Revista con la A

25 de enero de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
49

¿Qué presente y futuro para las niñas?

Marita Hamann

Marita Hamann

Marita Hamann

¿Qué te motivó a ser psicoanalista?

Llegué al psicoanálisis casualmente. Tenía 17 años y quise ir a una consulta psicológica, quien me recibió se estaba formando como psicoanalista. Esa primera experiencia analítica se prolongaría por casi dos años. Lo que encontré allí, la libertad para hablar y ser escuchada sin ser censurada ni obligada a nada en particular, fue sorprendente para mí. Palpar la existencia de lo inconsciente fue tan revelador que desistí de estudiar la carrera de economía, en la que me había inscrito en la universidad, y elegí la de psicología, que hasta este momento no había tomado en serio.

Posteriormente, deseando leer a Freud con mayor detenimiento del que permitían las clases universitarias, me uní a uno de los grupos de “Lectura estructuralista de Freud” que ofrecía Luz Freire en Lima. Luz Freire acababa de llegar al Perú, había sido discípula de Oscar Masotta, quien a su vez fuera el introductor de la obra de J. Lacan en Argentina. Así pude deleitarme verdaderamente con la lectura de Freud, descubrir su lógica y, luego, conocer a Lacan y, a través de él, todo un pensamiento estrechamente conectado con la época, con su crítica y con las más diversas disciplinas. El psicoanálisis me capturó definitivamente.

Teóricas como Luce Irigaray han intentado reinterpretar a Freud y Lacan desde una postura feminista, ¿qué opinión te merecen estos intentos?, ¿tú sigues a alguna de ellas? ¿Te parece que es posible tener una lectura feminista del psicoanálisis?

Podría decirse que no hay manera de ser una mujer y no ser de algún modo feminista, pero también es cierto que el debate del género es muy variado y el psicoanálisis se distancia un poco de él en la medida en que, en el seno de ese debate, lo que le interesa sobre todo, lo que pone en el primer plano, es la manera en la que cada sujeto se relaciona con el goce sexual que lo habita, relación que es siempre única y, fundamentalmente, inconsciente.

No solo es posible tener una lectura feminista del psicoanálisis sino que el psicoanálisis, el Lacaniano en especial, se ha esforzado sensiblemente por situar al goce femenino y le ha concedido un papel esencial en la estructuración del psiquismo humano. Si bien lo femenino es amenazante, también pone en evidencia que no todo acontecimiento es de orden fálico, es más, que no hay siquiera algún “todo” que pudiera decir en qué consiste un ser hablante, como aspiraría la ideología científica contemporánea. Ninguna totalidad puede sostenerse lógicamente pero son las mujeres quienes en primera instancia, por experimentar lo que escapa a la Ley y la regla del “para todos”, lo que el psicoanálisis demuestra, se encuentran dispuestas a hacer valer lo inclasificable de algún hecho. En suma, lo singular tiene siempre algo de femenino, lo que es válido también para los hombres en la medida en que pueden eventualmente padecer un goce que escapa al patrón fálico.

Por último, aunque Freud ha sido muy criticado por su teoría sobre el Complejo de Edipo femenino, lo cierto es que la finura con la que consigue describir los vericuetos de la feminidad es excepcional y no por casualidad él mismo no dejó de preguntarse qué era lo que una mujer deseaba. Lo que Freud dice sobre la envidia en las mujeres puede considerarse como una verdad parcial pero, en ningún caso, como parcializado por algún tipo de desprecio o rebajamiento hacia las mujeres. Por el contrario, las escuchaba con gran atención y esperaba de ellas que lo orientaran en su búsqueda.

¿Qué clases dictas en el Centro de Investigación y Docencia de Lima (CID-Lima)? ¿Cómo ha sido tu experiencia en la docencia?

He dictado muchas clases en el CID-Lima, el programa de enseñanza no es estático. Haciéndolo, he aprendido que se trata ante todo de transmitir un modo de leer la época en la que vivimos y los sujetos que la habitan, que se transmite siempre el fruto de la propia lectura, hasta donde es posible hacerlo.

Por otra parte, el alumnado se involucra también, ellas y ellos mismos, a partir de lo que es su propia experiencia y de sus propios deseos, de manera que, como en cualquier otro campo, pero tratándose del psicoanálisis en particular, cada cual pesca lo que puede. De allí la importancia de los matemas lacanianos: algoritmos que permiten orientarse en la lectura y seguir una lógica que posibilita la enseñanza del psicoanálisis sin que quede librada al sentido común o al parecer de cada uno.

Por lo demás, para que una clase se sostenga de manera amena y vivaz, basta con que se consiga establecer un diálogo con algunos de los o las participantes. Es muy triste cuando eso no ocurre, y no es fácil porque los textos de Lacan son a veces muy complejos.

¿Desde cuándo eres miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis? ¿Cómo te has sentido en ese ambiente?

Hace poco más de una década que pertenezco a la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Pertenecer a ella me permite ser activa en la introducción y la transmisión del psicoanálisis así como en la construcción de la Escuela, el lugar en que nos formamos las y los analistas; refugio y fortín donde se cuece una política que aboga por el rescate del sujeto: frente al aplastamiento del deseo que las tecno ciencias imponen y al desprecio por el amor que el discurso capitalista promueve, desatando una ferocidad que se nos hace cada vez más patente.

