Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Palabras robadas

mariaMoliner

MARÍA:
Las palabras ya no nos pertenecen.
Franco nos ha condenado al silencio.
FERNANDO:
¿Y para qué quieres entonces un diccionario?

En los años setenta ganaba yo dinero, y compré unos libros gordos y caros. Desde entonces viven conmigo. En los traslados, viajan en una de esas cajas que una vigila especialmente para que no se pierda ni se dañe, y pueda ser abierta de las primeras -¡por si los necesito, sí!-, y ocupan siempre en casa el lugar de honor que se reserva a las mejores amigas y amigos.

Me abrieron la puerta al mundo de las palabras, al arcano de sus relaciones familiares, sus avatares, su poder, su capacidad consoladora y su peligro.

Yo amé a la mujer que alumbró dos de aquellos libros gordos mucho antes de saber quién era, y la amé por su obra. Tardé años en conocer su historia, en aquel entonces apenas si pude saber que había sido propuesta para la Real Academia de la Lengua Española. Pero en el sillón B se sentó un varón, claro.

María Moliner Ruíz.

Hoy es bien conocido su compromiso con la acción cultural de la República, las represalias y sanciones que sufrió tras la victoria de Franco, y la soledad en que elaboró su diccionario.

Mas por grande que sean mi admiración y agradecimiento, no la traería a esta sección de no ser porque ahora la historia del teatro es más rica con su presencia. Gracias a Manuel Calzada, que escribió El Diccionario, estrenada en el 2012 en el Teatro de la Abadía. Dirigida por José Carlos Plaza. Y con una interpretación de la actriz Vicky Peña que atraviesa los vientres del alma.

No sé si la María Moliner histórica respondió en realidad a Laín Entralgo eso de: “y qué voy a hacer yo en la Academia, si lo único que he hecho es zurcir calcetines”.

Lo que sé es que en el escenario reconocí sin dudas a la mujer cuyo aliento había respirado rebuscando en su diccionario.

Calzada articula la historia alrededor del momento en que María recibe el diagnóstico de esclerosis cerebral isquémica que acabaría borrando de su memoria los dones del lenguaje.

Cuando la naturaleza es tan precisa en la elección del arma que con puntería exacta ha de herirnos allá donde más duele, acude la tentación de acusarla de cruel e injusta. No, la crueldad y la justicia son construcciones humanas. Y hemos de agradecer a la sensibilidad humana la justicia de extraer de aquella señora recoleta, una de las protagonistas (agonía: lucha) más conmovedoras de nuestro Teatro.

María comparte escenas con los personajes de su marido y el médico, más la amenazadora voz del juez en su memoria. Todo está enhebrado con un muy sutil humor.

Copio del texto algunos fragmentos.

Con el médico:
….. Lo bueno que tiene ser diccionarista en lugar de médico es que una puede ver las cosas desde otro punto de vista. Buscar los orígenes. Isquemia, por ejemplo. Del griego isque, detener, y hemos, sangre. Detener la sangre. Dicho así parece menos amenazador. Es una palabra hasta hermosa, ¿no les parece? Isquemia. Espeluznante, el resultado, pero cuando se gana intimidad con la palabra y se alcanza el latido primero del lenguaje, se descubre algo cercano… materno. Isquemia: detener la sangre. Casi huele a paz.

….. Ahora ya sólo espero el momento en que me diga: “su estado de pérdida es irreversible, pero no se alarme, ya no se entera de nada”.

Con el marido:
¡Tengo que acabarlo bien! ¿No lo entiendes? El trabajo es la única honestidad que no me han arrebatado.

Con el juez el Juez Instructor de Depuración del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos:
JUEZ: María Moliner Ruiz, ¿es usted autora del Plan de Bibliotecas del Estado encargado por el gobierno rojo, en el que ha escrito: “Pensad en lo que sería nuestra España si en todos los pueblos, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros”?*
MARÍA: Sí.

Con los académicos:
….. Me gustaría disertar sobre un término al que tal vez no estén muy acostumbrados y menos a oírlo de boca de una mujer. Voy a hablarles sobre la palabra “libertad”. Toda mi vida he sido libre. Puede que sorprenda una afirmación tan categórica viniendo de una mujer republicana, roja y expedientada por el Régimen. A mí misma me sobrecogió el descubrimiento de mi libertad una tarde que consultaba su diccionario, el diccionario que con tanta imprecisión han escrito generaciones de ustedes sin enmienda.

En 1998 Gredos editó un diccionario que traiciona el esfuerzo orgánico de María Moliner. Eso sí, publicitándolo bajo el prestigio de su nombre. Con la excusa de que es “más fácil de consultar, exige menos esfuerzo comprensivo por parte del lector”, nos escamotean relaciones íntimas entre las palabras y el alumbramiento de los modos de decir, abaratan su contenido, insultando de paso las aspiraciones de nuestra inteligencia. Un ejemplo más de la infantilización a que nos empujan, y una falta de respeto no menos ladrona que la arterioesclerosis cerebral.

Lo digo porque quien consulte la 2ª Edición del María Moliner, no comprenderá bien por qué hacerlo en la primera es una experiencia tan inspiradora. Ahora sólo puede encontrarse en librerías de lance.

“El diccionario de la Academia es el diccionario de la autoridad. En el mío no se ha tenido demasiado en cuenta la autoridad” (María Moliner).

Será por eso.

 

REFERENCIA CURRICULAR:

isarequena

Isabel Requena es actriz. Estudió Arte Dramático en el Conservatorio de Valencia y en la Universidad Internacional de Teatro, en Lugano, Suiza; en Le Circ Divers, en Lieja, Bélgica y durante su larga vida profesional se ha ido formando en Técnicas de Voz, Expresión Corporal, Interpretación, Técnica de Clown, Técnica Alexandre, etc. con las y los mejores profesionales: Rafa García, Maria José Peris, TEC de Cali, Colombia, Cristina Castrillo, Libre Teatro Libre (Argentina), J.P. Michel, Rafa Calatayud, J. Mac Callion, Michel López, Konrad Sziedrich, José Luis Cuerda,… En el ámbito de las Artes Escénicas ha “tocado” todos los palillos: ha hecho cine, televisión, ha sido actriz de doblaje, realizado cortometrajes, dirigido distintas obras y es autora de las obras “La última cena”, “Letra gorda”, “Llamar” y “Un sopar de compromía” (estas dos últimas como coautora). Isabel es, en definitiva, una mujer de teatro comprometida con la Cultura en general y con las Artes Escénicas en particular.

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