Revista con la A

25 de enero de 2018
Número coordinado por:
Alicia Gil Gómez
55

La paz en los conflictos. Las mujeres en los procesos de paz y negociación

Las colombianas impulsaron y siguen defendiendo los acuerdos de paz de su país

Carmen Magallón

El proceso de negociación y el Acuerdo de paz alcanzado en Colombia, entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas-Ejército del Pueblo (FARC-EP) puso fin a más de 50 años de un conflicto armado que produjo millones de personas desplazadas y miles de muertos y desaparecidos. A este éxito contribuyeron de manera decisiva las mujeres

El proceso de negociación y el Acuerdo de paz alcanzado en Colombia, entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas-Ejército del Pueblo (FARC-EP) fue en los últimos años uno de los más exitosos del panorama internacional. Puso fin a más de 50 años de un conflicto armado que produjo millones de personas desplazadas y miles de muertos y desaparecidos. A este éxito contribuyeron de manera decisiva las mujeres, organizadas desde hace décadas para acabar con la violencia en su país. Que las colombianas son el grupo más potente en la defensa de la paz, no es algo nuevo. Hace un tiempo, en un tribunal de tesis que juzgaba en Madrid a la colombiana María Eugenia Ibarra Melo, ahora profesora de la Universidad del Valle, ella nos explicaba cómo inicialmente su tesis iba a abordar la experiencia de las mujeres en la guerrilla colombiana. Pero que al adentrarse en el tema constató el gran número de grupos de mujeres que trabajaban por la paz. Así es que finalmente decidió dedicar una parte de la tesis a las mujeres guerrilleras y otra a las mujeres por la paz.

Impulsaron la paz y exigieron estar en las negociaciones. “Las mujeres no queremos ser pactadas sino pactantes” fue el lema de las dos Cumbres Nacionales de Mujeres y Paz. Nueve plataformas, acompañadas por ONU Mujeres en Colombia, se unieron para convocarlas: Casa de la Mujer, Ruta Pacífica, Red Nacional de Mujeres, Mujeres por la Paz, Colectivo de Pensamiento y acción Mujeres, Paz y Seguridad, Grupo de Seguimiento de la Resolución 1325, Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA), Iniciativa Mujeres y Paz (IMP) y Asociación Nacional de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC).

Todavía recuerdo la emoción vivida en la II Cumbre, a la que fui invitada, en septiembre del 2016. En el salón Rojo del Hotel Tequendama de Bogotá, la diversidad de las 600 asistentes eran la muestra viva de la representatividad de la convocatoria. Nelly Velandía, de ANMUCIC, agradecía el trabajo previo de las mujeres, la larga trayectoria que había permitido alcanzar un Acuerdo que incluía la perspectiva de las mujeres: “… a lo largo de nuestra vida nos hemos dedicado a construir un país, una casa y una calle en paz, y a que todas las personas podamos vivir seguras y valoradas en nuestra dignidad humana.”

Las mujeres no queremos ser pactadas sino pactantes

En la I Cumbre (octubre 2013), las mujeres habían acordado tres puntos: uno, el respaldo al proceso de paz y exigencia a las partes de no levantarse de la mesa hasta no llegar a un acuerdo; dos, la insistencia en que el proceso debía contar con la presencia y participación de las mujeres en todas sus etapas, incluyendo la Mesa de Conversaciones en La Habana; y tres, la inclusión, en la agenda de las conversaciones, de las necesidades, intereses y afectaciones del conflicto en la vida de las mujeres.

En la II Cumbre, Velandía explicitó lo logrado hasta entonces: “Fuimos escuchadas 3 veces en La Habana, una como Cumbre; logramos que las partes nombraran mujeres plenipotenciarias en la mesa y logramos que se creara la Subcomisión de Género… Ahora planteamos la necesidad de transformar las causas que dieron lugar a la guerra; que se reactive la mesa de negociación con el ELN; a los hombres, queremos decirles que tienen un compromiso con este país y también con las mujeres; a las excombatientes, que les están esperando en sus familias y a ONU Mujeres y la Comunidad Internacional agradecerles su apoyo”.

Efectivamente, la Comunidad Internacional apoyó las reclamaciones de las mujeres presionando para que se cumpliera la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, que insta a su inclusión en las negociaciones de paz. La creación de la Subcomisión de Género, primera y única en el mundo de este tipo, marcó un hito internacional, logrando que el Acuerdo incluyera la perspectiva de género en todos los puntos. Es cierto que más tarde vendría la decepción del triunfo del No en el referéndum de refrendación, pero finalmente, el 24 de noviembre de 2016, se firmó una segunda versión del Acuerdo refrendado por el Congreso de la República seis días más tarde.

