Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Espejo de la naturaleza

Foto-Isabel-Requena

Isabel Requena

A diferencia de lo que ocurre en otras profesiones, hace ya siglos que las cuotas de participación femenina en la profesión de artistas intérpretes es equivalente a la cuota masculina, y con frecuencia la supera. Con muy pocas diferencias, esta es la tónica en toda Europa. No tan conocido es el hecho de que las y los artistas intérpretes ganamos poco dinero, y sin embargo es algo incuestionable y que afecta muy directamente a las mujeres

En Catalunya, el porcentaje de actrices profesionales es del 56,4%. El teatro español de finales del siglo XVII ya contaba, documentadas, con un 36% de mujeres y no sólo como actrices sino también, significativamente, como autoras y empresarias teatrales. En Equity, el sindicato británico de artistas del espectáculo más antiguo, hay un 50% de mujeres y un 50% de hombres.

A diferencia de lo que ocurre en otras profesiones, hace ya siglos que las cuotas de participación femenina en la profesión de artistas intérpretes es equivalente a la cuota masculina, y con frecuencia la supera. Con muy pocas diferencias, esta es la tónica en toda Europa.

¡GUAU!

Además, hay acuerdo tanto por parte de trabajadores como de quienes nos emplean, como de la sociedad en general, en que el trabajo que realizamos actrices y actores es el mismo, que no está ideológicamente estereotipado respecto al sexo como en otras áreas profesionales (las mujeres trabajan de enfermeras, los hombres de cirujanos, etc).

Usamos las mismas herramientas, se nos exigen las mismas destrezas y técnicas, compartimos el lugar y el tiempo de trabajo, gozamos o padecemos conjuntamente todas las circunstancias que rodean nuestro quehacer. Tanto las circunstancias materiales como las emocionales e intelectuales.

En otro orden de cosas, la propia naturaleza de nuestro trabajo, que para ser bien realizado hace imprescindible la complicidad, empuja a aprender a convivir con naturalidad (lo que no quiere necesariamente decir sin dolor) con los avatares del sentimiento, la identidad y los roces entre egos.

Es conocido que entre las gentes del teatro la actitud respecto a las relaciones de pareja, los modelos familiares y las diferentes manifestaciones del sexo, los géneros, trans-géneros y las razas, supera con muchísima frecuencia los estrechos parámetros patriarcales imperantes que son causa de represión vital de todas las personas, pero mayoritariamente de las mujeres.

“Transgresión moral” que explica, aunque sólo en parte, la marginación social de la farándula. Sí, eso también es conocido: se trata de una profesión tradicionalmente marginada.

No tan conocido es el hecho de que las y los artistas intérpretes ganamos poco dinero, y sin embargo es algo incuestionable y que, como veremos, afecta muy directamente a las mujeres. Lo señaló la Organización Internacional del Trabajo hace años: “En muy pocas ocupaciones es la dispersión de ingresos tan grande como lo es en las artes interpretativas…. no hay duda que los ingresos de los artistas son más bajos que los de grupos ocupacionales comparables y por lo tanto más bajos que los empleados de tiempo completo en general”.

Otra característica poco conocida es que se trata de un colectivo con buenos niveles de formación: tres cuartas partes tiene un título universitario… Y existe una atitud claramente proactiva hacia la formación continuada. Nos pasamos la vida formándonos, a cualquier edad.

Es además una carrera vocacional que puede ejercerse a lo largo de todas las etapas vitales y en la que no se suele desear la jubilación, para nuestra felicidad puede ejercerse hasta la muerte, pues siempre hay personajes ancianos que representar y la capacidad interpretativa se acrecienta con la experiencia.

Y, Ojo al Dato: es muy importante darse cuenta de que es un campo en que, de nuevo a diferencia de otras actividades, la sociedad espera, acepta y celebra niveles del mayor éxito para las mujeres.

Así que:

Cuotas de participación laboral superadas, integración total en las características del trabajo, idéntica cualificación para las mujeres en el ejercicio de las técnicas interpretativas que los hombres…, aprendizaje de habilidades sociales, buen caldo de cultivo para continuar siempre formándose… proyección de largas carreras profesionales, aflojamiento del corsé moral… posibilidades ciertas de empoderamiento, visibilidad del mismo y aceptación social del éxito femenino…

Bueno, es cierto que se gana poco, hay que pluriemplearse y es una profesión marginada.

¡Pero todo lo demás lo tenemos a favor!

¡MIAU!

Sí, ¡miau!

Lo cierto es que hay graves disparidades de género a la hora de acceder a un trabajo, cobrar un sueldo y en lo que respecta a la duración de la carrera. La edad es otro factor de efectos devastadores, hasta cuatro veces más en las mujeres que en los hombres.

Una aplastante mayoría de mujeres experimentan el género y la edad como factores de desventaja a lo largo de todas las dimensiones relevantes a la oportunidad de empleo, no sólo en cuanto a la cantidad de posibilidades sino también, y de manera significativa y descorazonadora, en cuanto a la calidad, importancia y variedad de papeles.

Las mujeres están concentradas abrumadoramente en las categorías más jóvenes, (¡claro!) mientras que los hombres están repartidos de manera regular a lo largo de todas las categorías por edades.

¿Y en cuanto a la paga? Las actrices como grupo no ganan tanto ni de manera tan continua como los hombres a través de todas las categorías por edad. Es cierto que la mayoría de artistas gana muy poco dinero con el trabajo interpretativo (el 60%, menos de 12.000€, antes de que nos colaran la crisis, y en Cataluña, que posee un sector laboral de los mejor consolidados del Estado).

