Revista con la A

25 de enero de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
49

¿Qué presente y futuro para las niñas?

Editar, para dar a luz otras formas, y preguntas, de la identidad femenina

Andrea Fuentes

Si bien las mujeres emancipadoras de la historia comenzaron a destacar ya desde el siglo XIX, demostrando sus capacidades intelectuales, se necesitarían aún muchos años y revoluciones intelectuales para que sus ideas fueran permeando en la sociedad y se transformara, en consecuencia, ese estereotipo

Mi abuela dejó de hablarme cuando se enteró de que, a mis 18, me había ido a vivir sola. “Es una perdida”, pensó. “Una mujer de la vida fácil”. Poco después, para incrementar sus visiones y temores, yo, en la inocencia absoluta, encima le fui con la noticia de que, dado que estudiaba pintura en la Academia de San Carlos, tendría una primera exposición de en la Cantina El Nivel, la cantina número 0 de la Ciudad de México. “¡En una cantina!”

Juro que, en retrospectiva, no puedo dejar de reírme con ésta, una de tantas anécdotas, pero si pienso en el peso que tuvo en mí y en lo difícil que fue liberarme de sus prejuicios que hoy entiendo no eran más que limitaciones, e incluso en el gran sufrimiento que a ella misma le provocaron, llego a la conclusión de lo importante que ha sido la transformación de los estereotipos de la mujer, y del hombre, para el caso.

Hace unos 70 años, las aspiraciones de una mujer promedio eran casarse, ser una buena esposa, tener hijos, ser una excelente cocinera y, de ser posible, cumplir con los parámetros de belleza impuestos en ese momento (que por aquél entonces no eran ser “flaca”, sino más bien estar llena de curvas exuberantes y a los que una talla cero les hubiera resultado como alguien al borde de la tumba). Si bien las mujeres emancipadoras de la historia comenzaron a destacar ya desde el siglo XIX, demostrando sus capacidades intelectuales (¡válgame dios!, ¡las tenían!), se necesitarían aún muchos años y revoluciones intelectuales para que sus ideas fueran permeando en la sociedad y se transformara, en consecuencia, ese estereotipo.

En la actualidad, con toda claridad, en numerosas geografías físicas y conceptuales, los roles femeninos han cambiado (principalmente porque la mujer fue incorporada al sistema productivo económico), y las mujeres somos hoy profesionistas, académicas, investigadoras, pensadoras, artistas. Pero (y no voy a tocar aquí el tema de la igualdad), ¿es realmente verdad que ya no se espera que nos casemos, tengamos hijos, seamos buenas madres, buenas esposas, buenas cocineras y tengamos cuerpos sujetos a los cánones de belleza, ahora talla cero? ¿O será que ahora duplicamos los prototipos?

Cada libro es contenedor de un mundo, generador de otros. Cada obra narra una posibilidad: de identidad, de encuentro, de realización, de búsqueda, de deseo

Cada libro es contenedor de un mundo, generador de otros. Cada obra narra una posibilidad: de identidad, de encuentro, de realización, de búsqueda, de deseo. De invención o descripción, anecdótica o imaginaria, la literatura y los libros construyen y reconstruyen el mundo de mundos que habitamos porque éste no es ni se define en abstracto, sino que se hace conforme a las ideas que los seres humanos tenemos de él, lo que en él edificamos, soñamos, accionamos. O lo que tememos, lo que odiamos, lo que no entendemos, también. La historia de la humanidad entraña los atributos que ella misma le ha ido dando -influenciada por el conocimiento, por su contexto político, económico y social, pero también por su reflexión de la conducta y los procesos mentales- a los seres y a las cosas, y, por suerte, estos atributos se han ido transformando en el tiempo: de otro modo creeríamos, seguiríamos con la aberrante práctica de los zoológicos humanos, si es que pensamos en otros estereotipos y concepciones.

Compleja y larga la historia del pensamiento, claro está, pero fundamental para progresar como especie, en un sentido ético, uno que asume, con toda claridad, que las identidades de lo masculino y lo femenino (e insisto en la una y en la otra no por ser políticamente correcta sino porque creo que una define a la otra y que la prisión del estereotipo femenino es también la prisión del estereotipo masculino) no pueden ser ni fijas ni representarse de una única manera ni de seguir estereotipos ni parámetro alguno. Y desde la filosofía, en particular, se han discutido sinnúmero de aproximaciones y disquisiciones sobre el asunto que devienen en formas de concebirnos que escapen a asunciones y prejuicios; y todas ellas deben permear hasta los más cotidianos devenires y haberes de la realidad, circulando como ideas en los libros.

Los cuentos de la literatura y las historias de la literatura, que se han inventado y que se siguen inventando para transmitirse de generación en generación, son transmisores justamente de estos valores y estereotipos y representan, para el inconsciente de los mundos en formación -es decir, el de las niñas y los niños-, una vía esencial de construcción de la identidad en tanto referentes directos de la forma que tiene el mundo que les rodea, a nivel conceptual, y en tanto escenarios a través de los cuales elaboran sus propias reflexiones y construcciones del ser a partir de contraposiciones, revelaciones y encuentros.

