Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

¡S.O.S! Responsabilidad en la gestión artística, por favor

M Ángeles Cabré

Mª Ángeles Cabré
Fotografía: Grela Bravo

El sistema del arte parece no haber escuchado las reclamaciones de paridad planteadas como reto para el s. XXI y en las que ya se avanza en otros campos. Si los y las políticas no gobiernan para la igualdad, la responsabilidad recae en las y los gestores que velan por la cultura

Visto lo visto, habida cuenta del desinterés de los y las políticas por la cultura, ya a estas alturas demostrado con creces -en España, por ejemplo, con medidas tan jocosas como el IVA cultural idéntico al del champán y el caviar-, vamos a tener que empezar a prescindir de ellos y ellas para hacer de este mundo un lugar más habitable, donde el día a día de la ciudadanía vaya más allá del binomio capitalista sobrevivir/consumir y empecemos, de una vez por todas, a hablar de personas suficientemente preparadas para escoger sus propias vidas. Y es que, por si lo habíamos olvidado, la cultura contribuye al desarrollo de las capacidades humanas y del espíritu crítico, y es un antídoto altamente recomendable, entre otros, en casos de mal uso de los fondos públicos o indigestión por demagogia.

A pesar de las muchas bondades de la cultura -no confundir con la educación, que es otra cosa-, a las y los políticas encargados de arbitrarla no se les ve, sin embargo, dispuestos a nada más que seguir paseándose por la inauguraciones cual mariscales de campo y persistir en sus tres funciones básicas: repartir el dinero público sin que los poderosos se enfaden demasiado -aquí la doble forma no es necesaria, pues mandan casi siempre ellos-, hacer que el gasto luzca y, a ser posible, asegurarse por el camino el próximo cargo. El sentido de la responsabilidad de estos garantes de un bien tan preciado brilla por su ausencia. No es una percepción subjetiva, sino una constatación; en España, por poner un caso, la elección de algunos recientes ministros de cultura así lo constata.

En el tiempo que llevo intentando dialogar con las administraciones en materia de igualdad en la cultura desde el Observatorio Cultural de Género -que no es mucho pero sí lo suficiente-, me ha dejado patidifusa su ignorancia absoluta respecto a la desigual participación de hombres y mujeres en sus muchos campos –incluido, por supuesto, el arte-. Jamás creí que su ceguera llegara tan lejos, pues esperaba encontrarme cuanto menos con políticos bien informados. Es por ello que me dedico a brindarles las cifras de la vergüenza, aunque tampoco al conocerlas su respuesta es la esperada.

Se diría que para los políticos mujer y cultura son antónimos

Ante las cifras que demuestran que hay poquísimas mujeres en los altos cargos de la gestión artística y que la exhibición ningunea descaradamente a las mujeres, se encogen de hombros, como si no fuera con ellos. Suelen enviarme a llamar a otras puertas, allí donde se tratan los asuntos relacionados con la mujer y la igualdad. Se diría que para ellos mujer y cultura son antónimos. Me consuela pensar que los responsables de medio ambiente sí están al caso del cambio climático y que los responsables de sanidad reaccionan a las epidemias con más celeridad. Y también me consuela pensar que el día a día de la cultura -la puesta en marcha de proyectos, la programación de los centros, etc.- está en manos de las y los gestores y no de los y las políticas, aunque en muchos casos sean estos o estas quienes los hayan puesto a dedo -una costumbre a abolir, por cierto-. Pero, ¿están estas y estos gestores preparados para asumir el reto de pensar en términos de igualdad de género?

Un sistema del arte injusto y maniqueo

Dejando de lado sectores altamente masculinizados, como la música o el teatro -¡alerta roja!-, y focalizando la atención en las artes plásticas y visuales, que es lo que aquí nos atañe, cualquier persona mínimamente versada en el sector debiera saber que los motivos de alarma se remontan, cuanto menos, a 1977, cuando Lincha Nochlin denunció en su célebre artículo, publicado en la revista Art News -“¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?” [http://tinyurl.com/q4ea8xb]-, que la historia del arte era machista hasta límites extremos y que a las mujeres no se les había permitido ocupar su lugar.

Desde entonces se supone que cualquier gestor o gestora artística que se precie debiera estar al caso de este agravio inmenso, que se traduce en una realidad sesgada, perpetuada con fondos públicos y ayudada por una inmensa maquinaria publicitaria, la gran arma del patriarcado. Entidades feministas, asociaciones, grupos y profesionales sensibilizados llevan años insistiendo en la cuestión y su trabajo no ha sido en vano. MAV (Mujeres en las Artes Visuales [http://www.mav.org.es/]) lleva ya unos cuantos informes poniéndole números a lo que algunos desinformados llaman percepciones subjetivas. Y se han publicado muchos trabajos que hacen imposible negarse a la evidencia, como el ensayo de Marián López Fdez. Cao, Antonia Fernández Valencia y Asunción Bernárdez Rodal (eds.) El protagonismo de las mujeres en los museos [http://www.m-arteyculturavisual.com/2013/04/02/notas-sobre-el-protagonismo-de-las-mujeres-en-los-museos/].

