Revista con la A

25 de marzo de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
50

Mujeres gitanas luchando por la igualdad

Amalia Miranzo y Cuenca

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Amalia Miranzo, en una imagen del documental ‘Las constituyentes’, de Olivia Acosta.

Tas la oscura dictadura de Franco, en las primeras elecciones democráticas al Congreso y al Senado, sólo 27 mujeres, 21 diputadas y 6 senadoras, pudieron participar en la elaboración de la Constitución de 1978 defendiendo la igualdad entre mujeres y hombres, un discurso muy alejado entonces de la práctica social.

Una de ellas es la de la foto: Amalia Miranzo (1939-2014) elegida senadora del PSOE por Cuenca entre 1979 y 1986. A lo largo de su vida también fue profesora de matemáticas, sindicalista en UGT y… madre de tres hijos.

Miranzo vivió en Cuenca, la ciudad que hoy les sugiero visitar en un merecido homenaje a esta luchadora por nuestros derechos que se fue el pasado mes de junio.

Si ustedes llegan a Cuenca por carretera desde Tarancón (de donde por cierto era Luisa Sigea una de las doctae pullea de Isabel La Católica, pero eso es otra historia) disfruten de ese paisaje apenas ondulado al principio y que se va escarpando; y si lo hacen en invierno, tengan cuidado con el final de su trayecto porque los hielos son frecuentes en esos parajes. No se engañen, entrarán por una ciudad actual y moderna donde están la mayoría de los edificios administrativos y los comercios. Pero ahora estiren sus piernas porque toca caminar, subir y bajar cuestas, incluso atravesar ríos. Y no les dé pereza. Tienen que ver Cuenca.

Cuenca ha sido siempre frontera. Entre los reinos cristianos y el musulmán, entre los propios reinos cristianos de Aragón y Castilla, e incluso ahora, entre dos comunidades autónomas: Castilla-La Mancha y Valencia. Esa característica ha marcado su historia desde su fundación allá en los tiempos del emirato de Abd El-Ramhan I en el siglo VIII. Situada entre dos ríos, el Júcar y el Huécar (ahora pueden dar un paseo para conocer los puentes de los Descalzos, de San Antón o de San Pablo), era un enclave privilegiado. Para que se hagan una idea, la actual Torre de Mangana ocupa el lugar del antiguo alcázar árabe y se supone que contenía una catapulta lanzapiedras para defender la ciudad.

En 1777, el rey de Castilla, el cristiano Alfonso VIII, ayudado por el de Aragón, Alfonso II, terminaron por conquistarla a los almohades. La convirtieron en sede episcopal. No se pierdan el Palacio episcopal, levantado en el siglo XVI y modificado posteriormente. La puerta principal es del siglo XVIII. Por ella se entra al Archivo Diocesano y, por una entrada lateral, al Museo Diocesano. Enfrente, en la misma plaza, hay una espléndida casa antigua, la del Abad Santiago -y es probable que la catedral actual se realizara sobre las ruinas de la antigua mezquita-. Pero les aconsejo pasar por una de las puertas de la muralla que rodeaba la ciudad y llegar a la Torre de San Juan. Es lo único que queda de la iglesia del mismo nombre, una de las primeras que se construyeron.

Cuenca se repobló con población cristiana y fue avanzando hasta que durante los siglos XIV y XV, ni las guerras civiles, ni las frecuentes incursiones perpetradas por na­varros y aragoneses impidieron el desarrollo de una ca­da vez más pujante vida urbana. Para entonces, la concentración de capital de su industria pañera, el negocio ganadero, la sede episcopal y el cabildo catedral trajeron como consecuencia la construcción o remodelación de edificios y una notable escuela local de artistas y artesanos. De ahí, las casas palaciegas que pueden encontrar en su paseo, como la de los Cerdán de Landa o Zavala y varios conventos con preciosas portadas. Ya en el siglo XVI se construyó, por ejemplo, el desaparecido puente de San Pablo sobre el Júcar. Ahora es una pasarela de hierro de principios del siglo XX. No teman atravesarla, el paisaje es muy hermoso.

Vista de la ciudad de Cuenca

Vista de la ciudad de Cuenca

Luego, como en el resto de la península, la decadencia llegó en el siglo XVII y se quedó hasta bien entrado el XIX, e incluidas en ella, la agresión que sufrió la ciudad el 11 de agosto de 1706 cuando la tomaron las tropas del General Hugo de Widman defendiendo la candidatura al trono español del Pretendiente austríaco, el Archiduque Carlos; y más tarde, cuando la ciudad resistió a los desmanes del ejército de Napoleón que invadió la península en los primeros años del siglo XIX.

Van a encontrar muchos más lugares bellísimos para contemplar en su paseo pero, en el espacio que le queda a este artículo, quiero recomendarles dos miradas: una exterior, por la Ronda del Huécar para ver tanto las casas colgantes restauradas, edificios góticos populares de las que sólo se conservan tres (una de ellas es la Casa de la Sirena), como las casas prolongadas hacia la hoz, dejando varios de sus pisos bajo el nivel de la puerta principal que está por la calle Alfonso VIII. La otra, interior, al Museo de Arte Abstracto Español, precisamente ubicado en una de las casas colgantes, abierto en 1966 por iniciativa del pintor Fernando Zóbel quien lo donó después a la Fundación Juan March y que muestra una colección privilegiada de pintores abstractos españoles de mediados del siglo XX. Por cierto, entre ellos, ninguna mujer. No sé qué pensaría de esto último nuestra constituyente Amalia Miranzo.

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Una de las salas del Museo de Arte Abstracto Español

Más información:

Sobre Las Constituyentes y Amalia Miranzo, entre ellas, un documental imprescindible dirigido por Olivia Acosta: http://www.lasconstituyentes.com/

Sobre recursos turísticos en Cuenca: http://www.turismocuenca.com/

Sobre el Museo de Arte Abstracto: http://www.march.es/arte/cuenca/

 

 

pepa-franco-2REFERENCIA CURRICULAR

Pepa Franco Rebollar es consultora social; empresaria desde hace más de veinte años; experta en intervención social y políticas de género. Coordina proyectos de investigación, formación y apoyo a las organizaciones sociales, entidades y organismos de la Administración. Además de su profesión, de sus amistades y de su familia, le apasiona la Literatura y la Historia.

 

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