Revista con la A

25 de mayo de 2018
Número coordinado por:
Guadalupe Huacuz
57

Mujeres, música y feminismo

La voz y la identidad desde la perspectiva de la Musicoterapia

Violeta Schwarcz

Si podemos entender que dar voz es una forma de movernos y reflexionar acerca de quiénes somos, de nuestra identidad, que se construye en lo oído, en los significados que vamos internalizando directamente sin cuestionarlos, y nos proponemos abrirlos, éste reposicionamiento nos permitirá empezar a desempolvar y encontrar las diferencias entre los roles asignados

Pensar en la voz de las mujeres como forma de expresión, implica corrernos de la posición pasiva, de silencio o de eco, adoptada en una sociedad que hemos construido a partir de mandatos, como el “ser madre”, y el peso que eso conlleva desde una determinación biológica. Pero si podemos entender que dar voz es una forma de movernos y reflexionar acerca de quiénes somos, de nuestra identidad, que se construye en lo oído, en los significados que vamos internalizando directamente sin cuestionarlos, y nos proponemos abrirlos, éste reposicionamiento nos permitirá empezar a desempolvar y encontrar las diferencias entre los roles asignados, los lugares rigidizados y la construcción cotidiana de las funciones que podemos elegir o no asumir.

La Musicoterapia es una disciplina que aborda la subjetividad a partir de las producciones expresivas que los seres humanos generamos, no siendo solamente el lenguaje verbal la única, trabajamos con el sonido, la música, la voz y el cuerpo entre otros medios de comunicación.

Si hablamos en particular de la voz, como el elemento más propio, más primigenio de un sujeto, ya que desde el nacimiento, el grito, el llanto, hasta llegar al habla, se van construyendo a puro cuerpo sonoro, y nos permite diferenciarnos de las y los otros. No hay dos voces iguales, no hay dos personas iguales. La voz es un signo de nuestra identidad que hace que nos reconozcan y nos diferencien.

¿Pero cómo se va construyendo este rasgo de la singularidad? La construcción de la identidad se comienza a formar a partir de lo oído, y esa audición no es sólo desde el nacimiento, sino también ya intrauterinamente, al quinto mes de gestación, hay reacciones del feto a partir de los estímulos auditivos que le llegan del exterior. La audición es el primer registro sensorial que se forma y el primero que permite inconscientemente registrar al otro.

¿Quién es ese otro sujeto que nos habla, nos canta, nos dice? Ese primer otro será la madre o quien cumpla la función.

Y aquí un enunciado que puede funcionar como obstáculo y que debemos analizar: “Sólo una madre biológica es la que llega a impactar al bebé con su voz. Y si tenemos voz es a partir de lo primero que hemos oído”.

Este planteo conlleva otra pregunta asociada: ¿Qué es una madre?, cuestionamiento también por la identidad, que parece sólo responderse desde el lugar de la mujer.

 “Sos mujer, no sos varón”, “si sos mujer tenés que hacer… entre tantas otras cosas, la más importante, sos la que trae los hijos al mundo, entonces tendrás el rol (responsabilidad) de criarlos, socializarlos, sostenerlos…etc.”. Dicen los mandatos sociales que circulan como máximas axiomáticas, ya que además se argumentan socialmente a partir de la idea: “si sos mujer tenés un instinto maternal” o sea que eso es lo que permite que despliegues sin ningún cuestionamiento el rol social central.

Pero, si es un rol implica distribución de “derechos y deberes”, ¿cuáles serían entonces los derechos maternos?, esos se los debo por hoy, ya que implicarían otro espacio de discusión. ¿Y los deberes? Naturalizados, es decir obligaciones consideradas naturales a partir del “instinto” propio de la mujer.

Siguiendo esta argumentación, si el hombre puede criar a un niño, constituirlo y formarlo sería sólo en tanto fallecimiento o abandono de la madre. Un ejemplo entre otros, para considerar, que nos lleva a tener que diferenciar entre los conceptos de rol y función.

El desarrollo fisiológico no nos humaniza. Las y los hijos no son solamente aquellos con los que compartimos lazos de sangre

¿Rol o función materna?:

Sería interesante poder empezar a abrir los argumentos que expusimos, los significados que tenemos “hechos carne” ya que fueron transmitidos como verdades irrefutables históricamente, sustentados en un forzamiento biológico, pues además provenimos del vientre de una mujer. Pero el desarrollo fisiológico no nos humaniza. Las y los hijos no son solamente aquellos con los que compartimos lazos de sangre.

Y aquí el concepto central de lazo, lo que enlaza, lo que permite armar vínculo, lo que sostiene, el ida y vuelta de afecto a través del lenguaje, de los gestos, las caricias, el encuentro de las voces.

¿Quién puede prodigar esto? “Sólo la mujer, en tanto sensibilidad femenina”. Otra representación social que no analizamos. ¿Qué del sexo y del género produce la sensibilidad?, ¿cuál sería el límite para que otro pueda hacerse cargo?

Si analizamos estas ideas podemos diferenciar entre el rol socialmente asignado al sexo, como determinación lineal, y la función materna como construcción social intersubjetiva que nos permitirá comprender lo que sí es, condición de necesariedad para que el proceso de constitución subjetiva comience a desplegarse, ese largo camino de la humanización de la persona.

