Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Gestión cultural: la oportunidad para una deuda olvidada con la ciudadanía

Beatriz Velardiez Modroño

Beatriz Velardiez Modroño

La cultura representa y a su vez conforma los valores, las actitudes, las visiones del mundo de quienes la crean y de quienes la contemplan

Poner en contacto a la cultura con la sociedad a través de una programación y unos proyectos culturales, tal es el objetivo de la gestión cultural. Una nueva rama profesional que puede ser la oportunidad para cobrar una deuda adquirida con la ciudadanía a lo largo de la historia y que aún hoy resulta olvidada en las grandes colecciones, manifestaciones y eventos artísticos de toda índole: rescatar del olvido a tantas y tantas mujeres que hicimos y hacemos cultura y que sin embargo nuestro nombre queda relegado a un terreno incierto. Representar, al fin y al cabo, a la totalidad de la ciudadanía a través de la cultura.

La cultura representa y a su vez conforma los valores, las actitudes, las visiones del mundo de quienes la crean y de quienes la contemplan. Hay quien afirma que las matemáticas, o la economía, son los motores del mundo. Faltaría en esta afirmación un elemento clave: la cultura. Porque la cultura refleja las costumbres y tradiciones de una época y lugar; porque ésta recoge en sus diversas manifestaciones cómo late una sociedad y porque, a su vez, es creadora de nuevos raciocinios, de nuevas costumbres, nuevas revoluciones.

La gestión cultural pretende recoger todas las manifestaciones culturales, desde la más cotidiana hasta la más ecléctica, de un momento histórico determinado, acercándolas a la sociedad a través de diversas iniciativas y actividades. Pone la cultura al servicio de la ciudadanía y ésta a su vez se enriquece y desarrolla con tal actividad. Pero ¿qué sucede cuando dentro de este conjunto heterogéneo que es la ciudadanía sólo está representada una parte homogénea de la misma? Mucho queda atrás, y por lo tanto la cultura no será una representación fiel de una realidad, y no será un reflejo de las necesidades sociales de dicha realidad.

La gestión cultural pone la cultura al servicio de la ciudadanía y ésta a su vez se enriquece y desarrolla con tal actividad

Por eso, la gestión cultural debe erigirse como una profesión cuya principal función sea hacer presentes y no relegar al olvido de una época pasada todos, y digo todos, esos valores que marcan el día a día de una sociedad. Sólo así contribuirá a crear valores y mentalidades, convirtiendo, a su vez, la actividad social que gestiona en influenciadora sine qua non de esa época presente.

A lo largo de la historia la cultura ha estado fuertemente influenciada por esa desigualdad entre sexos, que no permitía a las mujeres ser creadoras sino meras musas, ayudantes de ellos, genios, creadores de cultura y pensamiento.

“La historia del arte, del pensamiento, de la ciencia, nos ha sido a menudo contada como fruto del genio de algunos individuos excepcionales, siempre de sexo masculino. Semejante visión deja en la sombra a las mujeres que no solo han acompañado, ayudado e inspirado a esos hombres (las “musas”) sino que con frecuencia han sido creadoras a su vez.”, narra la presentación del ciclo ‘Ni ellas musas ni ellos genios’ que promueven Pilar V. de Foronda y Laura Freixas desde la asociación Clásicas y Modernas.

Hagamos un poco de historia. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando, con el impresionismo, las mujeres artistas creadoras de cultura comenzaron a tomar más relevancia, cuando comenzaron a ser admiradas por su capacidad de crear cultura. Antes de esta época ellas tenían que esconder su condición femenina firmando sus obras con iniciales (algo a lo que se vio ha visto obligada la contemporánea escritora de ficción Joanne Rowling, más conocida como J.K. Rowling y su saga de Harry Potter, al pensar sus editores que vendería más si se desconocía su condición de mujer, como si de un estigma se tratase), adoptando pseudónimos masculinos o disfrazándose de hombres, como tuvo que hacer la pintora Rosa Bonheur.

