Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Celia Montoya: experiencia de vida

Celia Montoya

Me iba de la casa de mis padres, con mi reciente mayoría de edad, era abril, saqué la maleta del escondite, tanto insomnio y preocupación me dio durante dos días.

Revisé tantas veces el escondite de mi maleta… Me costaba respirar, estuve días despidiéndome de los muebles, de los cuadros, de los vasos, de los platos, que fregaba a diario, de los olores, de las imágenes enmarcadas por las ventanas… ¿Cuándo volvería a ver el vaho que se formaba, en Navidad, en esos cristales…?

Tenía dieciocho años, creía y aceptaba firmemente, que nunca más…

Hace veintisiete años de aquél respirar inquieto, falto de aire, agitado y latiente, cuando les preparé por vez última la merienda a mis hermanos pequeños y salí sigilosa, mientras veían Barrio Sésamo… Me iba de la casa de mis padres, con mi reciente mayoría de edad, era abril, saqué la maleta del escondite, tanto insomnio y preocupación me dio durante dos días…

Dejaba la casa de mis padres, mis raíces, mi familia… Me escapaba.

Cerré la puerta tras de mí con toda la osadía del desconocimiento, de la juventud, en aquel momento todos los sueños eran factibles y por hacer, enfrentando un mundo “enorme y distinto”, donde mi pequeño mundo, cálido, confortable y conocido, se acababa… Era la ley, como el amor en los cuentos, para siempre.

Destierro…

Me fui porque quería ser y hacer, cosas para las que “no había nacido”, era gitana. En mi época de mocedad, no supe que era tener una conversación con un hombre que no fuese mi hermano, padre, tío, abuelo o familiar cercano y siempre desde esa perspectiva de encajar en el molde de pieza de puzzle que me correspondía. Era gitana, por eso no permitieron que estudiase periodismo, ni piano, por ser gitana mentía cuando iba al Museo del Prado a pasar la tarde… ¡Cuántas horas pasé frente al Jardín de las Delicias del Bosco… diciendo que iba al burguer a merendar con las chicas! Era dueña de mi silencio únicamente.

Mientras soñaba en mi habitación que iría a la India, al norte, origen de mi pueblo, que me subiría a escenarios con un enorme telón rojo, que no tendría que irme del salón donde hablaban los hombres, de política, del aborto, de lo que acontecía en el país… Porque con trece años mi abuela materna decidió que “la niña ya tiene mucho cuerpo”…

Tenía que estar con las mujeres, escuchando como hablaban de vestidos, cocina, bodas, niños y otras mujeres a las que “despellejaban”, por razones absurdas de decoro y formalidad.

Soy una voz que cuenta su historia, me pertenece, una historia que forma parte de otras muchas

Soñaba que un día mi silencio se abriría paso desde mis entrañas y podría decir mi pensamiento… Soy una voz que cuenta su historia, me pertenece, una historia que forma parte de otras muchas, y si algo quiero y puedo dejar claro es lo diversos que somos las y los gitanos.

Lo digo y lo repito porque lo creo necesario: las y los gitanos somos diversos.

He pagado mis tributos de soledad, de tiempo de dolor propio y ¨ajeno…¨

Hoy, al ver en la forma en la que ha cambiado mi propia familia y entorno, escucho y miro a los ojos de la juventud de mi gente, veo como es de diferente, la forma en que se comunican los jóvenes de ambos sexos, siento la satisfacción de saber que hay muchas mujeres y hombres con carrera, homosexuales y lesbianas, declarados, tratadas y tratados con respeto y cariño por nuestro pueblo, sus familias defendiendo su valor como individuos y personas, por encima del peso de la educación y de ese: ¿Qué dirán?, del que tanto sabía Lorca…

Claro que queda camino, queda mucho por hacer, que hay que conseguir mucho aún para que ser gitana o gitano no sea cumplir determinados estereotipos, dentro de nuestra propia sociedad y en la mayoritaria. Estamos en ello y el tiempo del cambio es constante, un pie detrás del otro, corremos…

El tiempo vuela y hoy miro con ilusión y esperanza el futuro que son ellas y ellos, les hemos servido como punta de lanza otras, otros muchos y yo, para poder ser sociólogos y sociólogas, abogados y abogadas, amas de casa, cineastas, médicos y médicas… Son dueños y dueñas de su voz, individual, única y propia, pueden contar su historia, que es la nuestra, escribir, filmar, cantar, defender, cambiar y sobre todo tener libertad, educación y criterio para decidir …

He ido a la India, al Norte.

Me subo a escenarios de grandes telones rojos.

He vuelto a ver el vaho que se forma en “esos” cristales en Navidad…

 

REFERENCIA CURRICULAR

Celia Montoya Yatoman, Madrid, tiene 45 años y es autodidacta forjada en las tablas, desde donde ha forjado su desarrollo profesional como cantante, actriz y escritora con una sensibilidad desbordante que ha convertido su vida en un espacio infinito para la creación y la exploración artística. Nutre su arte de lo más esencial y primigenio: ella trabaja haciendo apología de la naturaleza y de lo más arraigado en la entraña del ser humano. Madrileña, aunque ha vivido en otros lugares como Barcelona y Granada y ha viajado mucho, está comprometida con el movimiento social Ververipen, Rroms por la diversidad, a través del cual trabaja para crear una conciencia de calidad sobre qué es ser gitana o gitano, curándose de estereotipos y fobias. Además, tiene un larguísimo bagaje como actriz que la ha llevado a encarnar personajes del cabaret y del cuplé más clásico y frívolo a una Bernarda Alba profunda y desgarradora. A su vez, ha estado muy activa en grandes producciones de zarzuela y de ópera a nivel nacional e internacional desde hace veinte años, así como en espectáculos de animación y de improvisación de todo tipo. Su talento se mezcla con el amor por las cosas hechas a fuego lento y con cariño, por la pasión hacia la profesión y por la calidad de vida que aportan las cosas bellas. Celia es, en sí misma, una mujer renacentista, llena de aptitudes creadoras de todo tipo que, desde su perspectiva de gitana, de mujer y de ser humano inmensamente pasional, ofrece al mundo de la cultura un granito de arena interesante, necesario y de gran calidad artística y emocional.

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