Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

Alicia Urreta

No llegué a conocer personalmente a la compositora Alicia Urreta pero sí soñé con su mágico mundo sonoro y definitivamente me habitó

“Cuando encuentres dificultades creativas, déjaselo a tu subconsciente, déjaselo a tu sueño” [1]

No llegué a conocer personalmente a la compositora Alicia Urreta pero sí soñé con su mágico mundo sonoro y definitivamente me habitó. Cuando en el año 1994 planteé realizar un trabajo doctoral sobre compositoras latinoamericanas contemporáneas [2], Urreta ya había fallecido pero su figura emergía entre las creadoras por la fuerza, determinación e intensa imaginación de su música, así como por la versatilidad de su actividad profesional y el atractivo de su propio discurrir vital y de su personalísima concepción sobre la vida.         

Alicia Urreta (1930- 1986), originaria de la ciudad de Veracruz, fue una relevante figura en México como creadora, pianista y gestora dentro del panorama musical de su país.

Su formación musical, iniciada con Virginia Montoya, fue continuada a partir de 1952 en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México de la mano de profesores como  Rodolfo Halffter (armonía), Sandor Roth (música de cámara), Eduardo Hernández Moncada o Juan León Mariscals. Pianísticamente debe su formación a Joaquín Amparán así como a personalidades como  Antonio Iglesias, Alfred Brendel o Alicia de Larrocha. Intérprete de excepcional facilidad para la lectura a primera vista, la improvisación y eclecticismo estético, Urreta ganó varios premios en el Conservatorio y pronto comenzó su actividad profesional como pianista de la Orquesta Sinfónica Nacional y pianista acompañante en la Compañía de Danza Contemporánea, lo cual le permitió entrar en contacto con lo más granado de la rica vida cultural mexicana. Al tiempo que su versatilidad interpretativa le permitía sumergirse en el ámbito sonoro popular, Urreta comenzó a consolidarse como una excelente intérprete de música contemporánea. Recordemos que fue la encargada de estrenar en México no pocas obras de vanguardia de compatriotas así como debidas a creadores de otras latitudes.  

Ya asentada como un referente en la interpretación pianística, Urreta se hizo cargo de la gestión del centro cultural “La Casa del Lago”, mientras continuaba en su inmersión en la cultura popular compartiendo la visión mágica de la vida y de la muerte que el pueblo mexicano atesora. Su caleidoscópica actividad artística la llevo a abrirse -de la mano de hombres de teatro como José Luis Ibáñez, Juan Vicente Melo o Luis Herrera de la Fuente- al mundo de la composición. En 1965, con su Diálogo entre el amor y un viejo, comenzó una producción compositiva que la llevó a transitar por la música incidental en el mudo teatral y cinematográfico, así como por la creación sonora per se.  En este último campo incursionó, a finales de los años 60, con su Natura Mortis o La verdadera historia de Caperucita Roja, obra electroacústica fruto de una estancia en el parisino Centro de Investigaciones de Música Electroacústica. En la capital francesa entró en contacto con Jean Etienne-Marie y Pierre Schaeffer, abriéndose para Urreta un nuevo y rico espacio de creación sonora y de compromiso con la música contemporánea. Así, a principios de los años 70, estableció, en colaboración con el compositor español Carlos Cruz, los Festivales Hispano Mexicanos de Música Contemporánea (1973- 1984) que se convirtieron en un referente de la música contemporánea de México y España.

Mujer de amplias miras estéticas y de colaboración interdisciplinar, ocupó distintos cargos de responsabilidad en el marco de la política musical mexicana tales como el de Coordinadora general de la Compañía Nacional de Ópera del INBA (1973 -1976) o Directora de Actividades Musicales de la UNAM (1985).

Mientras, su catálogo creativo iba atesorando creaciones de interesante factura como Homenaje a Cuatro (1975), Hasta aquí la memoria (1977), Arcana (1981), Esferas Noéticas (1982) o la Cantata de la pluma al ángel (1982). Urreta desarrolló su trabajo compositivo con gran libertad y puede considerarse el eclecticismo como el rasgo estilístico más definitorio de su producción. La amplia concepción que tenía del fenómeno musical, en el que lo popular y lo académico coexisten en perfecta armonía, junto con una visión trascendente de la vida y de los sonidos -con significación esotérica- hacen de ella una creadora especialmente ligada a la idiosincrasia de la cultura mexicana contemporánea.

