Revista con la A

25 de enero de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
49

¿Qué presente y futuro para las niñas?

Editorial

Cada vez que profundizamos en cualquier ámbito por donde discurre la vida de las personas aplicando la perspectiva de género, nos topamos con la desigualdad efectiva (yo diría efectivísima sin temor a exagerar con el superlativo) entre mujeres y hombres. A una, en ocasiones, le da como apuro (también, he de confesarlo, aburrimiento y cansancio y rabia y enojo e indignación, y…) señalar una y otra vez esta situación sobre todo porque genera una cierta sensación de victimismo que no se ajusta al estado emocional ni psíquico de quienes denunciamos sin descanso estas realidades. Obviamente, me refiero a las feministas. Y no es victimismo por cuanto éste nos situaría en el espacio de la queja impotente de denuncia de una INJUSTICIA (así, con mayúsculas) universal hacia la que nos sentiríamos incapaces de transformar y ante la que nos posicionaríamos resignadas e inertes ¡Y nada más lejos, porque la lucha continua!

En este número, el testimonio de la lucha por cambiar los cánones culturales, las normas que legitiman y perpetúan las evidencias de la desigualdad y la discriminación cultural entre mujeres y hombres, corre a cargo de las gestoras culturales feministas. Mujeres que, hartas de ser excluidas, marginadas, ninguneadas e invisibilizadas, han puesto en marcha su creatividad y su fuerza organizándose no sólo para denunciar estos hechos sino también para dar luz, tiempo, espacio e historia a las mujeres creativas, a las artistas de todos los ámbitos que forman parte de la cultura, esa que ha venido siendo definida como el conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de los grupos sociales, cuyos individuos (también individuas mal que les pese a algunos de éstos) clasifican y representan sus experiencias con símbolos y actúan de forma creativa poniendo en juego su imaginación, sin perder de vista que la cultura también está constituida por el conjunto de saberes que se transmiten de generación en generación y que sirven para que tanto las personas como los grupos que integran se comuniquen entre sí, persona a persona, grupo con grupo, contribuyendo, además, a resolver sus necesidades y a dar cuenta de sus logros y sus fracasos, de sus carencias y sus abundancias, de sus sentimientos, de sus miedos, de sus alegrías, de sus sueños, de sus realidades…

Hacer cultura es una facultad de los seres humanos (aunque los últimos estudios etológicos dan cuenta de que algunas especies también hacen cultura) que nos permite cambiar las realidades, transformarlas y, por tanto, también es susceptible de ser cambiada… lo que viene a significar que la cultura patriarcalista y androcentrista, depredadora, codiciosa, dominadora, violenta y excluyente, también es cambiable, transformable… ¡Y en ello estamos!

 

Alicia Gil Gómez

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