Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Editorial

Tras las luchas y los avances logrados en el convulso siglo XX, muchas personas, quizás las más ingenuas -entre las que me encuentro-, habíamos llegado a pensar que las libertades, que la igualdad, que la justicia, que la democracia, supuestamente alcanzadas con más pena que gloria, al menos en lo formal, tras tanto derramamiento de sangre, sufrimiento y dolor, habían llegado a los países denominados desarrollados para quedarse y desde aquí llegar al último rincón de este mal trecho mundo. Sin embargo, ha bastado una crisis -supuestamente financiera, realmente global- para constatar que el autoritarismo, esa “forma de régimen opuesto a la democracia y a la libertad, que para gobernar privilegia el mando y las jerarquías, no tolera el disenso, niega derechos, y normaliza la obediencia como mecanismo de relación entre gobernantes y gobernados”, como lo define Ana Silvia Monzón en su artículo de este número de con la A, y el patriarcado, “… la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”, como lo explica Gerda Lerner, sólo habían dado unos pasos atrás para tomar impulso y reaparecer con la brutalidad que les caracteriza y define… Y ya sabemos lo que sucede cuando el autoritarismo patriarcal hace su aparición: las capas más débiles de la población y las mujeres son (somos) quienes más pronto sufren sus impactos. Tras la caída del muro de Berlín el autoritarismo patriarcal ha avanzado con pasos de gigante… No es que “al otro lado” las libertades, la democracia o la justicia, menos aún la igualdad, fueran características de los regímenes que controlaban la vida de las personas, no, sin embargo el muro contenía los impulsos autoritarios de las políticas neocapitalistas, neoliberales y patriarcales que hacían concesiones ante el temor de que “las hordas ciudadanas insurgentes” y en particular las mujeres, que luchaban por sus derechos a uno y otro lado del muro, tomaran el poder o, al menos, le hiciera tambalearse… Pero una vez “visto lo visto” y tras poner en marcha políticas clientelares que silenciaron a las estructuras defensoras de las clases desfavorecidas, que pervirtieron los ideales de paz, derechos humanos, libertad, justicia e igualdad canjeándolos por consumo desmedido, por procesos de inculturación y por mensajes alienantes, con la complicidad de numerosos medios de comunicación, las políticas autoritarias, retrógradas y patriarcales han emergido desacreditando los movimientos feministas, convirtiendo en papel mojado las leyes más progresistas que otrora dieron en legislar, embistiendo contra cualquier manifestación que haga peligrar sus privilegios, banalizando y desprestigiando -cuando no silenciando de forma expeditiva- cualquier voz crítica con sus atropellos, mermando los principios básicos que defiende la carta de los Derechos Humanos a los que anteponen leyes coercitivas con la coartada de preservar el bien común ante el ataque de “enemigos” cuyo origen está en sus políticas bélicas y armamentistas, sembrando el miedo y la desconfianza hacia “lo otro”, hacia lo diferente… Hacia ese horizonte apunta el futuro que se nos viene encima, aunque todavía estamos a tiempo de darle la vuelta…

 

Alicia Gil Gómez

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