Son tres los signos que impactan como característicos en su obra: en primer término, una sinceridad y fuerza creadoras que hacen que la elaboración de su música parezca inexistente, como producto de una fluida improvisación. Después, la peculiar traducción del universo inundado por mensajes de la percusión, de cuyos instrumentos extrae una paleta inagotable y, por último, su singular imaginación de la música en la que los parámetros de espacio y tiempo son especialmente magnificados.

La inclinación a trabajar con superficies sonoras muy dilatadas, escudriñando todas las posibilidades, se traduce en la creación de un “ideal escenario sonoro”, lleno de perspectivas que, a su vez, se revierte una y otra vez en sustancia musical, como si se tratara de la fusión de continente y contenido en una única realidad artística. Urreta utiliza la aleatoriedad controlada, recurso que combinará, en ocasiones, con notación de control y signos específicos propios para indicar las duraciones exactas de pasajes particulares y parámetros dinámicos precisos, destacándose, entre ellos, las indicaciones del pedal.

Urreta fue una especialísima alquimista del sonido, capaz de transcribir un mundo propio, generando una dimensión sonora, plena, amplia, profunda… Sus palabras siguen vigentes después de los más de treinta años transcurridos desde su fallecimiento: “Parte de la vida es, pues, la música.  Ella llega al corazón, porque ella no quiere de una explicación. Porque es tuya cada vez que la recuerdas porque te habla sin palabras y sin voz de cosas bellas. Porque el hombre en una tarde de paz, la inventó y la regaló a los demás…” [3]

Alicia Urreta inventó y nos regaló su música. Su legado debe ser conocido no solo por quienes la admiran o amaron, como su hija, la bailarina y coreógrafa Pilar Urreta, sino por todas las personas que nos sumergimos en el imaginario sonoro del México actual.

 

NOTAS

[1] Palabras de Alicia Urreta  en boca de su hija Pilar Urreta. Urreta, Pilar: Rutas integradoras de la creación coreográfica por. ©Pilar Urreta. Primera Edición: 2013. D.R. © Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura  https://www.youtube.com/watch?v=5VE55IHWY5o  Consultada el 20 de abril de 2018.

[2] Piñero Gil, Carmen Cecilia: Cuatro compositoras iberoamericanas del siglo XX.  Tesis Doctoral inédita. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid, 1998. Las otras tres compositoras objeto de mi tesis -la argentina Alicia Terzián, la cubano-norteamericana Tania León y la venezolana Adina Izarra- felizmente continúan brindándonos su música.

[3]  Texto de Alicia Urreta. Tomado de la escena final de la Pequeña Historia de la Música. Boletín CENIDIM. 5 DIDA. México. Centro Nacional de Investigación Documentación e Información Musical Carlos Chávez. 1987, p. 4.               

 

REFERENCIA CURRICULAR

Carmen Cecilia Piñero Gil, nacida en Madrid en 1962, pasó parte de su infancia y adolescencia en Latinoamérica. Representante de ComuArte en España (Mujeres en el Arte)  (http://comuarte.org/) desde 2000, es Doctora en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) -con una tesis sobre compositoras iberoamericanas- y Título Superior del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Licenciada en Derecho y con la Suficiencia investigadora en Derecho por la mencionada Universidad, es Catedrática de Música de Secundaria. Ha sido Profesora Asociada y Honoraria de la UAM y Asociada de la Universidad de La Rioja. Colabora con la UAM dirigiendo trabajos doctorales en los campos de la Música Iberoamericana culta y en los estudios sobre las mujeres y de género en Música (con especial dedicación a las compositoras españolas e iberoamericanas), campos en los que desarrolla una intensa labor como conferenciante, investigadora y articulista (entre otros en el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, la Enciclopedia Cervantina y la Greenwood Encyclopedia of Latin Music, Revista Pauta, Revista Itamar, Revista Scherzo, etc.). Autora del primer listado de compositoras iberoamericanas y españolas, ha sido coordinadora del Congreso Internacional de Mujeres en el Arte, El arte de mujeres como agente de cambio y desarrollo social (Madrid, 2007).  Pertenece a varios grupos de investigación, nacionales e internacionales, al Instituto Universitario de Estudios de la Mujer (IUEM-UAM),  así como a la Asociación de Mujeres en la Música, al tiempo que es socia fundadora de Euterpe-Música y mujeres. Es coeditora del libro Arte y mujer. Visiones de cambio y desarrollo social. Ha sido jurado de las ediciones III y IV del Concurso Internacional de Creación Musical para Mujeres de la Fundación Magistralia.

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