La creación de la Subcomisión de Género, primera y única en el mundo de este tipo, marcó un hito internacional, logrando que el Acuerdo incluyera la perspectiva de género en todos los puntos

Recientemente, participé en una Misión Internacional de verificación del cumplimiento de los Acuerdos de Paz de Colombia, organizada por la Fundación Mundubat y Brigadas Internacionales de Paz. Viajamos a Bogotá y a distintos territorios urbanos y rurales de la zona del Pacífico: Nariño (Tumaco), Valle del Cauca (Buenaventura), Cauca (La Elvira), Chocó (Quibdó) y Urabá (cuencas del Jiguamiandó, Curvaradó y Cacarica). Repartidos en grupos, las y los diez miembros de la misión nos reunimos con organizaciones de mujeres, de víctimas y de derechos humanos; con comunidades de afrodescendientes, campesinas e indígenas; con autoridades locales y nacionales; cuerpo diplomático; organismos internacionales; instituciones creadas por el Acuerdo de Paz y ex combatientes, mujeres y hombres de las FARC-EP ahora del nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Las conclusiones de la misión fueron presentadas en Bruselas, el 6 de diciembre 2017, y están recogidas en el informe (véase enlace, al final) cuyo título, En los territorios la paz no se siente, la esperanza se mantiene, resume bien lo que pudimos captar.  

Recogeré algunas percepciones de líderes feministas con las que hablamos. Claudia Mejía, directora de SISMA Mujer y Marina Gallego, coordinadora de la Ruta Pacífica de Mujeres, tendían a ver el vaso medio lleno. La primera reconocía cambios positivos en el país, “… y de estos cambios sacamos las fuerzas para afrontar el resto. Aunque no se logra una comprensión uniforme de lo que es el enfoque de género, la participación de las mujeres sigue siendo baja y el marco normativo no se ha hecho aún operativo… el esfuerzo se va a ver.”  La segunda destacaba el hecho de que las cifras globales de muertos en el país han descendido significativamente y cómo las mujeres han visto crecer la tranquilidad en sus vidas. “En los territorios, vemos esperanza: en Putumayo las mujeres dicen: ya podemos dormir en pijama… y poner cristales en las ventanas, cuando antes, por las bombas, teníamos plásticos… Tras 50 años de guerra, este país tiene que reubicarse en una cultura de paz y esto es difícil de hacer en un año. Hay que continuar trabajando, aunque solo saldremos adelante si nos creemos que la droga no tiene por qué ser un destino para Colombia.”

Sobre la implementación de los acuerdos, Adriana Benjumea era más pesimista: “Al mundo se le ha vendido que avanzamos en el enfoque de género y fue así, pero nos están sacando de los puntos de reincorporación económica. El enfoque de género enfatiza la violencia sexual pero las mujeres viven también otras violencias. Nos están dejando fuera de los puntos de las tierras y la coca… En cuanto a la seguridad, las mujeres siguen en medio de actores armados. No puede ser negligencia que los espacios dejados por las FARC no hayan sido asumidos por el Estado.”

Ciertamente, las mujeres de las comunidades de la zona del Pacífico nos comunicaron la zozobra y el miedo que estaban viviendo. Los espacios donde estaban las FARC han quedado a merced de la pelea por el territorio entre grupos paramilitares y la guerrilla aún activa del ELN pues el Estado no se ha hecho cargo. El gran negocio de la coca está en la raíz de esta pelea. También de las amenazas, la impunidad y el creciente número de líderes sociales asesinados. Se quejan de la ausencia de una pedagogía de los acuerdos de paz, que les permita conocerlos mejor y exigir su implementación. Pues tienen la esperanza de que finalmente los acuerdos van a mejorar sus vidas. Pero para ello, el Gobierno ha de cumplir. Y la Comunidad internacional seguir acompañando e implicándose para que efectivamente se cumplan.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Publicaciones y enlaces:                                                                  

Fundación Mundubat, PBI Colombia, PBI Estado español (eds.) En los territorios la paz no se siente, la esperanza se mantiene. Informe de Misión Internacional de Verificación sobre la Implementación del Acuerdo de Paz con enfoque de género. Diciembre, 2017. https://pbicolombiablog.org/wp-content/uploads/2017/12/171220-Informe-Misi%C3%B3n-FINAL.pdf

Carmen Magallón: intervención en la rueda de prensa, dada en Bogotá, por la Misión Internacional de Verificación sobre la Implementación del Acuerdo de Paz con enfoque de génerohttps://www.youtube.com/watch?v=CMMQKBnTqD0

Carmen Magallón (2017): “¿Sigue siendo el género una categoría útil para la política? El caso de los Acuerdos de Paz de Colombia”, Real Instituto Elcano. Análisis y reflexiones sobre política internacional, Elcano blog: https://blog.realinstitutoelcano.org/genero-categoria-util-politica-acuerdos-de-paz-colombia/

 

REFERENCIA CURRICULAR

Carmen Magallón Portolés es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz y Presidenta de WILPF España (Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad). Doctora en ciencias físicas y habilitada para profesora titular de Universidad en Artes y Humanidades. Entre sus publicaciones: Mujeres en pie de Paz (Madrid, siglo XXI), Contar en el mundo. Una mirada sobre las relaciones internacionales desde las vidas de las mujeres (Madrid, horas y Horas) y Pioneras españolas en las ciencias (Madrid, CSIC).

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