Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Las arquitectas

CristinaLa Mujer Construye nació de forma espontánea e intuitiva a partir de las inquietudes de un grupo de arquitectas que advertimos la escasa repercusión social de nuestro trabajo, a pesar de nuestra incorporación de hecho al mundo de lo construido 

Decía Ortega y Gasset: “Cuando en un mosaico falta una pieza, la reconocemos por el hueco que deja, lo que de ella vemos es su ausencia; su modo de estar es faltar, por tanto, es estar ausente.” La mujer, como ciudadana de pleno derecho, desde Grecia y Roma donde surge el concepto de ciudadanía, ha estado ausente en el ámbito público. Y, por ende, en el diseño de las ciudades y de las viviendas. Lo que hemos percibido ha sido “la presencia de su ausencia”.

El mundo de la construcción ha sido tradicionalmente masculino; las mujeres eran relegadas a la maternidad, a la transmisión de las costumbres o a la educación de hijos e hijas. Es decir, al mundo del interior. No existían arquitectas, entre otras cosas, porque les estaba prohibido el acceso a las aulas.

Actualmente, las mujeres occidentales se han incorporado al mundo profesional, siendo este hecho uno de los más significativos del pasado siglo XX. Lo que está suponiendo un cambio radical en la concepción de la vida cotidiana. 

La arquitectura es un arte (y una ciencia) al servicio del ser humano. Y una de las razones por la que tantas jóvenes están ahora eligiendo la carrera de arquitectura como forma de vida, es su inclinación por lo social. Además, y entre otras cosas, por su propia capacidad y por esa relación -misteriosa e intangible-, que tenemos las mujeres con las casas.

Pero el camino no ha sido fácil. Aunque en muchas sociedades y tribus primitivas las mujeres se ocupaban de la construcción de su morada, cuando la arquitectura se convirtió en una profesión de poder y de prestigio, fueron ignoradas.

Fue a principios del siglo XX cuando, en la sociedad occidental, irrumpió un nuevo modelo de mujer, definido por su incorporación a sectores culturales y profesionales hasta entonces exclusivamente masculinos. Aunque de una manera tímida al principio, las mujeres empezaron a ser activas en la arquitectura.

Como ejemplos, podemos citar a la irlandesa Eileen Grey, a la finlandesa Aino Marsio Aalto, a la escocesa Margaret Mc Donald Mackintosh, a la inglesa Allison Smithson, a la norteamericana Ray Eames, a la alemana Lily Reich o la francesa Charlotte Perriand. Mujeres que trabajaron y fueron reconocidas gracias a estar asociadas con sus compañeros: Jean Badovicci, Alvar Aalto, Charles Rennie Mackintosh, Peter Smithson, Charles Eames, Le Corbusier o Mies Van der Rohe.

Otras, como Maïja Isola y Marianne Brandt, pertenecientes a la Bauhaus, así como Margaret Kropoholler Staal, Grethe Meyer, Nana Ditzel, Grethe Schutte-Lihotzy o la española Matilde Ucelay, lo hicieron independientemente y no han tenido el mismo reconocimiento.

Un largo etcétera de mujeres valientes, emprendedoras e inteligentes, generosas y entusiastas que trabajaron codo con codo con las vanguardias de la época y también lo hicieron para conseguir su lugar, su “habitación propia”. Y aunque no fueron entonces reconocidas, actualmente son referentes y modelos a seguir. Y su historia se está re-escribiendo.

En las escuelas de arquitectura de todo el mundo hay más mujeres que hombres matriculados. Sin embargo, dentro de la profesión los grandes estudios tienen nombre masculino

Las cosas han cambiado sustancialmente. Hoy en día, en las escuelas de arquitectura de todo el mundo hay más mujeres que hombres matriculados. Sin embargo, dentro de la profesión los grandes estudios tienen nombre masculino y son ellos los que se llevan los proyectos importantes. En nuestro país, todavía el número de mujeres inscritas en los colegios profesionales es muy inferior al de los hombres, las catedráticas de proyectos son una pequeñísima minoría y las mujeres trabajan con un “techo de cristal” que se encarga de mostrar que no cumplen ni el código técnico, ni la eficiencia energética, en cuanto a la igualdad se refiere.

