Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Jackie

Es muy popular el refrán que dice “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. La película Jackie (2016) se centra precisamente en la Primera Dama, Jacqueline Kennedy (1929-1994), en uno de los momentos más dramáticos de su vida, el asesinato de su esposo y entonces trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963).

Dirigida por Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976), la película es un acercamiento íntimo a la vida de “Jackie”, como la familiaridad del título ya nos lo indica. No busca acercarse a la figura pública sino a la mujer en la soledad de su habitación, en los minutos frente al espejo -previos a las grandes ceremonias-, en sus confesiones religiosas, en sus manías cotidianas. Sin embargo, aunque sin duda la actuación de Natalie Portman nos retrata una verídica y vívida Jackie, que de pronto parece rescatada del tiempo, no llegamos a vislumbrar esa grandiosidad oculta que el refrán nos invita a buscar, o que el mismo hecho de que la cámara se le dedique a ella -y no a él- nos llama a esperar.

La cercanía, por tanto, no nos lleva a respondernos quién fue Jacqueline Kennedy, aunque sí nos aporta con detalles y datos biográficos que muy posiblemente nos eran desconocidos. Si tuvo una gran preferencia por las artes y se ocupó por preservar la historia que transitaba en los corredores de la Casa Blanca, nos sentiremos inclinados a ver en ella una mujer inteligente, sensible, de buen gusto, aunque tímida, pero cuya grandiosidad parece reducirse a su rol como esposa y madre, a su lucha por preservar la memoria de su marido, asesinado en circunstancias que aún no han sido completamente esclarecidas. Ella fue ante todo la esposa abnegada y la madre amorosa que todo “gran” hombre necesita. Y eso es todo. Si Larraín buscaba entregarnos una figura histórica entrañable, más allá de su estar presente en uno de los momentos más dramáticos de la historia de Estados Unidos, no lo logra. Entonces el biopic más que una oda a Jackie parece una oda a Natalie.

Sin embargo, creo que Larraín acierta en tres aspectos que deseo destacar en este breve comentario. En primer lugar, tal vez a pesar suyo, termina siendo cierto que detrás de un gran hombre existe una gran mujer, no en el sentido de encontrar en ella secretas cualidades intelectuales o políticas que la hacen imprescindible, sino en el sentido en que nos los muestra Jackie, el entorno emotivo, el confort material y la calma cotidiana que se requieren para que ese tipo de grandiosidad surja, es decir, el sacrificio del otro, la mujer, que es necesario para que el hombre llegue al escalafón más alto, uno en el que las mujeres tienen un rol bien específico que cumplir como primeras damas, que no es otra cosa que decir, como segundonas. Si Jackie hubiera tenido aspiraciones propias, intelectuales o políticas no hubiera sido una dama apetecible para acompañar a uno de los hombres de la Historia. Y sin embargo, en ese rol, ella es igualmente imprescindible para tal logro, por tanto, esa dupla es vital para el modo en que la sociedad define a hombres y mujeres.

En segundo lugar, me parece muy interesante el vínculo que la película, retomando la vida de Jackie, enfatiza entre ella y la casa. Aunque se trata de una casa provisional, como sólo puede serlo la Casa Blanca, ella la dota de una identidad propia, de una personalidad. Tal vez ella no fuera muy elocuente en sus palabras, en su conversación, pero su personalidad es tangible en esos elementos “superfluos” -desde una mirada masculina y hegemónica-, como son el color de las alfombras o la elección de sus vestidos. Jackie, como muchas mujeres inteligentes que se ven desplazadas a un segundo lugar en aras de la familia tradicional, desarrolla muchas formas de comunicar su interior, a través de su ropa, de la decoración y de todos esos pequeños detalles que hacen de la vida, la vida misma. Larraín en ese sentido nos puebla la Historia, de una “historia”, así con minúsculas, la de lo cotidiano, de las formas invisibles en que las mujeres dejan huella. Por ello, en un punto pareciera que es el vínculo con la casa, y su posterior desalojo de ella, lo que marcará a Jackie mucho más que la abrupta separación con su marido, cuya fama de libertino y su condición de poder lo había alejado de las sencillas alegrías que el hombre común puede disfrutar en el seno de su familia.

En tercer, y último lugar, la obvia evidencia de que Jackie estuvo también en peligro de morir y que sobrevivió, con lo que nuevamente nos queda una enseñanza del mundo, el mundo destruido por los hombres y erigido día a día por las mujeres. Como en toda guerra, como en todo momento de debastación y desolación, son las mujeres las que primero se levantan porque hay que dar de comer a las y los hijos, porque hay que buscar dónde dormir, porque la vida continúa. Precisamente porque su lugar parece insignificante, ellas pueden seguir adelante sin aspavientos para demostrar, con los hechos y no con las palabras, que sin ellas el mundo dejaría de girar. Jackie, a pesar de la tragedia y del duelo, no podía parar, sus hijos estaban ahí para empujarla a continuar.

Es difícil saber en el caso de un director tan versátil como Larraín, nominado a los premios Oscar por la película No (2013) -protagonizada por Gael García Bernal- y recientemente alabado por Neruda (2016), qué es lo que buscaba con este film. Su obra, de quien también he visto Tony Manero (2008), transita por universos que saltan tan fácilmente de lo abyecto a lo espectacular que es difícil dar una opinión acertada. Algunos críticos de cine ven una continuidad entre Neruda y Jackie, apelando a ciertas coincidencias generales como el hecho de que ambas películas se estrenaran el mismo año o a que son biografías. Sin embargo, esta lectura conjunta me parece un poco gratuita si consideramos los estilos disímiles de cada una, así como la elección de los personajes, opuestos entre sí. En efecto, todo lo que tiene Neruda le falta a Jackie, empezando por su activismo político. Y todo lo que tiene Jackie le falta a Neruda, esa forma de existir basada en las pequeñas y silenciosas cosas.

 

 

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Huamán Andía es Crítica de cine y crítica literaria. Escritora y Feminista. Licenciada en literatura, magister en estudios de género y estudiante del programa de doctorado en español y portugués en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans.

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