Y aunque a algunas personas pudiera parecer lejana esta invisibilización de las mujeres en la cultura, lo cierto es que no lo es tanto. La situación de la escritora británica Joanne Rowling no es el único caso con el que nos hemos topado en los últimos años. Recientemente ha salido a la luz la injusticia sufrida por Fumiko Negishi, la pintora que ha trabajado en negro durante décadas para el conocido artista pop Antonio de Felipe y que hace unos días denunció públicamente el robo de sus obras.

Una micro historia que se repite a lo largo de la macro historia: la apropiación impune del trabajo de las mujeres por parte del “sexo fuerte” (nótese en estas palabras un fuerte tinte cargado de ironía).

No ha sido hasta ahora cuando una de las grandes pinacotecas europeas, el Museo del Prado, ha inaugurado la que es la primera exposición en toda su historia dedicada íntegramente a una mujer pintora: El arte de Clara Peeters. Una situación que no es diferente en los demás grandes museos nacionales e internacionales. Los informes de la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales (MAV) ponen de manifiesto que en museos como el de Arte Contemporáneo de Barcelona, sólo un 3,8% de las obras expuestas pertenecen a mujeres, una cifra muy parecida a la del Museo Nacional de Arte Reina Sofía (del 4%). Los varones han sido y son los mejores representados en cualquier colección de los museos de arte contemporáneo españoles, y lo mismo sucede con el resto de las manifestaciones culturales.

En el cine, por ejemplo, la presencia de la mujer es escasa tanto detrás como delante de las cámaras. La mayoría de los papeles femeninos están fuertemente estereotipados y no representan la realidad de las mujeres. Son personajes femeninos “que reflejan una imagen de las mujeres desde la perspectiva masculina” (Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres, así lo comentó en un artículo publicado en octubre de 2015 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/2015/10/29/mujeres-en-el-cine.html) Cuando no son meros objetos sexuales, papeles secundarios puestos al placer, voluntad y dominio del hombre, en lo que ya conocemos como una clara cosificación de la mujer (la mayoría de las películas no pasan el llamado test de Bedchel que analiza el grado de objetivación y otras formas de discriminación hacia las mujeres que aparecen en los medios de comunicación).

El cine hecho por mujeres y las historias de mujeres tienen menos oportunidades de financiación; la mayoría de las actrices “caducan” cuando pasan cierta edad

El cine hecho por mujeres y las historias de mujeres tienen menos oportunidades de financiación; la mayoría de las actrices “caducan” cuando pasan cierta edad y en las industrias cinematográficas continúa existiendo una gran brecha salarial, tal y como denunció Patricia Arquette en su discurso en la entrega de los Oscar ante los aplausos fervorosos de Meryl Streep. La española Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) denuncia que menos del 8% de las películas que se producen están dirigidas por mujeres y que su participación en la elaboración de guiones o producción no alcanza el 20%.

Miremos hacia donde miremos, la cultura tiene una gran deuda con las mujeres y, por tanto, una gran deuda con la ciudadanía. Ya sea representándonos, ya sea haciéndonos partícipes de su realización y confección, la discriminación a las mujeres y las visiones estereotipadas que no se corresponden con la realidad tienen una gran presencia en un campo tan importante para el desarrollo del pensamiento y la condición humana como lo es la cultura.

Por eso ahora la gestión cultural tiene una gran oportunidad de pagar esa deuda que la cultura ha adquirido con la ciudadanía. Para las ya olvidadas, la gestión cultural se erige como una oportunidad de devolverles una voz que les fue arrebatada. Para las actuales creadoras de cultura es el momento de darles las mismas oportunidades que a los creadores masculinos, de lograr esa tan ansiada equidad, ese equilibrio que realmente dará cuenta de los valores, actitudes y movimientos sociales de una época.

Porque si más del 50% de la sociedad somos mujeres, ¿realmente podemos afirmar que la cultura es el reflejo de dicha sociedad en una época y lugar determinados cuando se nos niega la expresión cultural?

 

REFERENCIA CURRICULAR

Beatriz Velardiez Modroño es comunicadora y fotógrafa. Trabaja como responsable de comunicación en la Asociación de Mujeres para la Salud y es miembra de la junta directiva de la Asociación Generando Arte, de mujeres artistas en lucha contra la discriminación y la violencia contra las mujeres.

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