Pero, qué casualidad, son las mujeres quienes acaparan la franja de quienes tienen ingresos por debajo de los 12.000€ anuales, y de quienes trabajan sin contrato (¡oh, sí!). En todas las franjas superiores a esta renta anual, los hombres son mayoritarios. Y la presencia de las actrices es casi inexistente en la franja que gana más de 50.000€. Sin embargo, trabajan más horas y en jornadas más irregulares que los hombres.

La pluriocupación afecta mucho más a las mujeres: de las personas que trabajan en el sector, el 75% de pluriempleadas son mujeres.

Y para las mujeres de una minoría étnica, triple factor negativo: género, edad, origen étnico.

En cuanto a la maternidad… En todos los sectores de trabajo el embarazo resta oportunidades de empleo, pero este caso se agrava porque el cuerpo también interpreta. Por otra parte, las prestaciones reguladas por la Ley de Igualdad, no se ajustan a las peculiaridades del oficio de trabajadora de las Artes Escénicas y Audiovisuales, es muy difícil para una actriz conseguir el derecho a la prestación por maternidad y prácticamente imposible que perciba la de embarazo de riesgo. Eso hace salir a muchas del mercado laboral.

Constatamos que el triple de mujeres que de hombres no ha podido compaginar la faena con la crianza. (Mmmm… ¿Por qué creéis que será?).

Entre unas cosas y otras la vida profesional de las actrices en promedio es más corta que la de los actores.

Os ahorro los porcentajes numéricos de los estudios en que me baso, pero abajo, en bibliografía, tenéis los enlaces por si alguien quiere consultarlos.

Este es el panorama general, con asombrosas similitudes a lo largo de las regiones europeas. Los y las artistas individuales en toda Europa plantean los mismos temas y preocupaciones, independientemente de su contexto institucional y cultural nacional.

En todo ésto no hay nada sorprendente: las construcciones ideológicas sociales acerca de los asuntos de género, edad y presencia física informan las expectativas del público y se reflejan en lo que se escribe, se produce y los roles asignados.

Muchos papeles tópicos y sin calado para mujeres jóvenes y bonitas; a partir de los 35 años, pocos papeles disponibles para las mujeres artistas y una representación excesiva de artistas hombres, tanto en cantidad como en complejidad e interpretación de papeles principales.

En ese sentido, operan las presiones comerciales de la industria, que lo que quiere es vender fácil, y no podemos esperar que sean los empleadores (productores, representantes, etc.) quienes cambien el rumbo. Sobre todo en la industria audiovisual.

En Teatro hay construcciones de personajes femeninos maravillosos, pero siempre en una proporción muy pequeña respecto a los personajes masculinos.

Todos, hombres y mujeres, padecemos las mismas perrerías de carácter laboral: falta de contratos, incumplimiento de convenios cuando los hay, ingresos mínimos y la inestabilidad de periodos sin faena… Todo dificulta completar las cotizaciones en la SS, y se originan situaciones de desprotección graves que se incrementan a la hora de la jubilación.

Pero las consecuencias son mucho peores para las mujeres.

Tenemos muchas actrices que, por excelentes que hayan sido, se encuentran a la vejez en una situación muy grave de subsistencia. Y aquí sería imperdonable no valorar la labor de la Fundación AISGE y su programa asistencial.

¡AY!

Todas lo sabemos, y es un triste acuerdo: las trabajadoras son el grupo más desfavorecido en cualquier sector, en todo el mundo.

A las y los artistas de las artes interpretativas se nos contrata y se nos paga para que seamos espejo de la realidad que nos rodea, para que representemos el mundo. ¿Pero no os parece que detectar desventajas sistemáticas, aunque han pasado siglos desde que las mujeres nos incorporamos como agentes profesionales a la par del hombre en la mayor parte de Europa, es como mínimo inquietante?

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

-Edad, género y empleo de los artistas en Europa (FIA Federación Internacional de Artistas) http://fia-actors.com/index.php

-Radiografia socio-laboral del col·lectiu d’Actrius i Actors de Catalunya. (AADPC Associació d’Actors i Directors Professionals de Cataluya) http://www.aadpc.cat/

– La incorporación de la mujer a la empresa teatral: actrices, autoras y compañías en el Siglo de Oro. Teresa Ferrer Valls

 

REFERENCIA CURRICULAR:

Isabel Requena es actriz. Estudió Arte Dramático en el Conservatorio de Valencia y en la Universidad Internacional de Teatro, en Lugano, Suiza; en Le Circ Divers, en Lieja, Bélgica y durante su larga vida profesional se ha ido formando en Técnicas de Voz, Expresión Corporal, Interpretación, Técnica de Clown, Técnica Alexandre, etc. con las y los mejores profesionales: Rafa García, Maria José Peris, TEC de Cali, Colombia, Cristina Castrillo, Libre Teatro Libre (Argentina), J.P. Michel, Rafa Calatayud, J. Mac Callion, Michel López, Konrad Sziedrich, José luís Cuerda,… En el ámbito de las Artes Escénicas ha “tocado” todos los palillos: ha hecho cine, televisión, ha sido actriz de doblaje, realizado cortometrajes, dirigido distintas obras y es autora de las obras “La última cena”, “Letra gorda”, “Llamar” y “Un sopar de compromía” (estas dos últimas como coautora). Isabel es, en definitiva, una mujer de teatro comprometida con la Cultura en general y con las Artes Escénicas en particular.

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