Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Situación de violencia y múltiple discriminación que es ejercida sobre las mujeres gitanas

Pepi Fernández

La realidad del Pueblo Gitano, y sobre todo de las mujeres gitanas, es tan diversa como la sociedad en general. No hay una realidad única de la mujer gitana, sino que cada una de nosotras es única

Si pensamos en el imaginario que el colectivo general tiene sobre el conjunto de las mujeres gitanas seguro que muy poca gente nos reconocería como abogadas, dependientas, farmacéuticas, barrenderas, vendedoras ambulantes, trabajadoras sociales entre otras muchas cosas como amas de casa, compañeras, amigas, activistas, deportistas, etc.

Y si han leído bien, habrán visto que lo he escrito en plural. Mujeres gitanas, porque la realidad del Pueblo Gitano, y sobre todo de las mujeres gitanas, es tan diversa como la sociedad en general. No hay una realidad única de la mujer gitana, sino que cada una de nosotras es única y vive su identidad, personalidad y realidad cultural de forma personal y distinta a las demás.

Por eso, porque poca gente se lo imagina y lo cree, es necesario hablar de todas nosotras, de las mujeres gitanas, de nuestros éxitos, de nuestras alegrías, y también de cómo superamos todas las barreras que nos encontramos a lo largo de la vida y en diferentes esferas. Debemos hablar de lo que sufrimos.

Las mujeres gitanas somos víctimas de múltiple discriminación. Sufrimos violencia. Y esa violencia nos viene ejercida desde diferentes esferas.

Según reflejan diversos estudios e informes, el Pueblo Gitano es el grupo social más rechazado siendo las mujeres gitanas las que sufren discriminación en un 52% de los casos detectados.

La violencia que podemos o no sufrir, no solo es violencia de género. Es violencia institucional, patriarcal, social, legal,…

Vivimos en una sociedad patriarcal que relega a las mujeres a un segundo plano minimizando nuestros derechos. Y esto nosotras, las gitanas, lo sufrimos de manera doble, dentro y fuera de nuestra comunidad.

Todas nosotras sufrimos discriminación por ser mujeres y por ser gitanas y a ello hay que sumarles las situaciones y/o condiciones que reunamos cada una como: ser jóvenes, con una determinada posición socioeconómica, vivir en una determinada zona de la ciudad, carecer de estudios mínimos o tener una determinada orientación sexual. Todo esto aumenta la violencia y discriminación que podamos sufrir con respecto a la violencia que sufre el resto de mujeres.

La violencia nos viene ejercida porque se nos limita o niega el acceso y disfrute de nuestros derechos como ciudadanas por nuestra condición de gitanas

La violencia nos viene ejercida porque se nos limita o niega el acceso y disfrute de nuestros derechos como ciudadanas por nuestra condición de gitanas. Porque se nos echa toda la carga de la atención y los cuidados de las y los menores y mayores de la familia por nuestra condición de mujer. Porque se nos considera las transmisoras de la cultura y de los valores. Porque se nos persigue en los centros comerciales, hospitales y colegios. Porque para “progresar e integrarnos” (integrarnos en el modelo que quiere y define la sociedad mayoritaria sin tener en cuenta nuestra opinión como ciudadanas y ciudadanos) se nos hace responsables de ser el motor de cambio de nuestras familias y sociedad; en definitiva, porque el sistema patriarcal y capitalista nos oprime.

Al inicio, comenzaba diciendo que poca gente nos define como realmente somos. Normalmente nos relegan a un estereotipo. Eso también es violencia. Que te encasillen y miren como un producto de fábrica hace mucho daño y merma la autoestima e identidad.

Me gustaría detenerme en lo de ser el motor de cambio:

El hecho de que se nos considere las trasmisoras de la cultura y valores y, por ende, el motor de cambio para “progresar e integrarnos” ahí donde se nos indica (por parte de los pudientes, administraciones e instituciones pertinentes), conlleva mucha más presión, carga y, por tanto, violencia sobre nosotras.

Si observamos, la mayor parte de las intervenciones y estrategias que se realizan para el Pueblo Gitano ponen su foco de intervención sobre la mujer, ejerciendo mucha más carga sobre ella y aumentando las que ya tiene.

Es necesario entender que nosotras no somos las únicas responsables de propiciar esa revolución para hacer desaparecer esa violencia y múltiple discriminación que es ejercida sobre el Pueblo Gitano y con especial intensidad sobre las mujeres gitanas.

La salud que vivimos las mujeres gitanas es mucho peor en relación a la media nacional

Como es evidente, todo esto repercute en nuestra salud. Según las estadísticas, la salud que vivimos las mujeres gitanas a lo largo de nuestra vida es mucho peor en relación a la media nacional.

Históricamente hemos sido un pueblo perseguido y maltratado (la Historia está ahí, está escrita y podemos hacer un repaso de ella estudiando las pragmáticas de persecución del Pueblo Gitano) que se ha sobrepuesto de sus heridas, y en ese proceso de superación han participado activamente las mujeres gitanas.

Es necesario que se escuche las voces de las feministas gitanas, que se nos cedan esos espacios de poder que nos han usurpado y que nos pertenecen. Las mujeres gitanas tenemos mucho que decir, y sabemos muy bien lo que decir, porque queremos decidir sobre nosotras, debemos decidir sobre nosotras, ya que solo nosotras somos las dueñas de nuestras vidas y destino.

Quisiera hacer mención a esas mujeres lideresas de nuestro entorno. Esas mujeres, esas gitanas viejas (como nosotras llamamos a nuestras mayores) mujeres luchadoras, con ideales, con personalidad, que han hecho posible que todas nosotras estemos hoy en día aquí, y que hayamos alcanzado nuestra libertad.

Ellas han sufrido, han luchado, han penado, pero se han superado y lo han hecho no solo por ellas, sino por todas las mujeres que veníamos detrás.

Ellas, sin saberlo, han sentado las bases de ese feminismo gitano. Ellas y nosotras, víctimas de esa violencia y discriminación múltiple, luchamos día a día por hacer desaparecer todas esas cosas que nos limitan como ciudadanas, como mujeres y como gitanas.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Pepi Fernández Camacho tiene 30 años y es natural de Ontur, Albacete. Actualmente reside en Madrid. Trabajadora Social y activista en defensa de los Derechos Humanos. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en la intervención con menores, jóvenes y mujeres. Actualmente trabaja en la Fundación Secretariado Gitano en el Dpto de Inclusión Social. Es coordinadora del Programa Calí, por la igualdad de las mujeres gitanas.

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