Eso sí, trabajan horas y horas ante el tablero o el ordenador y dirigen obras, aparentemente como uno más, pero se ocupan, en general, de las tareas más ingratas. Muchas veces, ni se dan cuenta. Pero se construye sin su participación real, lo que “se traduce en una pérdida de talento, oportunidades, visión y panorámica de los problemas que afectan a la sociedad en general“, según manifiesta la arquitecta Eva Álvarez.

La profesión, por otra parte, está cambiando, se está humanizando. Incluso podríamos decir que se está feminizando, y está comenzando a extenderse una nueva concepción de la arquitectura con valores ligados a la participación de la ciudadanía en el diseño del lugar.

El “arquitecto estrella”, poco a poco, tiende a desaparecer, siendo sustituido por una transversalidad del oficio, donde el trabajo conjunto de distintas disciplinas junto con el hecho de contar con la opinión y participación de las y los usuarios, es cada vez mayor. Experiencias como “Esto no es un solar” de Zaragoza -con la recuperación de solares en desuso para espacios públicos-, o “Esto es una plaza” en el barrio de Lavapiés de Madrid, avalan lo anterior.

En este momento, los temas son muy variados y en constante transformación. Lo que es más que probable, es que las mujeres estén influyendo positivamente en este cambio de paradigma, al entender que la profesión se articula gracias a la proximidad con la y el usuario y a tener en cuenta al proyectar, el hecho cotidiano.

Es necesario, entonces, escucharlas. Se hace imprescindible su participación.

Pero ¿están preparadas las mujeres para ser las diseñadoras del futuro?

Obviamente sí. Esto es indiscutible y está siendo avalado por profesores universitarios, grandes empresas de diseño y empresas constructoras. Aunque es necesario seguir apoyándolas, lo que nosotras hacemos en nuestra Asociación La Mujer Construye (LMC), que voy a explicar en qué consiste.

LMC nació de forma espontánea e intuitiva a partir de las inquietudes de un grupo de arquitectas que advertimos la escasa repercusión social de nuestro trabajo, a pesar de nuestra incorporación de hecho al mundo de lo construido. Se concibió desde el inicio como un proyecto cultural abierto, colectivo y solidario que tenía -y tiene- entre otros objetivos: reflexionar sobre el papel profesional de la mujer y su aportación al diseño de la arquitectura, promover su participación en el mundo profesional, mostrar a la sociedad el resultado de su trabajo y fomentar nuevas propuestas de creación e investigación al servicio de la ciudadanía.

Como mujeres dedicadas a la edificación, nos empezamos a formular preguntas: ¿qué aportamos nosotras? o ¿qué podríamos aportar como profesionales, al espacio construido, al espacio habitado? Cuestiones que, hasta entonces, no nos habíamos planteado de una manera directa, tras años de formación y desarrollo profesional en un entorno fundamentalmente masculino, y en cuyas respuestas, intuíamos, podía encerrarse el germen de interesantes ideas o de sentimientos por descubrir e investigar.

Estimuladas por unas buenas dosis de entusiasmo y curiosidad, nos embarcarnos en una nave que navega -desde entonces- hacia el futuro, en la aventura de elaborar conjuntamente un proyecto que tiene a la mujer y a la arquitectura como principales protagonistas.

En estos 20 años hemos realizado muchas actividades, apoyadas por diversas instituciones públicas. Unas, vinculadas al mundo de la edificación, como el Ministerio de Fomento. Otras al mundo del conocimiento, como la Universidad de Alcalá, la Politécnica de Madrid o la Universidad de Verano de Granada. Otras relacionadas con la mujer, como la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid o el Instituto de la Mujer. Otras, ligadas con la cultura, a través -por ejemplo- del Instituto Cervantes. Y otras, relacionadas con profesionales de la arquitectura, como es el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España.

Las actividades más significativas durante estos años han sido:

– La creación, a nivel nacional e internacional, de una red de personas interesadas en un proyecto colectivo que vincula la mujer, la arquitectura y la construcción.

– Una recopilación de 200 proyectos donde han trabajado arquitectas de forma significativa.

– “Encuentros en la Arquitectura” y jornadas sobre “Ciudad y Mujer”, en la Universidad de Alcalá, en la Escuela de Arquitectura de Madrid y en otras universidades, como cursos de verano o de primavera, con la participación de profesionales y estudiantes del mundo de la construcción.

– Cinco libros que recogen las ponencias impartidas en algunos encuentros celebrados y tres catálogos de las exposiciones realizadas.

