Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Editorial

Una se resiste a pensar que cuando las cosas van mal todavía pueden ir peor, y los últimos acontecimientos políticos así lo demuestran, aunque me voy a centrar en los relacionados con las elecciones a la presidencia de Estados Unidos porque allí ha triunfado el capitalismo más depredador y fascistoide, la encarnación de la incultura, el racismo, la xenofobia, la violencia más extrema, la impiedad, el egoísmo,… y, sobre todas las cosas, ha triunfado la misoginia, el sexismo y el machismo más atroz. No es que la candidata perdedora fuera de mi gusto aunque, puesta a elegir y para ser sincera, el hecho de que se tratara de una mujer le daba algún que otro punto, sobre todo por aquello de sentar un precedente, al igual que lo sentara Obama en su momento para los ciudadanos afroamericanos (y digo ciudadanos). Pero bajo mi punto de vista el problema no sólo es “el elegido” sino las personas que lo eligen. Entiéndanme, no es que pensar en la era Trump, en lo que se nos viene encima -por aquello del mimetismo de las culturas colonizadas ante las costumbres del colonizador y las crisis de las clases medias despolitizadas, históricas caldo de cultivo de los fascismos- no me dé pavor, que me lo da y mucho, sino porque creo que en este contexto es de mayor interés reflexionar en torno al número de mujeres que lo han votado, que defienden a un político que, públicamente y sin cortarse un pelo, ha denigrado, insultado y violentado a todas las mujeres, incluso a las de su cuerda… Es cierto que las mujeres constituimos el 51% de esta sociedad y que en este porcentaje cabemos todas, pero constatar la sumisión de tantas hacia la representación del machismo más brutal no deja de sorprenderme y asustarme todavía hoy, aunque si echamos un vistazo al mundo que nos rodea, a nuestro entorno más cercano, es más fácil entender qué está pasando… Que no es sino lo que las feministas denunciamos una y otra vez desde hace décadas, pero hacia lo que, quizás, no estamos siendo lo suficientemente incisivas: la colonización de nuestro cuerpo, por mor de la publicidad, por mor de esos espantosos, aunque aparentemente inocentes, realitys televisivos en los que una persona pone su cuerpo en manos de otra para que le cambie la imagen en la idea de que vestirse y peinarse a la moda le va a cambiar la vida, va a resolver sus problemas… Muchísimas adolescentes y otras tantas jóvenes y mujeres maduras sueñan con ser princesas eternamente jóvenes y eternamente bellas, viven con el deseo de “ser libres para elegir” (siempre y cuando tengan suficiente dinero) alcanzar la belleza del botox y la silicona, para cercenar sus cuerpos con labioplastias y mamoplastias -aun cuando se horroricen al escuchar que hay mujeres, eso sí de otras culturas, que sufren mutilación genital…-, quizás así un millonario se case con ellas, o los jefes les traten mejor, o los compañeros no se mofen de sus hechuras, como sucede en un culebrón de esos en los que la protagonista, “feíta” según los parámetros machistas, recupera “su dignidad” (y de paso un marido) al convertirse en guapa… Ahora, con el triunfo de Trump, el sueño de muchas niñas va a ser convertirse en Melania, la bella, sumisa y adulterada Melania, al igual que las bellas, sumisas y adulteradas hijas del magnate, idénticas a las bellas, sumisas (algunas incluso insumisas en lo social pero sumisas en lo personal) y adulteradas estrellas de cine referenciales, o reinas, o empresarias… ¡Esto es violencia! Una violencia integral ya que no sólo es física, cercenando los cuerpos y dominando las voluntades, sino también estructural, porque somete y produce vasallaje, y cultural, porque no deja de ser un medio más del control que ejerce la cultura patriarcal y androcéntrica sobre la vida de las mujeres. Un control más sutil y perverso puesto que son las propias mujeres, muchas de ellas mujeres cultas e inteligentes, las que están convencidas de que son ellas quienes eligen…

Aunque la lucha contra el control del cuerpo de las mujeres está en la agenda feminista, considero que es momento de situar entre las prioridades la denuncia del impacto que la violencia de la estética, que la sexuación del físico de las mujeres tiene sobre nuestras vidas, la de todas -realicemos o no estas prácticas-, y trazar estrategias para visibilizarla, para evidenciarla con mayor ahínco, para denunciarla y, sobre todo, para erradicarla… Y es que la sumisión es una de las mayores aliadas que tiene la violencia patriarcal para perpetuarse.

El 7N de 2015 marcó un hito en la movilización feminista contra la violencia machista, sacando a centenares de miles de mujeres a la calle para, como señala Noelia Landete, coordinadora de este número, “…convertir nuestra agenda política en la prioridad política de todas las instituciones y partidos políticos, así como calar en la sociedad civil para unir fuerzas ante la injusticia que supone la violencia contra las mujeres…”, afirmando, así mismo, que “La lucha contra la violencia a las mujeres está despolitizada (…) porque en las diferentes propuestas políticas existentes para su erradicación pocas son las que contemplan la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres como las raíces donde se tienen que vertebrar todas las acciones para su eliminación.” Ya incorporamos en nuestra agenda el grito de Kate Millet ¡lo personal es político!, ahora tenemos que priorizar y comprender que nuestro cuerpo también lo es y gritárselo a la sociedad, hacer más pedagogía respecto a este tema, porque de no ser así quizás en próximas elecciones haya más mujeres aún que voten a cualquier Trump al uso soñando con parecerse a la bella, sumisa y adulterada Melania…

Este martes, 15 de noviembre, las Cortes del Estado español por unanimidad han aprobado la realización de un Pacto contra la violencia ¡Ojalá no se quede en papel mojado! Y así será si no incluyen medidas preventivas, educativas y si no incluyen medidas para erradicar todos los tipos de violencia que padecemos las mujeres, incluido el control de nuestros cuerpos. Y así será si, como suele suceder (tenemos experiencia en la aplicación de la Ley de Igualdad y de la Ley Orgánica contra la violencia, pues ambas nacieron sin recursos y, claro, han crecido famélicas), la puesta en acción de las medidas que pacten no están dotadas de recursos suficientes para su implementación… Como señala Noelia Landete: ¡Estaremos vigilando!

No quiero terminar sin recordar a Nieves Simón, compañera feminista de Alicante que se ha ido para siempre.

Alicia Gil Gómez

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