Revista con la A

25 de enero de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
49

¿Qué presente y futuro para las niñas?

Livia y Tarraco

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Escultura de Livia como la diosa Ceres. Siglo I d.C. Copenhagen. Ny Carlsberg Glyptokek

En el final del verano hay un lugar donde aún se puede disfrutar de paseos y de un mar plácido: Tarragona. Allí les llevo en esta ocasión.

Cuando en el año 40 a.C. se deshizo el triunvirato que gobernaba Roma, uno de sus componentes se hizo cargo del gobierno de las provincias hispanas. Era Octaviano, el que más tarde se conocería como Augusto y que llegó a Hispania con la pretensión de sumar a su reputación la gloria militar de nuevas conquistas. Desembarcó en Tarraco, una ciudad fundada un par de siglos antes por uno de sus tíos-abuelos, un enclave estratégico con un puerto del que Pomponio Mela decía que era el más rico de la costa. Si se asoman a la muralla que da al mar, verán la imagen de Augusto en la copia de una escultura en bronce (la original, polícroma y en mármol, está en los Museos Vaticanos de Roma).

Tarraco fue el enclave donde llegó el futuro Augusto y de dónde partió hacia las batallas con los pueblos cántabros, pero también el lugar donde se protegía y curaba de sus muchas enfermedades. Aún quedan restos del Palacio que le acogió. Hoy se conoce como Cuartel de Pilatos o Torre del Pretorio.

En el 38 a.C. se casó con Livia. Ella era de familia patricia y este era su segundo matrimonio. Livia y Augusto vivían con modestia y a Livia le tocó encarnar los valores de moral y dignitas romana, los mismos que él, el emperador, propugnaba como sus principios políticos. Pero, además, Livia tuvo poder: en el año 35 a.C., Augusto le concedió el honor de que gestionara sus bienes. Fue la única con tales prerrogativas en todo el Imperio romano. Livia, con su propia clientela, usó sus influencias y propuso leyes que favorecían mejoras para las mujeres (leyes que, por cierto, se abolieron cuando se impuso el cristianismo). Como a casi todas las mujeres poderosas, los escritores y biógrafos posteriores no le perdonaron que también fuera lista. Livia ha sido acusada en los textos históricos y en los divulgativos (fíjense, por ejemplo, en la serie Claudio basada en una novela de R. Graves) de maléfica. En realidad, sólo era una mujer con poder y, además, aficionada a la naturopatía, por lo que producía sus propios remedios naturales y ese fue un buen pretexto para acusarla de envenenadora.

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Imagen del teatro romano de Tarragona

Mientras, Tarraco crecía gracias a sus propias acuñaciones de moneda y a las construcciones que promovía Augusto. El conjunto arqueológico de Tarraco es Patrimonio de la Humanidad. Pueden ver ahora el Pretorio y el Circo pero, sobre todo, les recomiendo visitar el teatro, junto al puerto, con un graderío que se sostiene en la pendiente natural del terreno al modo griego. En cualquier caso, no se pierdan entrar en el casco antiguo de la ciudad -casi todo peatonal- y pasear entre los edificios identificando restos de la antigua ciudad romana. Una visita previa al Museo de Historia les ayudará porque allí hay una gran maqueta que les puede guiar en esa ruta. Luego, en el Museo Nacional Arqueológico, de la Plaza del Rei, podrán ver, además de restos importantes, un lienzo de la muralla romana.

En la expansión de Tarraco también influyó la Vía Augusta (¿quién la construyó?) que conectaba Barcino (Barcelona) con las actuales ciudades Tortosa, Sagunto y Valencia. Pueden conocer, a unos 20 Km. al norte, el Arco de Barà sobre dicha Vía, un arco de triunfo muy bien conservado, que era seguramente el límite de Tarraco con los pueblos nativos íberos: ilergetes y casetanos. Augusto consiguió sus victorias, su prestigio y durante su presencia en las provincias españolas las organizó de nuevo. La Hispania Ulterior fue repartida en las nuevas provincias de Bética y Lusitania. Tarraco pasó a ser la capital de Hispania Citerior, también conocida como Hispania Tarraconensis.

Tras la muerte y deificación de Augusto, en 14 d.C., se edificó un templo en su honor a petición de la ciudad tal y como recoge Tácito: “se accedió a la solicitud de los hispanos para erigir un templo a Augusto en la colonia de Tarraco y con ello se dio a todas las provincias un ejemplo” (Anales. 78.1). Cada año, en el mes de mayo, la ciudad de Tarragona celebra un festival cultural internacional dedicado a la divulgación de la cultura romana: Tarraco Viva.

Respecto a Livia, a la muerte de Augusto y de su hijo Druso, el nuevo emperador, Tiberio, también hijo suyo, la relegó de las tareas de gobierno. No pudo soportar su poderío. Ella murió con 87 años. A su entierro no fue Tiberio, sino que mandó a Calígula a hacer su discurso de despedida, una muestra más del desprecio del nuevo emperador. Menos mal que el nieto de Livia, Claudio, recuperó su memoria y llegó a divinizarla. No suele haber perdón para las mujeres despreciadas por su capacidad.

Si les queda tiempo después de ver la ciudad (por cierto, justo el 24 de septiembre, un día antes de que salga esta revista, terminan sus fiestas de Santa Tecla; apúntelo para el próximo año), sentarse a tomar el vermú en la Plaza del Rei y comer, por ejemplo, en un restaurante de El Serrallo, recorran las playas de la provincia, ahora, al final del verano, cuando ya no hay tantos turistas, cuando aún se puede disfrutar del plácido Mediterráneo.

 

Para saber más:

 

 

pepa-franco-2REFERENCIA CURRICULAR

Pepa Franco Rebollar es consultora social; empresaria desde hace más de veinte años; experta en intervención social y políticas de género. Coordina proyectos de investigación, formación y apoyo a las organizaciones sociales, entidades y organismos de la Administración. Además de su profesión, de sus amistades y de su familia, le apasiona la Literatura y la Historia.

 

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