Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Olga Quiñones Martínez

Olga Quiñones

Olga Quiñones era una persona irrepetible. Inolvidable. Necesaria. Generosa. Divertida.

Podría seguir añadiendo calificativos de ella y no recogería todas las cualidades que tenia. En esta semblanza, que necesariamente, tiene una perspectiva muy personal -fue mi jefa en el Instituto de la Mujer y, después, mi amiga en la distancia-, tengo que dar un amplio espacio también a lo que significó su paso por el Instituto de la Mujer. Porque a mí me dejó muchos “recados”, pero más allá de eso, y más importante, dejó una importante impronta en lo que se llama el feminismo académico.

Olga nace en el año 1940, en Oviedo, en una familia “trashumante” ya que su padre era Ingeniero de Montes y sus destinos le hacían desplazarse con alguna frecuencia. Su etapa de formación se desarrolla en Valencia donde ella, finalmente, se arraiga. Allí estudia en la universidad Derecho, allí milita en el franquismo en la izquierda y en el feminismo, no sé en qué orden, lo que sí era evidente es que el feminismo fue su mayor compromiso y en el que hubo, a mi juicio, un mayor desarrollo y un mas importante legado.

A mí me toca contar lo que yo conocí en vivo y en directo.

Olga llega al Instituto de la Mujer (IM), en el año 1993, acudiendo al llamado de Marina Subirats Martori, que acababa de ser nombrada Directora General del mismo.

Marina, en términos formales, le ofrece la Subdirección General de Estudios, Publicaciones y Documentación, que era la denominación y el contenido que entonces tenía ese área del IM. De alguna manera, esa estructura administrativa reunía la generación de conocimiento, su difusión, su transferencia y puesta al servicio de las mujeres. La idea era coordinar la creación de un nuevo corpus “intelectual” desde el feminismo. Gobiernos posteriores dinamitaron esta estructura y transfirieron cada una de estas tres áreas a otras subdirecciones…

A lo que en realidad le invita Marina es a reorganizar, crear, visibilizar y constituir un nuevo planteamiento de lo que, desde el IM, se puede hacer para potenciar, visibilizar y formalizar la presencia de los Estudios Feministas, de las Mujeres y del Género en la Universidad, entre otras funciones.

A pesar de lo “incomoda” que se sentía dentro de las estructuras administrativas que le parecían lentas, desde el momento de su llegada trabaja intensamente para formalizar, en el contexto del Plan Nacional de I+D, una línea de investigación específica y singularizada de Estudios Feministas, de las Mujeres y del Genero (EEFFMYG), así como aumentar las ayudas que se otorgaban, a través de convocatoria pública, a las mujeres que estaban haciendo seminarios, encuentros, etc., en las distintas universidades.

Para llevar a cabo esta tarea y con un método que le era “consustancial”, el trabajo en equipo, solicitó la colaboración de la Asociación Universitaria de Estudios de las Mujeres (AUDEM), que en aquel momento era el ámbito que reunía a la mayor parte de profesoras que trabajaban en este área de conocimiento. Para ello, se organizaron diversas reuniones en el IM con el fin de recoger los distintos puntos de vista y, así mismo, para procurar una articulación geográfica que dotara de información y sinergias a todas las académicas feministas.

Consecuentemente, se aumentaron las convocatorias de ayudas para la realización de actividades en las universidades y sobre todo, y fundamentalmente, se trabajó intensamente para que la línea de investigación, que desde el IM se financiaba, tuviera un espacio formal el Plan nacional de I+D, con todas las repercusiones que eso conllevaba: formalización de un área de conocimiento, posibilidad de desarrollar carreras académicas sin doble curricula, acceso a fondos públicos que se suponían de mayor cuantía, evaluación por la ANEP, lo que obligaba a esta Agencia a crear una grupo de evaluadoras específica de este área, etc., etc.

Si tuviera que decir algo personal sobre aquel propósito, diría que lo más notable de Olga en aquel empeño era la capacidad de creer en lo que hacía, de valentía frente a las dificultades que se concretaba en que ella ni pedía permiso, ni solicitaba, demandaba lo que creía justo, con seguridad, con inteligencia y lo consiguió. Por supuesto con el apoyo de Marina Subirats.

Para alcanzar el objetivo hubo que preparar mucha documentación, hacer borradores, leer otras Acciones estratégicas, porque se trataba de crear un documento que tenía que ser aprobado en Consejo de Ministros.

Una de las tareas que Olga aconsejó fue solicitar a mujeres que tenían una trayectoria académica importante la redacción de un curriculum que pusiera de manifiesto la gran cantidad de corpus teórico y docente que avalaba la pertinencia de crear esa línea de investigación propia en el contexto del Plan I+D. El acervo reunido era incontestable.

En ese corto espacio de tres años, Olga no paró. Además de lo anterior, con su impronta, se realizaron dos seminarios en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), uno sobre temas de arquitectura, espacio, tiempos de las mujeres, del que guardo la anécdota, entre otras, de haber invitado como ponente a Soledad Murillo de la Vega, antigua becaria del IM, que acababa de presentar su tesis sobre la dicotomía espacio privado-espacio íntimo y que, años después, fue la primera Secretaria General de Políticas de Igualdad. Con Olga y su visión todo era posible.

El otro seminario de la UIMP se desarrolló en la sede de esta Universidad en Valencia y versó sobre Mujeres, literatura, medios de comunicación.

La creatividad de Olga, la autonomía que te permitía, dejaron una huella imborrable a muchas personas de las que trabajamos con ella. Para mí, que era una “neófita”, participar de todo aquello fue un privilegio.

En el contexto de un cambio del signo del Gobierno posterior a las elecciones de 1996, Olga se marchó a Valencia. A los pocos meses fue nombrada Primera Delegada del Rector de la Universidad de Valencia para dirigir la Unidad de Igualdad.

Obviamente, ejerció activamente este puesto de trabajo, ya que además de sus capacidades y compromiso, en su etapa en el IM, contribuyó a la implantación de estas unidades en las distintas universidades.

A partir de entonces, nuestra relación se hizo telefónica y nos veíamos siempre que había ocasión. Cuando se fue muchas, muchas, sentimos una gran tristeza y, al mismo tiempo, la alegría de haberla conocido. Muchas gracias, Olga.

 

Semblanza realizada por Rosario Segura Graiño.

Funcionaria del Instituto de la Mujer (1990-2015)

Licenciada en Ciencias Políticas

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