– Participación en congresos, cursos, seminarios, escritos en revistas especializadas, etc., en los que hemos dado a conocer la obra de arquitectas, a través de sus imágenes o de sus reflexiones. También de las arquitectas pioneras, aquellas que nos allanaron los caminos que ahora recorremos con más facilidad.

– Hemos diseñado le exposición itinerante “Construir desde el Interior”, muestra de arquitectura pionera en España, que reúne 70 obras construidas por arquitectas de tres países mediterráneos (España, Italia y Líbano) y de un país europeo (Holanda).

El hilo conductor de esta exposición, concebida como un viaje imaginario a través de la poesía del espacio construido, es la búsqueda de la belleza como aportación a la sociedad, proponiendo una reflexión acerca de la importancia de la relación armoniosa del ser humano con su entorno a través de un recorrido vital, desde la primera casa, la de la infancia, hasta la partida, el final, simbolizado por el proyecto de una estación.

– También hemos diseñado la exposición “Construir en Paridad” (junto con el Instituto Andaluz de la Mujer) con objeto de sensibilizar a la sociedad y a las mujeres, para que tomen conciencia de que en la construcción de la ciudad y de los espacios habitados necesitan de sus “saberes”, de su incorporación activa, indispensable en el proceso de transformación de una sociedad en crisis a la que le urge replantear sus fundamentos.

Durante estos años hemos encontrado una serie de actitudes comunes entre nosotras y queremos reivindicarlas. Son valores evidentemente no exclusivos, como el elogio de lo pequeño, la empatía o la solidaridad. Creemos en la arquitectura del equilibrio, sin estridencias. Nos gusta trabajar desde la serenidad, desde el origen, también desde la crítica. Incluir en el diseño de los espacios la poesía de lo cotidiano. Entendemos el diseño de los espacios habitados fundamentalmente como un compromiso ético y social hacia el ser humano. Pensamos que la vivienda, la ciudad o el edificio público han de diseñarse para todos y todas y con la colaboración de todas y todos: mujeres y hombres, niños, niñas y adolescentes, ancianos y ancianas, emigrantes, marginales o invisibles, personas con discapacidades… Deseamos crear lugares para la vida y para el afecto en el que todas las personas tengamos cabida. Que podamos conformar una ciudadanía de pleno derecho.

Y para finalizar, sólo me queda expresar mi satisfacción al ver que se suceden, en nuestro país y fuera de él, congresos, reuniones y encuentros de mujeres en las artes, en la literatura y en la arquitectura. En nuestra profesión, contando con la participación de arquitectas de ámbito internacional, mujeres que hablan de sus obras y de sus buenas prácticas en distintos congresos, como en el celebrado últimamente en Valencia -coincidiendo con el centenario de la primera incorporación de una mujer a una escuela de arquitectura-, o la serie de conferencias organizadas por la Escuela de Madrid con el título “Mujer y Arquitectura en Iberoamérica”.

Acabo con un poema de la nicaragüense Gioconda Belli. Se llama AVANZANDO y dice así:

A veces pienso que soy una arquitecta del tiempo,

siento que voy dibujando planos con pasados,

presentes y futuros,

urdiendo una delicada caja de palitos de fósforos

donde vivo

– incomprensiblemente sin pensar en tormentas- 

Aunque a ratos me asalten las dudas, brinco

como caballo de carreras

sobre su bien construidas estructuras y sigo, sigo

hacia ese final donde

me espera el bosque verde, la iluminación y el sueño

callado donde nada

me acompañará sino la tierra con su murmullo de

vientre.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Cristina García Rosales es arquitecta por la ETSA de Madrid y Máster de Diseño en Herriot Wat U. (Edimburgo). Trabaja en su estudio, compaginándolo con la presidencia de la asociación La Mujer Construye, de la que es cofundadora. Ha publicado numerosos artículos y dos libros, Los días en que nos inventamos (HazMilagros, 2008) y Deseo de ciudad: arquitecturas revolucionarias (Mandala, 2010). Además, es madre de dos hijas, Julieta y Carolina. Como arquitecta ha firmado y realizado numerosas obras, desde centros oficiales a viviendas, pasando por las más delicadas rehabilitaciones. Asimismo ha impartido conferencias y montado exposiciones tanto en nuestro país como en el extranjero: Beirut, Roma, Utrecht…

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