué?

Las mujeres con diversidad funcional somos la mitad de esta subpoblación. Sin embargo, tenemos niveles educativos más bajos, menos oportunidades laborales, apenas ocupamos puestos de responsabilidad, sueldos inferiores, mayor dependencia económica y emocional, sufrimos mayores cotas de esterilizaciones forzadas, menos acceso a disfrutar de nuestros cuerpos y sexualidades…

El porqué es bastante sencillo. Vivimos en un mundo heteropatriarcal-biomédico – capacitista – minusvalidista – falocéntrico y prominentemente reproductor. Este grupo humano reproduce todo ello en su pequeño submundo.

¿De dónde sacaste la fuerza y el coraje que has necesitado para realizar tus estudios y para desarrollar tu faceta activista?

Como dice la canción: “soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”. He tenido la inmensa suerte de contar con los primeros apoyos humanos imprescindibles: mi familia (muy en especial, mi madre), para ir constituyendo mi persona.

Mis estudios en feminismo han sido claves y, por supuesto, mi participación activa en la construcción de una cultura de vida independiente.

¿Eres feminista? ¿Por qué?

Sí, me siento una mujer muy feminista, sobre todo, desde que tengo muy claro que contra lo que hay que trabajar es sobre ese sistema heteropatriarcal, venga de donde venga y lo fomente quien lo fomente.

El movimiento de vida independiente ha aportado mucha luz al feminismo en lo que concierne a la reconceptualización del cuidado y a la demanda de reapropiación corporal.

¿Por qué decidiste especializarte en violencia de género?

Como especialista en Filosofía para la Paz, me parece imprescindible luchar para reconstruir un espacio común y compartido donde ninguna violencia sea viable. Era y es muy necesario denunciar y acabar con la violencia que se ejerce contra las mujeres con diversidad funcional, en especial de quienes no se pueden representar a sí mismas y/o viven vidas muy reducidas y mermadas.

¿Podrías explicarnos qué es el movimiento de vida independiente y cómo y por qué te adheriste a ese movimiento?

El movimiento de vida independiente es un nuevo movimiento social que nace a mediados de los años 60-70, en EEUU, y que se ha extendido a lo largo de todos los continentes. En España, nace a mediados de 2001 mediante la creación de la comunidad virtual “Foro de Vida Independiente”.

Su filosofía promueve la autodeterminación y la plena ciudadanía con la concesión de la figura laboral de asistente personal. De lo que se trata es de tomar las riendas de tu propia vida, permanecer en el entorno cotidiano y ordinario, con estos apoyos humanos.

A pesar de los obstáculos nunca has dejado de poner en marcha diferentes proyectos, tanto en el Estado español como en América Latina, ¿Podrías mencionarnos alguno de ellos?

Desde la asociación IPADEVI (Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente), en 2010 impulsamos la Declaración Mundial de Compostela sobre la contribución de las personas con diversidad funcional a una Cultura de Paz, y desde su espacio formativo e investigador “Universidad Abierta Iberoamericana Manuel Lobato (UAIML)” www.uaimanuellobato.org, en 2013 se ha impulsado la Declaración Internacional de Águilas sobre Bioética, Derechos Humanos y Diversidad Funcional.

¿Cómo es tu presente?

En la actualidad estoy a punto de finalizar mi tesis doctoral en el Departamento de Filosofía y Filosofía Moral y Política de la UNED. Soy directora y presentadora del programa de radio sobre sexo y sexualidad: “¡Acuéstate Conmigo!” (www.radioyaloveras.com).

¿Y tus proyectos más inmediatos?

Vivir dignamente. Seguir investigando y disfrutar del sexo y las sexualidades, ¡jajaajajaja!

¿Qué dirías a las personas que estando en una situación parecida a la tuya no se lanzan a vivir su vida como has hecho tú?

Que luchen con todas sus fuerzas por exigirle a la política pública, la sociedad civil, familiares, medios de comunicación…, que otro mundo es posible, un mundo en el que la diversidad funcional sea interpretada como riqueza. Un mundo en el que dispongamos de asistencia personal y de la figura laboral de asistente sexual, para vivir de manera independiente y plenamente incluida en la comunidad, tal y como exigió la ONU en 2006 a los países miembros.

 

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