Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

Marie Curie

Aunque se trata de una película estrenada el 2016, recién tuve oportunidad de verla hace una semana gracias al Festival de Cine Francés que se realizó en Nueva Orleans. Con Marie Curie me sucedió como con otras películas de mujeres, o sobre mujeres, que pasan como fantasmas por las carteleras de cine. Cuando una se entera que están en exhibición es para inmediatamente darse cuenta que ya no las muestran más.

La película fue subtitulada, para su distribución en el mundo hispano y norteamericano, como “el valor del conocimiento”; sin embargo, la directora Marie Noëlle decidió enfocar su revisión de la vida de Marie Curie (interpretada por Karolina Gruszka) en el ámbito personal y afectivo. Si bien es imposible eludir sus logros académicos, las constantes ralentizaciones de la cámara, las tomas bajo el agua y las imágenes oníricas refuerzan el foco en lo subjetivo y enfatizan una lectura muy personal de la científica más conocida y reconocida que haya existido hasta ahora. Marie Curie (1867-1934) nacida en Polonia y naturalizada francesa, fue la primera mujer en ganar un premio nobel, la primera persona y la única mujer que lo ha recibido dos veces y la única persona que ha recibido el nobel en dos ciencias diferentes.

Pero, como bien debemos suponer, sus logros no estuvieron libres de tropiezos ni de retos. Noëlle resuelve centrar la narración cinematográfica en un periodo de crisis afectiva para Marie, cuando fallece su marido, Pierre Curie (1859-1906), -interpretado por Charles Berling-, producto de ser atropellado por un carruaje, y la posterior relación afectiva que emprende Marie con su colega Paul Langevin (Arieh Worthalter), casado con Jeanne Langevin (Marie Denarnaud). En ese mismo periodo Marie cría a sus dos hijas (Irène y Ève) y debe enterrar a su anciano padre. A pesar de esta intrincada situación emocional, Marie no descuida ni un momento sus investigaciones sobre la radiación como posible cura para el cáncer, ni abandona sus pruebas químicas, las cuales la llevarán a aislar los isótopos radioactivos y descubrir dos elementos: el polonio y el radio.

El haber triunfado en el universo masculino de la ciencia no le hizo más sencilla la pérdida de su marido, especialmente en una época en la que, a pesar de sus logros personales, ella era conocida por el apellido de su esposo y era considerada acompañante de él. A la hora de tener que ser ella la que proveyera del sustento económico a la familia, se ve obligada a buscar trabajo y fondos para sus investigaciones, sin la presencia ni el respaldo de Pierre. Las puertas se le cierran por una fuerte misoginia que seguía considerando imposible reconocer la inteligencia en una mujer, siendo mucho más sencillo adscribir sus logros y descubrimientos a las dotes de su esposo. Las personas y académicos que la apoyaron entendieron que se trataba de una mujer excepcional y que no por ser mujer se le debía limitar en sus capacidades intelectuales, así logró ser la primera mujer aceptada como profesora en la Universidad de París.

El escándalo de estar con un hombre casado puso en peligro su segunda nominación al premio nobel, dado que si era poco aceptable la inteligencia en una mujer, la expresión abierta de su sexualidad era impensable. Marie contó con el apoyo de su hermana Bronia (Izabela Kuna), que la respaldó durante los tiempos difíciles y la ayudó con el cuidado de la casa y la crianza de sus hijas, punto clave para permitir a Marie dedicarse a sus investigaciones y ganar el sustento diario. Sin duda, Noëlle supo elegir uno de los momentos más cruciales de la vida de Marie y retratar a una mujer común pero a la vez excepcional. Especial interés tiene el momento de su histórico encuentro con Albert Einstein (Piotr Glowacki) en la primera conferencia de los Institutos Solvey, en 1911.

El camino abierto por Marie para las mujeres lo continuó su propia hija Irène Joliot-Curie quien recibió el premio nobel de química en 1935, en conjunto con su esposo Frédéric Joliot-Curie. Tanto Iréne como Marie son ejemplo, no sólo de las capacidades intelectuales a las que las mujeres pueden llegar cuando reciben el apoyo de su entorno, sino la posibilidad de una relación afectiva que no está basada en el sometimiento  de uno por el otro, ni en la competencia de uno contra el otro, sino en la camaradería, en el respeto, el crecimiento mutuo, la complicidad y el entendimiento de dos seres que pueden comprenderse en el amor, pero también en el pensamiento. Noëlle dedica gran parte de los cien minutos que dura la película a presentarnos la intimidad de Marie y Piere, a construir una mujer seductora por su inteligencia, que puede conjugar la pasión del saber con la pasión del cuerpo.

Marie Noëlle, también conocida por La mujer del anarquista (2008) y Amar al límite (2001), nos trae al presente, el pasado de una mujer extraordinaria que no se detuvo ante su ansia de conocimiento y que tuvo la suerte de ser valorada y reconocida en su tiempo. Sin duda, Marie Curie ha dejado un legado imborrable para las mujeres de ciencias del ayer y del mañana, así como un ejemplo de lo que hombres y mujeres pueden lograr en conjunto. La familia Curie es la que más premios nobel ha recibido, a los ya mencionados hay que añadir el que recibiera el esposo de su hija Ève, Henry Labouisse, premio nobel de la paz en 1965. Debe ser cierto aquel dicho que dice que dos cabezas piensan mejor que una.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Huamán Andía es Crítica de cine y crítica literaria. Escritora y Feminista. Licenciada en literatura, magister en estudios de género y estudiante del programa de doctorado en español y portugués en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans.

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