Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

Percusionista en un mundo de “percusinistos”

Gabriela Orta

Soy percusionista. Crecí pensando que escuchar un disco estaba bien, aunque la música en vivo era lo mejor. De ahí salté a soñar que algún día yo haría eso, sería fabricante de ritmos

Mi fascinación por el ritmo seguro vino de mi madre y mi padre, quienes sin ser músicos eran los seres más musicales del mundo. Crecí pensando que escuchar un disco estaba bien, aunque la música en vivo era lo mejor. De ahí salté a soñar que algún día yo haría eso, sería fabricante de ritmos.

El primer tropiezo vino en el kinder, cuando vi que la directora solo les daba tambores a los niños para acompañar las ceremonias escolares; de nada valieron mis rabietas y alegatos para que me dejaran acercarme al tambor. El segundo obstáculo vino cuando descaradamente (¿abiertamente?) pedí a mi madre y a mi  padre una batería y la respuesta negativa y contundente me confirmó que ser fabricante de ritmos, al menos en mi caso, sería complicado.

Después de un efímero paso por la ingeniería (un mundo primordialmente masculino también), de más tropiezos y vicisitudes, llegué finalmente al sueño de SER música a través de las PERCUSIONES. Justo en el examen de ingreso a la escuela de música viví un primer incidente discriminatorio que no alcancé a identificar como tal, pero que me advirtió que había llegado a un medio donde los hombres dominan, en esencia, porque son mayoría.

Cuando empezé mis estudios de percusión había muy pocas mujeres abriendo camino en ese medio. No eran más de diez y allí estaban ellas, solas contra el mundo. Mujeres graduadas en esta especialidad, en mis tiempos, no había; puedo decir que me siento orgullosa de ser la primera mujer en la Escuela Superior de Música que obtuvo el título; lo triste es que eso ocurrió hace solamente diez años.

Fue inevitable preguntarme qué pasó con mis colegas que comenzaron a estudiar años antes que yo, por qué se fueron, o por qué desistieron. ¿Habrá sido por la actitud discriminatoria de los maestros? ¿O quizá por embarazo? ¿Tuvieron que empezar a trabajar? ¿Algo las desmotivó? Con certeza, no lo sé.

La percusión en el siglo pasado estaba relacionada con la fuerza, la resistencia, el ímpetu, la rudeza; una actitud quizás dominante o masculina, y por ello no es difícil que algunas veces algún familiar maestro o buen amigo nos haya querido persuadir o “aconsejar” para abandonar el instrumento o cambiarlo por algo más “común” o más práctico de cargar (más “femenino”).

Esa visión empezó a cambiar porque triunfó la sensatez y la conciencia de que la capacidad es la misma; más aún, creo que grandes solistas de la actualidad en percusión como Keiko Abe, Evelyn Glennie, Ivana Bilic, por mencionar algunas, han demostrado que tenemos la capacidad de abarcar varias cosas al mismo tiempo; una mujer puede igual tocar la batería, una pieza de percusión múltiple, una marimba de 5 octavas y puede añadirle a su música sonidos maternales, hormonales, todos ellos entrañables; pueden incluso llegar a ser inolvidables.

Orgullosamente, soy Timbalista Principal de una orquesta mexicana, en la cual puedo ejercer mi profesión y fabricar esos ritmos con los que soñé desde antes de que me negaran el tambor; desde ahí, busco cada día que mi labor musical y mi presencia de mujer conquiste el espacio en el cual estoy sentada.

Quiero que las mujeres vean que hay profesiones distintas, que también soy ama de casa, que he cumplido mi vocación de percusionista, contrariando la sentencia implícita en el cuestionamiento que me hicieron los profesores

Quiero que las mujeres vean que hay profesiones distintas, que también soy ama de casa, que he cumplido mi vocación de percusionista, contrariando la sentencia implícita en el cuestionamiento que me hicieron los profesores durante mi examen de admisión al Conservatorio: “si mis aspiraciones eran serias o solo estaba pasando el tiempo “mientras me casaba”.

Afortunadamente, he podido afrontar cada reto. He aprendido también que cocinar, arreglar la casa al mismo tiempo que estudias un par de conciertos para percusión y orquesta es factible, y que una cosa no entorpece la otra ni se demeritan entre sí.