Has sido directora de las revistas La bella carnicera y de La inyección de Irma, ¿cómo fue la experiencia editorial?

Siempre muy intensa pero también muy interesante. A veces se está cerca del lugar donde se fraguan algunas ideas y ser parte de eso es emocionante.

Como psicoanalista, ¿cuál ha sido tu mayor reto?

La práctica clínica es un reto todos los días, especialmente cuando se trata de las fijaciones de un goce. El psicoanálisis es una cura que opera por la palabra, qué duda cabe, pero el verdadero desafío de la práctica es alcanzar alguna rectificación en los modos de satisfacción pulsional de algunos sujetos, o el consentimiento advertido en otros. ¿Cómo intervenir en la escritura salvaje que sobre un cuerpo ha dejado un goce imprevisto? ¿Cómo hallar el modo de decir bien lo que es de orden traumático? ¿Cómo emitir un juicio diagnóstico cuando la relación que los sujetos mantienen con lo que les sucede es pobre, distante, orientada por la búsqueda del placer antes que la de un saber?

La práctica del psicoanálisis no solo exige tomar cada caso como si fuera el primero, como sostenía Freud sino, además, inventar el modo, en cada caso, de hacer hablar al sujeto que llega a la consulta.

¿Qué pueden esperar las mujeres del psicoanálisis hoy en día?

Como dije al inicio, una práctica que las acoge sin albergar prejuicio alguno y que está advertida de la experiencia de un goce incomunicable, pero constatable, que habita en lo femenino.

Habiendo sido directora de la Nueva Escuela de Psicoanálisis ¿Cuál crees que es el mayor reto que enfrenta hoy en día en una sociedad como la peruana?

Las ciencias sociales se preocupaban no hace mucho por el problema de la identidad peruana; las y los científicos sociales percibían que casi no había un rasgo que permitiera la identificación con alguna peruanidad que consiguiese ser valorada por la mayoría. Hoy en día, la comida peruana y, junto con ella otros bienes, como el de la música o el diseño textil, etc., parecen haber conseguido revertir en algo esta situación: al fin habríamos encontrado algo en lo que una mayoría podría reconocerse como peruana con cierto orgullo o, por lo menos, no solo con desprecio. Pero lo cierto es que el país, no por eso, ha dejado de estar profundamente atravesado por una segregación y una desconexión entre pueblos y ciudades que es a la vez llamativa y peligrosa.

Puede decirse incluso que la propia ciudad de Lima es una ciudad compuesta por guetos, qué decir entonces de su relación con las ciudades del interior del país. ¿Cómo salir de esta indiferencia? ¿Cómo no favorecerla? Son varias las consecuencias indeseables de ese rasgo peruano que se comparte sin reconocerlo, como, para citar una, la prevalencia de las dictaduras de pequeños grupos o de algunos individuos, y la minusvaloración, en cambio, de las normas democráticas. La indiferencia y la arbitrariedad están muy extendidas y el lazo entre los peruanos es relativamente débil. Por esa misma razón, creo, también sería difícil que en este país una dictadura cualquiera prosperase durante mucho tiempo: no me parece fácil que mucha gente permanezca aglutinada mucho tiempo bajo cualquier ideología, poco a poco, y de grupo en grupo, cada uno volvería a “lo suyo”, para decirlo de algún modo.

¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la lucha contra la violencia hacia la mujer?

Como he comentado anteriormente, aunque sin desarrollarlo, el psicoanálisis permite el esclarecimiento de las razones por las que se rechaza lo femenino, que escapa siempre a lo que puede reglamentarse, comprenderse o clasificarse. La soledad, el amor y el vacío le son afines. Se las llama locas porque no se entiende lo que quieren, porque contemplan otras cosas que la racionalidad masculina tiene en mente, lo que al mismo tiempo les permite ser más pragmáticas, y porque no se dejan engatusar por los discursos como los hombres, aunque no olvidarán nunca una promesa si de casualidad se les hace una.

La mujer que se sostiene como tal evoca en los hombres lo que no puede domesticarse y que resulta enigmático, eso que el papel de madre, por ejemplo, no consigue absorber o domesticar (de hecho, hay una mujer en cada madre y ese es el lado que resulta más problemático con las madres). Y cuando se hace patente que la satisfacción de una mujer no es del todo colmada por lo que un hombre puede ofrecer, esto puede resultar exasperante cuando no angustiante, despertar los celos y la violencia puesto que desde ese ángulo una mujer aparece como lo que se escapa siempre, como lo que pertenecería a Otro, lo heterogéneo, no reductible al universo masculino. De allí que se quiera destruirlo.

Entrevista realizada por Bethsabé Huamán Andía.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Marita Hamann. Psicoanalista peruana. Estudió psicología clínica y psicoanálisis en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Desde 1990 hace consulta privada. Desde 2002 es docente del Centro de Investigación y Docencia (CID-Lima). Es miembro de la Nueva Escuela Lacaniana de Lima (NEL-Lima) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Ha sido directora de la NEL de Lima y también dirigió las revistas La bella carnicera y La inyección de Irma.

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