Podemos considerar entonces las dualidades excluyentes que sostienen las proposiciones expuestas: mujer-varón; rol materno-rol paterno; biología-cultura o naturaleza-ley. Estas falsas dicotomías o versus se pueden pensar desde las funciones más allá de los sexos.

Si retomamos la idea de la voz, como primera herramienta sonora [1], que nos permite la expresión y la escucha como posibilidad de captación y registro de la realidad encontramos que:

  • La voz en la función materna se distingue por su repetición, su permanencia, su frecuencia, el ritmo de las entonaciones, las voces familiares del entorno en la que se encuentre inmersa/o.
  • Podemos considerar este primer lazo sonoro como medio que permite la transición tanto de la vida fetal a la vida exterior, y a partir de ahí a la vida social.
  • Será entonces la producción sonora el vehículo constante que permita el cambio constitutivo y, como lazo, generará la estructura de apoyo, el reconocimiento de ese otro que sostiene, condición necesaria para la supervivencia no sólo física sino también para la constitución psíquica del sujeto.

Si la voz materna es la constante que enlaza a la criatura desde los inicios de dicha constitución, podemos utilizar la metáfora de “la sombra hablada” [2] para explicar la conducta constante del discurso materno que se proyecta sobre el cuerpo del bebé, esa sombra parlante, sonora, ese soliloquio a dos voces sostenido en dicha función.

Soliloquio materno, ya que la imposibilidad del uso de las palabras por parte del bebé, permite que el otro interprete las manifestaciones corporales del hijo o hija, y le atribuya su sentido. Resguardándose de toda contradicción, produciéndose una violencia primaria en tanto imposición de la significación. Dándole un sentido único e inalterable, como valor de verdad que será leído por la figura parental.

Se constituye así la voz materna en la herramienta de proyección no sólo del sentido en términos lingüísticos sino del desplazamiento en el cuerpo del bebé de los anhelos y deseos en relación al hijo o hija, anticipándose a lo que la voz enunciará en un futuro. Esa sombra habla a través del lenguaje emocional, del amor, le pone una voz al vínculo fusional o simbiótico.

Se puede pensar que estas primeras experiencias producen un “baño sonoro” [3] como envoltura que constituye al Sí mismo, a la identidad, con anterioridad al propio registro del Yo, que permite ese ida y vuelta de los sonidos emitidos por la voz materna y las expresiones del bebé.

Retomando el planteo original, ¿es sólo la mujer la que puede ejercer esta función?, o quien preste cuerpo, preste voz. Quien se presente en el proceso de constitución dotando de una multiplicidad de sentidos, significaciones mediante la interacción en el establecimiento de los vínculos constantes, que se expresarán a través del lenguaje, que son la urdimbre, la primera estructura de sostén del sujeto, en su ingreso en el universo simbólico. Esa cultura que nos antecede, constituida a su vez por otras voces que nos precedieron. El tema estará en abrir los significados, cuestionar los sentidos, crear nuevas significaciones para no replicar o repetir la estructura cristalizadamente.

 

NOTAS:

[1] Schwarcz López Aranguren, V. (2013) El lugar de lo sonoro en el proceso de constitución subjetiva. Tesis Doctoral. Facultad de Psicología y Psicopedagogía, Universidad del Salvador. Biblioteca Central, Buenos Aires, Argentina. http://redbus.usal.edu.ar/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=100433&shelfbrowse_itemnumber=162607#holdings

[2] Catoriadis-Aulagnier, P. (2001) La violencia de la interpretación. Buenos Aires: Amorrortu.  

[3] Anzieu, D. (2003) El Yo-piel. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Violeta Schwarcz López Aranguren es Doctora en Psicología, Universidad del Salvador; Licenciada en Psicología, Universidad de Buenos Aires y Musicoterapeuta de la Universidad del Salvador. Profesorado Nacional de Música, especialidad Piano en el Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo, Argentina. Además, es Profesora Titular en la Universidad del Salvador en las Cátedras de Dinámica de Grupos, Metodología y Estadística y Seminario de Investigación de la Licenciatura en  Musicoterapia y Titular en el Instituto de Enseñanza Superior N°1, Cátedra de Lenguajes Expresivos aplicados a la Psicopedagogía, Carrera de Psicopedagogía. Es Jefa de Trabajos Prácticos, Universidad de Buenos Aires, Cátedra de Psicología Social en la Licenciatura en Psicología. Se ha desempeñado como Profesora de posgrado, Universidad CAECE, Cátedras de Psicología Educacional y Semiótica de la Música; Metodología de la Investigación; Seminario de Diagnóstico y Orientación del talento musical de la Maestría en Didáctica de la Música; Psicología Educativa y de la Percepción Musical, Lic. de Enseñanza de la Música. Ha publicado más de 100 trabajos entre capítulos de libros, investigaciones y artículos y dictado cursos de posgrado y conferencias a nivel nacional e internacional siendo sus áreas de interés en investigación la epistemología y clínica psicológica y musicoterapéutica.

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