Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

George Sand y la Cartuja de Valldemosa

Las Baleares en general y, la isla de Mallorca en particular, son un destino deseado por el turismo. En 2017 fueron casi 17 millones las personas que visitaron el archipiélago.

Es un fenómeno que viene de lejos. Ya en 1787, se publicó en Madrid un libro titulado Descripciones de las islas Pithiusas y Baleares, cuyo autor realizaba las cartas náuticas de las costas españolas y se vio obligado a recalar por el mal tiempo en el puerto de Ibiza. Y a partir de 1837 el servicio regular de comunicaciones entre Palma y Barcelona facilitó la llegada de personajes que, por razones políticas, científicas o meramente románticas, visitaron Mallorca y dieron cuenta de su viaje en distintas publicaciones.

Sin embargo, la primera turista mallorquina por excelencia fue George Sand que recogió en Un invierno en Mallorca (1841), las impresiones de un viaje lleno de incidentes.

En realidad, se llamaba Aurore Dupin y había nacido en Paris en 1804.

En las biografías de Aurore se abunda en cómo el origen aristocrático de su padre -un capitán del ejército francés cuya madre era nieta del rey de Polonia y amiga de Voltaire- no encajaba bien con el origen popular de su madre y en cómo esta circunstancia marcó su vida. El capitán Dupin fue mariscal de campo de Murat en España y la madre de Aurore viajó con su hija y su marido a Madrid, embarazada de nuevo, en abril de 1808. En Historia de mi vida, George Sand recuerda el palacio de Godoy en el actual Instituto de Estudios Políticos y Constitucionales en Madrid. Su madre la disfrazó de soldado, tal vez la primera vez que se vistió de hombre. Tenía cuatro años.

Poco después de regresar a Francia su padre murió en un accidente de caballo y ella vivió con su abuela paterna y su madre en la ciudad de Nohant (en el Château de Nohant está la Casa Museo de George Sand, por si tienen oportunidad de ir). La relación entre su madre y su abuela estuvo llena de tensiones y, finalmente, la madre la dejó con su abuela y se fue a Paris. A pesar de todo, Nohant es para Aurore su paraíso en la tierra: la abuela la mima y ella monta a caballo por la campiña cómodamente vestida de hombre. En 1821 murió su abuela y Aurore cuenta en su biografía que tuvo que darle la razón cuando le anunciaba: “con mi muerte pierdes a tu mejor amiga”.

No era fácil obviar el matrimonio, así que se casó al año siguiente con Casimir Dudevant, un hijo natural de buena familia y se quedaron en Nohant. Un año después nació su hijo Maurice. En su literatura, ella habla siempre de la infelicidad de su matrimonio. Llega a decir de las muchachas: “Las educamos como santas y luego las entregamos como potrancas”. Para ella es una experiencia traumática a la que se referirán muchas escritoras de la época, aunque con menor libertad que George Sand para quien la relación conyugal supone básicamente una violación de hombres que no conocen la sexualidad femenina. En realidad, con su marido no encontraba nada en común. Totalmente insatisfecha, conoció a otros hombres (Sandeau y Musset, por ejemplo) y tuvo a su hija Solange. Destaca en sus biografías que a lo largo de su vida mantuvo muchas relaciones sucesivas pero, en la mayor parte, la sexualidad apenas jugó un papel importante. En general, cuidó y mantuvo a hombres débiles. En 1831 se instaló en París abandonando a su marido, decidida a emprender su carrera literaria. Antes había probado con la pintura y los bordados.

Tuvo una relación difícil con las mujeres de su tiempo. (Lo mismo que le ocurrió a Emilia Pardo Bazán, por ejemplo). Y también con Solange que manifestó abierta animadversión hacia su madre.

En 1830 llevar pantalón, levita, unas botas cómodas, fumar, etc., era un escándalo. En 1832, ya con el seudónimo de Georges Sand, publicó Indiana y Valentine.

