Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

Editorial

Cuando iniciamos esta aventura de la revista con la A, partiendo del objetivo de visibilizar y difundir el trabajo y las aportaciones que realizan las mujeres en los distintos ámbitos por los que discurre la vida de las personas, procurando que no se repitieran los temas monográficos así como reducir al máximo posible la repetición de articulistas para dar voz al mayor número de mujeres, hubo alguna compañera, periodista, que no se decidió a colaborar ante el temor de que “se nos acabaran los temas” y la dificultad que entrañaba que las articulistas colaboraran generosamente, sin recibir retribución alguna porque, como casi siempre en estos casos, los proyectos feministas o tienen financiación escasa o, como en nuestro caso, carecen de ella, saliendo adelante con la solidaridad de socias, colegas y articulistas… “¡Lo siento por vosotras, pero no van a enviar colaboraciones!”, vaticinó. Sin entrar en contradicción, afirmo que tanto desgraciada como afortunadamente se equivocó. Y me explicó: digo desgraciadamente, porque en cualquiera de los ámbitos por los que discurre la vida de las personas, hombres y mujeres, rápidamente identificamos que, en mayor o menor grado, las mujeres sufren desigualdad y/o discriminación…  Tal es el caso de las mujeres en la música -que bimestralmente nuestra colega Marisa Manchado señala en la sección ”Músicas”-, siendo éste un problema que trasciende fronteras, como afirman las articulistas de este número que, bajo el título Mujeres, Música y Feminismo, ha coordinado la profesora Guadalupe Huacuz… Luego temas para denunciar, desgraciadamente insisto, hay para rato. Y también digo afortunadamente, porque el trabajo y la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad, así como la solidaridad entre mujeres feministas, no sólo hace posible esta revista y centenares de miles proyectos y acciones en todo el mundo, sino que es capaz de movilizar a millones de mujeres para luchar contra la violencia de un sistema patriarcal y machista, depredador de cuerpos y vidas… Baste comprobar cómo las voces de la manifestación del pasado 8 de marzo se han reavivado con el clamor de centenares de miles de mujeres de todas las edades -aunque mayoritariamente jóvenes- y de aquellos hombres de bien que no se identifican con los monstruos que utilizan el cuerpo de las mujeres para su “goce y regocijo” causándoles heridas difíciles de restañar, tanto en su cuerpo como en su psique, cuando no la discapacidad o la muerte. Hombres de bien que NO se sienten identificados con el modelo de masculinidad que sostiene sus privilegios de macho alfa maltratando, sometiendo y asaltando a las mujeres que se crucen en su camino o a las que prometieron amor eterno, o a todas que suele ser lo más común… Hombres de bien que se están uniendo a la exigencia de dignidad, respeto e igualdad para las mujeres. Hombres de bien que, aunque todavía en la retaguardia y tímidamente, apoyan el movimiento imparable del feminismo rechazando las justificaciones asquerosas de los violadores activos y pasivos, victimarios en cualquier caso, que siguen culpando a sus víctimas de las fechorías y las agresiones que solo ellos y sus congéneres machos cometen… Hombres de bien que están gritando alto al guardia civil de la manada, justamente ese que robó el móvil a la víctima para que no pudiera denunciarles después de violarla, que a ellos no les va a pasar lo mismo que a él y a “su manada” (como amenazó que les pasaría en una carta llamando a la autodefensa de los machos) porque no son maltratadores, porque priorizan el respeto hacia hombres y mujeres por igual, porque ellos no son violadores y sí anteponen el respeto de los derechos humanos a los privilegios que se auto-conceden unos victimarios a otros en una sociedad machista que ellos también, uniéndose al movimiento feminista, están dispuestos a cambiar. No sé si estos cafres, machos depredadores y sus voceros, todavía no lo han oído, pero por si acaso desde aquí también les gritamos que ¡Sin consentimiento es violación! que ¡No, es NO! y que, se pongan como se pongan, las mujeres feministas y los hombres de bien vamos a seguir luchando para acabar con ese asqueroso machismo que les corroe, vamos a seguir luchando contra la violencia que el patriarcado inflige a las mujeres de pensamiento, de palabra y de obra… Sobre las mujeres defensoras del machismo y sus agresores… Ni hablo porque me dan arcadas… Pero en relación con la violencia patriarcal, con el terrorismo machista (entendiendo terrorismo como lo define la RAE: sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror), entre las muchas preguntas pendientes de respuesta, dirigidas a las y los políticos que pagamos con nuestros impuestos para que gestionen nuestra vida ciudadana, me asalta una: ¿Cuándo van a recibir las víctimas del terrorismo machista el mismo tratamiento, las mismas indemnizaciones y ayudas que reciben las víctimas del terrorismo de ETA? Espero y deseo, amigas y amigos, que la respuesta no quede flotando en el viento… Mientras llega, hay que seguir saliendo a la calle, hay que seguir diciendo NO a la barbarie patriarcal y recordar a los poderes públicos y a los  gobiernos que las mujeres somos más de la mitad de la población y que si no hay hechos que demuestren la voluntad de acabar con la violencia, con las múltiples discriminaciones que todavía hoy nos afectan de manera directa y cuasi en exclusiva, las palabras, escritas o no, no es que queden flotando, es que el “viento se las lleva”.

 

Alicia Gil Gómez

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