Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Navegar por el Mediterráneo e Isabel Barreto

En el hemisferio norte ha llegado el verano. Y, en particular en España, eso significa calor, mucho calor en la mayor parte del país. Por esa razón, el viaje que les propongo es un viaje para huir. Huir de lo que quieran, por ejemplo de las altas temperaturas y las multitudes. Les animo: ¡Échense al mar!

No, no les sugiero quedarse en las playas. Aunque son apetecibles, lo cierto es que el verano en nuestras costas -sobre todo en las mediterráneas- no sólo significa arena y aguas preciosas, también quiere decir muchísima gente. Así que si ustedes son de esas personas que prefieren mantener un prudente espacio libre alrededor y un reconfortante silencio, tal vez prefieran otra posibilidad: navegar.

Desde el mar, la tierra se ve distinta. Las playas, incluso las más abarrotadas, son hermosas. Si hace mucho calor sólo tienen que fondear y darse un baño. Si quieren un buen pescado, lleven un simple curricán o una caña y no habrán comido nada igual. Por la noche, el mar les balanceará y, por el día, podrán saber qué es de verdad el viento y sentirán la fuerza de saber que con sólo unas velas se puede llegar a casi cualquier sitio. Agárrense entonces a un obenque y sean felices contemplando la belleza y escuchando golpear las olas en la proa.

Si deciden costear el Mediterráneo español, pueden fondear en sitios tan hermosos como la reserva marina de Les Columbretes, a 30 millas de Castellón, llamadas así por las serpientes que -no se preocupen- ya no existen; o tal vez, en la isla de Tabarca, a 11 millas de Alicante, donde los piratas berberiscos se refugiaban de las tormentas; e incluso bucear un rato en las islas Hormigas, más al sur, en la reserva de Cabo de Palos. Pero si su espíritu aventurero se lo permite -y su cuerpo no es de los que se marean-, pueden también cruzar hacia las Baleares. Allí, en la misma lógica de huida, les recomiendo acercarse hasta La Cabrera, un paraíso que tiene un pasado oscuro y donde ahora podrán disfrutar del agua transparente y de una buena caminata sin apenas encontrar gente a su paso.

40-viajar-2Si no es una de esas personas afortunadas que tienen un barco o buenas amistades que les paseen, todas esas rutas las puede hacer alquilando uno, mejor si es un velero, con o sin patrón. Es una opción muy asequible teniendo en cuenta que en una embarcación pequeña o mediana pueden ir cómodamente entre seis y ocho personas.

Me pregunto qué pensaría de estas recomendaciones la primera Almirante española: Isabel Barreto. Seguramente sonreiría porque ella no surcó el mar Mediterráneo, sino el océano Pacífico. Había nacido allá por 1565, nieta de un exgobernador de las Indias Portuguesas. Se casó con un navegante, Álvaro de Mendaña, y le acompañó en su descubrimiento de las islas Salomón. De esta aventura vital tenemos la crónica que escribió Pedro Fernández de Quirós embarcado en la misma expedición. En ella, de resultas de la muerte del marido, Isabel se quedó como “heredera universal y nombrada por gobernadora”. Lo cierto es que los rasgos de carácter que reflejó Fernández de Quirós no son muy halagadores. Dice de ella que era despótica, egoísta y cruel con su tripulación. Huyendo de la rebelión de los habitantes de las Salomón, terminó primero su travesía en Manila y luego, en 1612, su vida en Perú, legando sus bienes a sus hermanos y sobrinos, a su capellán (era una mujer muy religiosa) y un remanente a su segundo marido. El remanente consistía, además de en una cuantiosa fortuna económica, en un esclavo y su mujer de la Yndia de Portugal (Brasil), un negro y su mujer de China, otro negro con su mujer, una esclava de Java, otro negro y dos “negritas boçales”, o sea, recién sacadas de su país. A la luz de nuestro presente, no parecía una persona de grandes valores.

Está bien, no les animo a ser como Isabel Barreto, ni siquiera a descubrir nuevos archipiélagos, pero sí a disfrutar de un tiempo a bordo de un velero. Además de la curiosidad por llegar a nuevos puertos, del placer de estar al aire libre, además de no tener que trasladar equipaje -ni casi utilizarlo-, ni de pelearse por un lugar en la arena, ni tampoco de sufrir el ruido de las discotecas o de los bares, permanecer unos días lejos de la costa proporciona la distancia suficiente para volver a ella. No es una paradoja, es real.

MÁS INFORMACIÓN:

Sobre las islas citadas:

Sobre Isabel Barreto:

  • Eloísa Gómez-Lucena. Españolas del Nuevo Mundo: ensayos biográficos, siglos XVI-XVII”. Editorial Cátedra, (Colección de biografías de mujeres que partieron de España en la colonización americana).

 

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REFERENCIA CURRICULAR

Pepa Franco Rebollar es consultora social; empresaria desde hace más de veinte años; experta en intervención social y políticas de género. Coordina proyectos de investigación, formación y apoyo a las organizaciones sociales, entidades y organismos de la Administración. Además de su profesión, de sus amistades y de su familia, le apasiona la Literatura y la Historia.

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