La novela Léila (1832) la hizo famosa porque se leyó en clave biográfica y muestra la insatisfacción sentimental de la autora y su posible lesbianismo. Maurois, en su biografía, la define frígida (¡ay, esa heterodesignación!). Otro escritor, Lamartine, la denominó “la mujer que perdió su sexo”. Lo cierto es que lo que trataba Aurore era que su sexo no fuera un problema para que valoraran su obra, como tantas (recordemos que también, en la misma época, Cecilia Von de Faber será Fernán Caballero, por ejemplo). Pero para George Sand a esta intención se suma su necesidad de adoptar los rasgos de la masculinidad que considera beneficiosos para su vida y su obra. Identifica al varón con la libertad, quería sentirse una más en un contexto de hombres, nos dice Anna Caballé en una conferencia de 2014.

Publicó otras novelas: Jacques (1834), André (1835) y Mauprat (1837). De regreso a Nohant, Michel de Bourges le hizo interesarse por la política; trató a Liszt y a Lamennais y se hizo discípula entusiasta del socialista P. Leroux.

Las escritoras españolas del siglo XIX se vieron influidas por el atrevimiento de las novelas de George Sand, por ejemplo, cuando distingue entre sexo y género, ¡en el siglo XIX!, porque en la mayoría de sus novelas diferencia entre el sexo biológico y el condicionamiento cultural que impide a las mujeres la libertad o la igualdad. Así que la sociedad literaria francesa en parte la defendió, pero, sobre todo, la atacó. Baudelaire la llamó “letrina” y Nietszche, “vaca lechera”.

¿Y cómo llegó a Mallorca y a Valldemossa?

Cuando Frédéric Chopin conoció a Aurore, en 1836, le había abandonado su mujer, María Wodzinca. Empezaron su relación (ella cuidadora, él dejándose cuidar) y él tenía tuberculosis -aún no diagnosticada- y ella reuma. Buscaban un clima suave y se propusieron ir a Mallorca. Llegaron con el hijo y la hija de Aurore, Maurice y Solange, para pasar el invierno de 1838.

Tras unos días soleados, agradables, con paseos por el campo, apareció el mal tiempo. Lluvias, frío húmedo, un mal entorno para sus dolencias. Allí fue cuando Chopin fue diagnosticado de tuberculosis. Tras un breve tiempo hospedados en el Consulado de Francia, hicieron una excursión a Valldemossa y descubrieron su Cartuja. Ésta había sido abandonada por los monjes tres años antes y la pareja alquiló algunas dependencias. Estuvieron desde el 15 de diciembre de 1838 hasta el 12 de febrero de 1839. El compositor apenas salió de sus habitaciones mientras George Sand se ocupaba de todo y, además, escribía. Él compuso, entre otras obras, sus Preludios, la Polonesa en Do menor o la Mazurca en Mi menor; y ella su novela Spiridón. La relación con las y los paisanos no fue fácil y quedó reflejada en su cuaderno de viaje, Un invierno en Mallorca, que publicó ya en Francia en 1841. Ella misma cuenta que regresó de Mallorca con tres niños y el más pesado de los tres era Chopin.

¿Qué encontrarán ustedes si van ahora a Valldemossa?

Si lo hacen en estos momentos, en pleno verano de este hemisferio, posiblemente les rodearán muchos otros turistas. Sin embargo, vale la pena. El pueblo de Valldemossa, en medio de la sierra de Tramuntana, es pequeño, con calles estrechas y empinadas, y la Cartuja sigue allí y le da a todo el paisaje el toque romántico necesario para enamorarse aunque sea en medio de una excursión programada.