También soy integrante del Trío de Percusión “Barra Libre”, conformado por tres mujeres percusionistas dispuestas a romper paradigmas, ya que hacemos conciertos de percusión inusuales: tocamos música infantil, música original para percusión, algo para cine e, igualmente, podemos defender los derechos de las mujeres con alguna pieza contemporánea, tal es el caso de “Cicatrices de la mirada”, una pieza que aborda el tema de mujeres agredidas por policías y el ejército en una revuelta social en 2006.

Mis amigas del trío y yo nos hemos dado a la tarea de buscar repertorio de compositoras para trío de percusión; ha sido una labor exhaustiva y medianamente exitosa ya que apenas hemos reunido 20 piezas en el repertorio mundial. Y en un acto de sororidad con las mujeres compositoras mexicanas estamos comisionando piezas para trío de percusiones, generando con esto la ampliación del repertorio para esta dotación, además de darles voz a las compositoras con la difusión de su trabajo.

A lo largo de 25 años de carrera he visto que algunas mujeres abandonan su carrera musical, compañeras acosadas sexualmente, otras se desilusionan en un mundo laboral casi exclusivamente de hombres

Tras este breve resumen biográfico, un poco catártico, me doy cuenta de que corrí con suerte: a lo largo de 25 años de carrera he tenido grandes satisfacciones, aunque también algunas decepciones; sin embargo, paralelamente, he visto que algunas mujeres abandonan su carrera musical, compañeras acosadas sexualmente, otras se desilusionan en un mundo laboral casi exclusivamente de hombres y definitivamente abandonan su carrera; las causas de las circunstancias anteriores, fueron variadas y tomaría tiempo abordar las situaciones específicas que presencié en el caso de mis amigas y compañeras. Quizás yo me aferré o tal vez el amor hacia la música me mantuvo firme en los momentos de flaqueza.

El medio percusivo sigue siendo primordialmente masculino, ha tomado tiempo romper esquemas para quitar etiquetas; según algunos estudios, mucho tiene que ver el apoyo de la familia y los maestros con los que una comparte a lo largo de la carrera musical. Pese a lo anterior, es importante reconocer que hay hombres que apoyan la trayectoria de las mujeres dentro de la música de percusión, y que incluso han incidido en abrir espacios y oportunidades en alguna orquesta o ensamble. Pese a lo anterior, lamentablemente aún queda mucho por hacer tanto de parte de ellos como de nosotras.

Asimísmo, casi no hay maestras percusionistas en las universidades y conservatorios y eso nos obliga a empujar con más fuerza nuestros “techos de cristal”, estamos obligadas a seguir demostrando nuestra fuerza interior y permear la mayor cantidad de ámbitos posibles: salas de concierto, espacios artísticos para comunidades vulnerables, escuelas, proyectos multidisciplinarios, la familia, amigos, etcétera.

Ésto, a fin de cuentas, es una persecución de sueños y una percusión constante y perpetua para romper bardas y llegar y abrir corazones duros e incrédulos. Espero que la participación de las mujeres que amamos este oficio de la percusión se extienda y perdure como una costumbre asumida en el imaginario, ya sea como solistas o como integrantes de agrupaciones musicales. Finalmente, es la calidad estética lo que le da a cualquier persona el lugar que merece ocupar en un escenario.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Gabriela Orta Quintana es originaria de la Ciudad de México. Obtuvo la Licenciatura en percusiones en la Escuela Superior de Música, siendo la primera mujer en recibir dicho título con mención honorífica. Estudió Percusión contemporánea con Tambuco, ensamble de percusiones de México y Percusión Orquestal con Raynor Carroll (L.A Philarmonic). Ha tomado cursos de musicoterapia y pedagogía musical como complemento de su desarrollo artístico. Fue integrante en la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez por más de diez años. Actualmente es timbalista principal de la Orquesta Típica de la Ciudad de México e integrante del Trío de percusión Barra Libre. En 2015, participó en el Festival “Percussion Friends” en el Conservatorio de Ámsterdam. Ha impartido cursos en universidades mexicanas y en encuentros de orquestas y bandas juveniles. Con regularidad es percusionista invitada en las principales Orquestas de México.

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