La justa reivindicación ha ido con los años desplegándose con mayor fuerza y, aunque de manera discreta, algunos centros públicos han pensado que su prestigio quedaría en entredicho si no se hacían eco de un modo u otro, aunque fuera para cubrir el expediente. Y así han surgido iniciativas como el itinerario feminista del MNCARS (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid) o los itinerarios de género del Museo del Prado (también en Madrid). Otros han optado por la recuperación puntual de alguna artista que había caído en el olvido -como es el caso de la exposición de la modernista Lluïsa Vidal que este otoño podrá verse en el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona)-.

Nada se ha conseguido más allá de esos pequeños logros puntuales, que son importantes porque sientan precedentes y ayudan a la sensibilización tanto de los usuarios y las usuarias de dichos museos como de las y los propios profesionales del medio, sin olvidar el feedback de la prensa. Mientras algunos centros siguen inmunes a la presión y se resisten a abandonar sus costumbres de programación, pero en un gesto de buena voluntad acceden a ceder sus espacios para presentaciones o jornadas relacionadas con el asunto, que no deja de ser un primer paso en la deseada concienciación.

¿Y ellas, las gestoras?

Decía que cualquier gestora o gestor bien informado debiera estar al corriente de esta batalla entre la inercia androcéntrica -defendida por el esblishment– y la periferia -los grupos feministas, los revisionistas del canon, etc.-. Si es inadmisible que una, o un gestor artístico no sepa qué es el expresionismo, no haya oído hablar jamás de Juan Gris o crea que Ana Mendieta es una actriz de moda, no debiera admitirse su ignorancia en una cuestión candente de tanta relevancia: la proscripción de las mujeres en el sistema del arte.

Un sistema del arte en que escasean las directoras de grandes centros, pero que está lleno de mujeres que ocupan cargos intermedios. Por ello me dio por pensar que las gestoras artísticas tenían que sentirse directamente interpeladas por la cuestión. Para comprobar si existía o no esa preocupación, organicé en 2012 -con la colaboración de MAV y de Clásicas y Modernas, Asociación para la Igualdad de Género en la Cultura- unas reuniones informales con mujeres dedicadas a la gestión cultural y/o artística pública en Barcelona. Acudieron con muy buena predisposición profesionales de la Generalitat de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona, la Fundación Bancaria <La Caixa>, la Fundación Cataluña-La Pedrera, la Fundación Miró, el CCCB, la Fundación Suñol… El abanico de respuestas con el que nos encontramos fue amplio: había gestoras que se mostraban muy alarmadas con las cifras de infrarrepresentación femenina, otras desconfiaban de ellas y les quitaban importancia; otras -las menos- ya venían concienciadas de casa; alguna incluso se sintió inmediatamente llamada a sumarse a la reivindicación.

Este 2016 el Observatorio Cultural de Género realizará un informe sobre la presencia de las mujeres en los centros culturales y de arte más importantes de Barcelona. Los resultados serán catastróficos y, por desgracia, un atentado contra la igualdad. Las gestoras que tan amablemente acudieron a nuestra cita recibirán el informe por correo electrónico y es probable que sigan pensando que no es cosa suya y, como las y los políticos, se encojan de hombros. No será desidia, ni ignorancia -tendrán las cifras y estas hablan claro-, sino simplemente la falta de herramientas para desarrollar su trabajo con mirada de género.

Pero mi pregunta es si, constatando que los políticos se han inhibido en una cuestión tan grave, ¿no es a ellas y a sus colegas gestores a quienes corresponde sentar las bases de un nuevo sistema de arte donde todas y todos nos sintamos incluidos? Debieran ser ellas y ellos quienes se nieguen a gestionar el patriarcado con o sin el apoyo institucional.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Mª Ángeles Cabré es escritora y crítica literaria, ha publicado novela, biografía, poesía y los ensayos Leer y escribir en femenino, A contracorriente. Escritoras a la intemperie del s. XX y Wonderwomen. 35 retratos de mujeres fascinantes (2016). Colabora en diversos medios de comunicación, entre ellos M-arte y cultura visual, la revista de MAV. Dirige el Observatorio Cultural de Género, dedicado a impulsar la cultura hecha por mujeres.

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