La Cartuja fue fundada como residencia real y luego convertida en monasterio de la Orden hasta su secularización en 1835. Cuando en el siglo XIX el marqués de Laborde la visitó, explicó en su Itinerario descriptivo de España (1809) que los mojes cartujos eran entonces treinta y tres y “cada uno tiene tres pequeños cuartos para alojarse y un jardín en el que se cultiva flores y hortalizas. Los forasteros son bien recibidos en el monasterio; se los aloja y los nutre durante tres días. La iglesia y el claustro son muy bellos: las tierras que rodean esta cartuja son propiedad y se saca todo lo necesario para vestir y comer: trigo, aceite, fruta, hortaliza y, en cuanto a los paños, se fabrican al monasterio. La renta de estos religiosos sobrepasa con mucho sus necesidades y todos los gastos; también hacen muchas limosnas a las familias pobres y son generosos con los que trabajan en su casa”.

Abierta ahora al turismo, cuenta con un museo municipal donde se pueden ver, entre otras maravillas, los fondos de la imprenta Guasp del siglo XVII; la farmacia monástica fundada a comienzos del siglo XVIII; la celda Prioral; la iglesia y el palacio del Rey Sancho. De forma independiente se puede visitar la celda 4, aquella en la que se muestra el piano de Chopin desde 1932. También hay una oferta de talleres diversos y un concierto de piano que permite, de paso, escuchar las composiciones de Chopin.

En Un invierno en Mallorca, Georges Sand relata su vivencia en la isla desde una mirada exótica de la gente que la poblaba («una población tan atrasada, tan fanática, tan tímida por no decir otra cosa. Y de tan insigne mala fe») y del paisaje en el que se vio envuelta (“Es la verde Helvecia, bajo el cielo de Calabria, en la solemnidad y el silencio de Oriente»). En sus memorias consideró, no obstante, que no había sido justa en sus descripciones. Un apunte: la autora no citó a Chopin en su memoria mallorquina y el músico no le dedicó ninguna obra.

Tras su viaje a Mallorca, Aurore y Frédéric no estuvieron mucho más tiempo juntos. Reveses familiares y económicos les separaron y Chopin murió en 1849 con sólo 39 años. El año anterior había sido testigo de la Revolución de 1848 en Francia contra el gobierno de Luis Felipe de Orleans, el último rey francés. Aurore ejerció entonces, más que nunca, su activismo político en favor de los trabajadores y de los derechos de las mujeres; sin embargo, las matanzas que siguieron a la revolución le afectaron profundamente y escribió: “No puedo creer en ninguna república que empiece su revolución matando a su propio proletariado”.

Les animo a visitar Mallorca para que el mal sabor de boca que le dejó a Aurore no les influya. Sobre todo, déjense llevar por su paisaje interior y su costa escarpada y traten de obviar en su recuerdo el destrozo que ha sufrido buena parte de su litoral. Aun así, vale la pena. Creo que Arurore Dupin, Georges Sand, lo miraría ahora de otro modo.

PARA SABER MÁS:

  • Conferencia de Anna Caballé sobre “George Sand: la vida que eligió vivir” del Ciclo de Conferencias “George Sand: su vida, su obra, su tiempo”. El 8 de abril de 2014 en la Fundación Juan March.
  • André Maurois (1948). Léila o la vida de George Sand. José Janés editor, Barcelona, 1953
  • Jean Chalon. George Sand. Editorial EDHASA, 1992

Libros de George Sand.

  • Un invierno en Mallorca. 2ª edición. Ed. José J. de Olañeta. 2000.
  • Historia de mi vida. Barcelona, Parsifa ediciones, 1990.

Web oficial de la Cartuja de Valldemossa

Web oficial celda de Chopin y Sand en la Cartuja

Jaime Camino dirigió en 1969 una película sobre la estancia de Sand y Chopin en Mallorca, disponible en Youtube: Un invierno en Mallorca.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Pepa Franco Rebollar es consultora social; empresaria desde hace más de veinte años; experta en intervención social y políticas de género. Coordina proyectos de investigación, formación y apoyo a las organizaciones sociales, entidades y organismos de la Administración. Además de su profesión, de sus amistades y de su familia, le apasiona la Literatura y la Historia.

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