Leer cuentos que aborden las nuevas formas de la identidad de lo femenino resulta en una clara libertad donde niñas y niños pueden acceder a un imaginario que no es discriminatorio

Leer, entonces, cuentos que aborden las nuevas (y en realidad viejas pero antes no permitidas) formas de la identidad de lo femenino resulta en una clara libertad donde las niñas y niños pueden acceder a un imaginario que no es discriminatorio, que no limita sus deseos de realización en ningún sentido, que no pretende dirigir su futuro sino incentivar sus propios procesos de análisis y toma de decisiones, su capacidad de desarrollar afectividades sobre sí mismos y por lo tanto respecto por lo otro y por las y los otros, que favorezcan relaciones igualitarias, que sean íntegros y plenos y por lo tanto puedan vivir sin agresiones ni violencia ni hacia sí mismos ni hacia los demás.

Editar libros que tratan del tema es fundamental: porque en realidad no se ha transformado ni del todo aún esa visión anticuada y reducida de la mujer, porque a momentos parece que no hemos progresado nada ya no se diga desde el siglo XIX sino desde la edad media, porque editar, poner la mirada en y darle espacio físico a escrituras que revelen y sean territorio de encuentro de las muy diversas expresiones de lo femenino, de sus constantes reinvenciones y posibilidades es preciso y vital.

Suena a discurso. Pero no lo es. Es más que discurso, es una necesidad profunda. Una que no reproduzca paradigmas que restringen y dañan, que no necesite de cadenas para creer en la posibilidad de vivirse fuera de la inquisición.

He dicho cuentos que aborden las formas de identidad de lo femenino: y cuando así digo pienso la literatura y en libros informativos, y distingo a la literatura como una zona del arte donde pueden reflejarse y existir esas formas y reflexiones sin pretender instituirse como recursos didácticos o encajar moralejas o mensajes, sino que, en su proceso de creación de lenguaje y exploración de lo humano sean capaces de transmitir las complejas relaciones del ser mujer. Si hablamos de libros informativos, la perspectiva de género, como categoría analítica, es una forma esencial de estudiar las construcciones culturales de lo femenino y lo masculino, y las desigualdades entre ello, y puede abordarse entonces así, con recursos teóricos explícitos.

Muchos libros hay, y más debiera haber, con mayor circulación, con mayor recepción y promoción, que tratan del tema, ya sean magnos ejemplos literarios que traten directamente del asunto, o magnos ejemplos literarios que reflejen el asunto, sin que sea su temática específica y que logran deconstruir el discurso replicante ya también convencional a estas alturas. Sin que sea mi intención hacer una lista de libros (esa la dejo para otra ocasión), creo que uno de mis libros favoritos en este sentido es Qué hacen las niñas, de Nikolaus Heidelbach, una obra ilustrada que sueña con lo que hacen las niñas que no es más, ni menos, que inventarse universos fuera de todo paradigma. Pero la responsabilidad de pensar en estos libros implica también reconocer que hay otros muy malos libros que pretenden cubrir cuotas de género y en los que una aparente transformación del estereotipo no es más que una estrategia comercial o una reproducción ad hoc del discurso dominante con sus variaciones y adaptaciones actuales. Es decir, las princesas también se tiran pedos (pero siguen siendo princesas), las princesas son valientes y luchan (pero acaban entendiendo por qué su madre las conmina a casarse), las princesas deben seguir siendo princesas, pareciera que podemos leer… porque es importante leer, pero sobre todo diferenciar qué leer.

Así que la lid es doble: hay que editar e inventar los libros que transformen los paradigmas y los estereotipos pero fuera de los viejos y nuevos estereotipos, encontrando escrituras y creaciones inteligentes y sensibles que no pretendan más que su propia libertad interior, que atraviesen y se rebelen contra el desconocimiento y el dolor de la irracionalidad, aquella que detiene al mundo y que los provoca, que abran el pensamiento y la imaginación como un espíritu de época que pueda al fin habitarnos.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Andrea Fuentes Silva  es editora y escritora. Compagina la escritura y la producción de dispositivos artísticos y culturales con la edición, especializándose en libros ilustrados, arte, literatura y diseño. Colaboró en El Colegio de México y en Alfaguara, fue Jefe del Departamento Editorial de Ficción de Obras para Niños y Jóvenes del Fondo de Cultura Económica (2000-2004), Directora editorial de Nostra Ediciones (2005-2010), y en 2011 fundó La Caja de Cerillos Ediciones, la cual dirige. Ha impartido numerosas conferencias, talleres y seminarios sobre Libro Ilustrado y Edición en varias universidades e instituciones. Becaria del Programa de Fomento del FONCA (2012), ha participado como jurado en importantes premios como el Concurso de Álbum Ilustrado A la orilla del viento 2014. De su autoría ha publicado los libros Palabras para nombrar al mundo (Caja de Cerillos), Rosario Castellanos (Planeta), artículos literarios y poemas en diversos medios, así como los libros objeto de poesía Siete fragmentos para la visibilidad (Eds. del Silencio) y Séptima muerte del agua en el mar (Tigre Ediciones).

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